Jorge Drexler, el hombre que dice, como si cantara

Anoche, el cantautor uruguayo presentó en el Bustelo su último disco, "Salvavidas de hielo". Aquí, una mirada crítica sobre un recital con las nuevas versiones del mismo encanto, a bordo de un cantautor extraordinario. No faltó su adhesión al aborto libre y gratuito.
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Ulises Naranjo

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Jorge Drexler, el hombre que dice, como si cantara(Gentileza Eliseo Naranjo.)

Jorge Drexler, el hombre que dice, como si cantara | Gentileza Eliseo Naranjo.

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Jorge Drexler, el hombre que dice, como si cantara | Gentileza Eliseo Naranjo.

"No tenemos pertenencia, sino equipaje", "Movimiento", Jorge Drexler.

Jorge Drexler, como pocos músicos, hace excelsa virtud de una aparente debilidad: la persistencia en un estado de equilibrio, casi zen, frente a los borbotones eléctricos que, desde el Romanticismo, han constituido las fracturadas experiencias artísticas de Occidente. Drexler, a través de sus canciones -y en ellas, sus imágenes-, pero también a través de sus modos de decirlas -o sea, en la refundacion de sus canciones-, nos muestra que es un artista tan dispuesto a la contemplación del instante, como a la austeridad de recursos y a asumir la quimera de construir una idea de la belleza demostrable por método científico. 

Drexler trasmite navegación a naufragio, hueso a nervio, ciencia a bramido, búsqueda a hallazgo y tiene, además, en sus composiciones, sentido de lo fundacional: sus canciones transmiten, siguen transmitiendo, el instante en que fueron creadas. Lo imaginamos en un sillón hogareño, a la vera de un río o en un aeropuerto, con su guitarra, creando canciones que quedarán presas de esa pulsión inicial. Digámoslo, de una vez: no hay muchos músicos disponibles fundando -cual Borges, Saramago o Quevedo- cosmogonías. Y Jorge Drexler, con su talento e impronta extraordinarios, es uno de ellos. 

Anoche, volvió a tejer su versión de la intimidad, ante un "Angel Bustelo" repleto que se dejó llevar por ese clima que genera al cantar, uno que permite su lugar para el silencio, aunque seamos muchos. 

Drexler o la consagración de la intimidad

"Salvavidas de hielo" es un disco de guitarra y voz, más allá de los complementos y ornamentos que proporcionan los estudios. Es un disco, además, consagrado a lo pasajero y al movimiento de lo pasajero, fiel a ese encanto, ya prototípico, de la poética de Drexler. Lo saludable de sus presentaciones en vivo es que esa preeminencia conceptual, entrañable, dicha y no cantada, limpia y fresca, y muy dedicada en cuanto a trabajo de escritura, se mantiene (tiene, además, otra virtud o privilegio, el uruguayo: cuando habla, su público lo escucha). 

Anoche, lo comprobamos, otra vez: estructurado el recital a partir de su último trabajo, cualquier pieza de otros discos, se acopla con total naturalidad. El resultado final es, claramente, conceptual. Y encantador, una fiesta íntima.

Inició con uno de esos temas ‘cosmogónicos' que lo caracterizan y ensalzan, el precioso "Movimiento", que va copando la atención desde un loop de guitarra, hasta su idea del flujo, como forma de la perpetuidad. Luego, vino un clásico, "Río abajo", bajo palo candombe, y le siguió una nueva, muy rioplatense, "Abracadabras" (sobre el oficio de crear, grabada con Julieta Venegas en estudio y con un dejo de Silvio en su letra: "¿Y a dónde van las canciones que soltamos en el viento?/ Llevando a qué corazones, quién sabe qué sentimientos/ Quien tenga un verso que dar/ Que abra la mano y lo entregue/ Que a la flor de la poesía/ No hay melancolía no la riegue").

La musicalidad de las esdrújulas (recurso con el que ya jugaran alegremente otros trovadores, como Violeta Parra, Serrat y Viglietti) aparecieron en "Transoceánica". Aquí, finalizó la primera parte, con audiencia feliz, por supuesto, y un poquito arriba, con el ansia inicial satisfecha.

Así, llegó "Doce segundos de oscuridad" (con un haz de luz que nos llevó otra vez al maravilloso Cabo Polonio), "Estalactitas", la simpática canción de amor "Universos paralelos" y "Despedir a los glaciares", inspirada en los siete glaciares venezolanos que había hace unos años; ahora, queda uno y pronto no habrá ninguno y también inspirada, desde lo musical, en la oscura y hermosa "Hallelujah", del gran Leonard Cohen.

