La historia del té: fantasía y realidad

¿Cuándo se comenzó a consumir? ¿En qué lugar? ¿Por qué se hizo tan popular? La sommelier de té Silvina Fortuny nos brinda algunas respuestas sobre el origen de esta bebida milenaria.

Silvina Fortuny

Emperador Sheng Nun

La palabra té proviene del chino y actualmente por su carácter universal, ha sido traducida a todos los idiomas y dialectos:

Tea en inglés

Thé en francés

Tee en alemán

Chá en chino (茶)

Son términos con los que se llama a esta bebida especial, una de las más antiguas y veneradas del mundo, además de ser la que más se toma después del agua natural.

Para algunos, simplemente una bebida, para otros una profunda filosofía. El té es cultura y es tradición. Sobre su historia, la cual es compleja y dinámica, hay un universo que vale la pena conocer.

Bebiendo una taza de té se han tomado decisiones cruciales para la humanidad, por su causa se han desencadenado guerras, a su amparo se ha construido la economía de muchos países, en torno a su imagen se refleja la cultura asiática en todas sus expresiones artísticas; la pintura, la música, la poesía lo contienen en sus diversas manifestaciones,

El origen

Muchos relatos hablan del descubrimiento del té, diversas leyendas se refieren a su origen, y en ellas el té nace de una manera "casual".

La más popular de estas narraciones cuenta que en el año 2737 ac , el emperador chino Shen Nung , "el labrador divino", cultor de la medicina y la herbolística , deseaba mejorar la salud física de sus súbditos, porque esto tenía consecuencias favorables en sus espíritus. Por este motivo promovió la costumbre de hervir el agua antes de beberla como medida de higiene. Cuenta la historia, que un día de mucho calor, en su caminata matinal, el emperador decidió descansar a la sombra de un arbusto para beber su tazón de agua caliente, cuando una suave brisa sopló y algunas hojas del árbol silvestre cayeron en el mismo haciendo que el agua cambiara su color. Curioso , esperó unos instantes para acercar esta infusión a sus labios y al hacerlo, notó que la preciada bebida no sólo era un néctar exquisito , sino también suave y relajante, Sus propiedades reparadoras llamaron además su atención. El árbol silvestre se transformó en lo sucesivo en el té y fue adoptado como una bebida popular.

Otra leyenda de origen japonés habla del descubrimiento del té en el año 495 ac de la mano de Bodhidarma, misionero budista, fundador del buismo Zen y de la práctica de la meditación, quien se había propuesto meditar frente a una pared durante varios años, y se quedó dormido, preso del cansancio. Al despertar sintió tanto enojo por su debilidad, que decidió cortarse los párpados y estos cayeron al suelo echando raíces y de ellas crecieron hojas verdes, que dieron origen a una bebida que hacía desaparecer el cansancio y recuperar las energías. Era nada menos que el té.

Más allá de su carácter misterioso, estas pintorescas leyendas, alimentan la tradición y el espíritu místico de la bebida oriental.

Hoy se considera a China como la cuna del té , tierra de su nacimiento. Se cree que sus arbustos han crecido en ese país hace mas de 5000 años aunque su cultivo data de unos 2000 años. El té es la bebida nacional en China y aún hoy todo invitado es agasajado con una taza como símbolo de amistad.

El té forma parte de la cultura asiática no sólo como un tónico medicinal sino tambien como una costumbre popular, y un verdadero símbolo de estado.

Con un poema del escritor Lu Tung que ha trascendido todas las generaciones y culturas rendimos culto a esta maraviilosa bebida

La primera taza acaricia mi garganta y mis secos labios

La segunda rompe los muros de mi solitaria tristeza

La tercera busca mis estériles entrañas para encontrar allí miles de extraños ideogramas

Con la cuarta el dolor de las injusticias pasadas desparece a través de mis poros

La quinta purifica mi carne y mis huesos

Con la sexta entro en contacto con los inmortales

La séptima y última taza me proporciona un placer tal que sólo siento el soplo del viento fresco levantándose en mis mangas.

Dejadme cabalgar sobre esta dulce brisa y partir flotando.

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