¿La culpa es de las mujeres?

Hace unos días asistí al cumpleaños de un amigo. Salvo a él, no conocía a ninguna de las personas que estaban allí. De pronto, alguien contaba una anécdota sobre una compañera de trabajo. Esta mujer vestía de manera inapropiada para estar en una oficina donde, según afirmaba:“Sabemos que trabajamos en un ambiente machista y conservador en el cual los jefes se muestran desinhibidos a la hora de opinar sobre el cuerpo de las mujeres.”

maría josé elmelaj

Mujeres.

Por un lado, quien comentaba la situación desaprobaba el machismo en su ambiente laboral, por el otro, señalaba a aquella mujer como responsable de los comentarios que recibía de sus superiores. A pesar de que estos señores eran abiertamente machistas y de actitudes vetustas, la responsabilidad igualmente recaía en aquella persona que padecía dichos comportamientos.

Esta visión no es precisamente nueva. Responde a lo que en Estados Unidos se denomina como “slut shaming”. Un neologismo que se traduce más o menos así: “la vergüenza de las rameras” y responde a la práctica de insultar, criticar y responsabilizar a niñas y mujeres en razón de su forma de vestir, comportamientos y actitudes que no condicen con lo que la sociedad espera de ellas.

En la actualidad, el “slut shaming” encuentra su espacio más productivo en las redes sociales, páginas web y comentarios de diarios on line. Sus destinatarias van desde niñas y mujeres comunes hasta las más famosas celebridades. Según un informe de The Pew Research Center, el 50% de las jóvenes encuestadas han sido llamadas con nombres ofensivos o avergonzadas en línea.

Particularmente, las que tenían entre 18 y 24 años experimentaron cantidades variables de acoso severo a tasas asombrosamente altas.

El Foro Internacional de Estudios de Mujeres informó que a través del hashtag #mencallmethings utilizado en Twitter, las mujeres denunciaban colectivamente ejemplos de acoso que habían recibido por parte de varones. Este tipo de acoso incluía desde insultos relacionados con su apariencia, agravios verbales hasta amenazas de violación y muerte.

Esto que puede parecernos común y sin importancia alguna, es una forma de aleccionar a las mujeres que ha existido durante siglos. Adquiriendo nuevas formas de manifestarse según las épocas. Su origen más aparente, son las normas sociales que establecen comportamientos que se esperan de ellas. En caso de que su actitud no coincida con estas reglas, se activa un mecanismo de castigo social.

Todas las personas en mayor o menor medida hemos tenido estas actitudes hacia alguna mujer o niña. Debemos tomar conciencia de que son mucho más graves de lo que parecen a simple vista. Una de sus peores consecuencias es que están fuertemente asociadas con culpabilizar a las víctimas en caso de acoso y abuso sexual. Fomentando así su revictimización y provocando que los acosadores y abusadores aparezcan como personas libres de responsabilidad.

Implica un trato desigual e injusto respecto entre los géneros. Debemos repensar y transformar con urgencia estas usanzas si queremos que niñas y mujeres vivan una vida sin acoso ni violencia, ejerciendo sus decisiones en plena libertad.

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