El show, en ese momento, tuvo sus citas más tibias, con dos preciosas canciones que muestran lo bien que le caen a Drexler los dúos con voces femeninas: "Asilo" -en estudio, grabada y filmada en una toma, con Mon Laferte- y "Salvavidas de hielo" -en el disco, con Natalia Laforcaude-, que dio inicio al clásico set acústico que tanto gusta al uruguayo y a su público.

Vinieron entonces "Sea", "Al otro lado del río" (a capella y con el recuerdo de Mercedes Sosa, para quien la escribió, aunque la Negra no llegó a cantarla), "Noctiluca" y la noche siguió acústica, con las décimas de la "Milonga del moro judío" y ese amoroso homenaje a Joaquín Sabina llamado "Pongamos que hablo de Martínez" y que, como no ha perdido la memoria de los primeros tiempos, dedicó a sus amigos mendocinos Gegorgina Chiacchio y Gustavo Bioriza, con quienes compartió sus primeros años, a mediados de los ‘90, en Madrid.

A esta altura, imaginarán, el Bustelo moría de amor a los pies del muchacho.

Como en algún momento reconoció, agrupó las canciones "sin una coherencia anímica", de tal modo, no estuvieron agrupadas las canciones "bajón" juntas y las para arriba en otro sector. El público lo disfrutó igual.

A continuación, llegó uno de los picos de la noche, cuando hizo "Alto el fuego", la canción que, allá por el 2000, me hizo descubrir a este artista; se trata de una zamba que pocas veces hace en vivo y que, en versión de estudio, tiene guitarras que suenan ciento por ciento cuyanas y que, por esto mismo, no suele hacer, pues no es fácil encontrar quienes templen las cuerdas a nuestro estilo.

El cierre fue anunciado y todos bailaron con "Bolivia", una ‘cumbia tropicalista", que compuso en homenaje al país que alojó a su famila, luego de la Segunda Guerra (su familia vivió ocho años en Oruro) y siguieron un poco más con "La trama y el desenlace", "Me haces bien" y "Silencio", tema con el que dieron por cerrado el recital.

Drexler haciendo "Quimera", final del show

Los bises llegaron, claro, y fueron fin de fiesta: "Telefonía", "Bailar en la cueva", "La luna de Rasquí" y "Quimera". Y no faltó, incluso, su apoyo a la lucha por el aborto libre, seguro y gratuito, posando ante todos con el pañuelo verde que distingue a esta cruzada. Recibió, entonces, otra ovación del público. 

Así, todos quedamos felices y armonizados con aquello que, cada quien ha vivido. Afuera -no nos habíamos enterado-, reinaba el frío y su abanico de inclemencias. Tal vez las canciones sirvan para eso: hacernos olvidar del frío, durante unos minutos. Así, sabrán ustedes, funcionan los salvavidas de hielo.

Ulises Naranjo

Pd:

La banda de Jorge Drexler -compacta, ducha en el repertorio- estuvo integrada por Martín Leiton en leona, guitarrón, bajo y coros; Javier Calequi en guitarra y coros; Borja Barrueta en batería, percusión y coros y Carlos Campón en programaciones, guitarra, percusión, y coros. Se destacaron las guitarras (que sonaron bien cuyanas) en la zamba "Alto el fuego", un homenaje a Alfredo Zitarrosa.

Seba Garay y Víctor Sileoni brillaron anoche, en el Bustelo.

La previa: El músico mendocino Sebastián Garay fue el encargado de la previa. Con su guitarra, y con la compañía de Víctor Sileoni en violín, el Seba dejó varias de las canciones de su disco "Folclor o no folclor", de 2015, y otras que formarán parte de un nuevo disco, que grabará en Barcelona. Los temas, por cierto, fueron muy bien recibidos por el público, sobre todo "Hermanos del sol" y "Una década más". E incluso puso a hacer palmas y coritos a toda la sala. Un detalle que habla de la calidad humana de Drexler: no dudó en subir al escenario y sorprende al propio Garay, para hablar bien del mendocino y su música.

Quienes quieran escuchar más de Seba Garay, pueden ingresar a este link

Víctor Sileoni, Jorge Drexler y Sebastián Garay.