Joyas de autor con sello mendocino ganan mercados en el exterior

Dos mendocinas fabrican joyas con aguayo, un material típico del norte de Argentina. Con diseño exclusivos y material alternativo al convencional, lograron llevar sus productos a México, Chile, EEUU, entre otros países. Exportan la mayoría de su producción. Apuestan por seguir creciendo, para lo cual forman parte de la incubadora de empresas de la UNCuyo.

Mariana Cavagnaro

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.(Gustavo Sabez)

. | Gustavo Sabez

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Son mendocinas, mujeres, rondan los 50 años, crearon una marca con sus propios nombres y no le temen a los cambios. Comenzaron su negocio hace más de una década, lograron plasmar un estilo en sus productos, mantener sus orígenes y al mismo tiempo se adaptaron a los desafíos del mundo moderno. En la actualidad venden sus joyas en varios países y apuestan a seguir expandiéndose. Con ustedes, las hermanas Pascual.

“Venimos viendo en el arte y en el diseño como que estaba un poco estancado o dormido. Como que todo mira a Buenos Aires, no hay confianza, falta jugarse por lo que te gusta hacer. No había un impulso desde Mendoza hacia afuera, pero todo esto está cambiando”, reconoce Marina. 

Ellas apostaron a Mendoza desde sus inicios, pudieron evitar arrancar desde Buenos Aires y encontrar aquí su propio camino.

Marina y Marcela Pascual son hermanas, tienen un taller de joyería de autor en Chacras de Coria. Allí producen productos con materiales alternativos a lo que se conoce convencionalmente. No ocupan metal precioso ni piedras en sus joyas. Su objetivo es poner en valor el diseño y el material que utilizan: alpaca, cobre, bronce y textiles.

Fotografía de Gustavo Sabez.

“Le hemos encontrado la vuelta a esos metales que estaban mal vistos o usados para otros fines. Quisimos poner en valor el producto en sí mismo, resignificarlo y no compararlo con otros metales. Con respecto al textil, utilizamos los aguayos antiguos”, explica Marina Pascual a MDZ.

-¿De dónde se obtiene el aguayo y cómo lo utilizan?
- Es un textil que es patrimonio cultural. Son mantas que se tejen en comunidades de Latinoamérica del norte de Argentina y Chile, el sur de Perú y parte de Bolivia. Nosotras recuperamos o rescatamos aguayo antiguo de más 30 años y utilizamos lo que queda sano. De los que encontramos que ya no pueden cumplir su función, buscamos rescatar los pedazos sanos y los usamos en la joyería. Una persona que viaja mucho nos lo trae a Mendoza. Una manta que tiene más de 50 o 60 años fue hecha en una comunidad que probablemente sirvió de manta para un bebé, la usó para taparse en la cama, como mantel y también como manta de protección. Esa manta, probablemente acompañó a la persona por el resto de la vida. Simbólicamente tiene mucha carga genética.

-¿Cómo son sus productos y a qué objetivo apuntan?
-Queremos hacerle honor a la historia, con piezas que tienen mucha identidad de nuestro país y de Latinoamérica en general. Hacemos collares, aros, anillos y brazaletes. En los collares, tenemos una línea más comercial.

-¿Cómo comenzaron su negocio?
-Marcela estaba vinculada a ferias artesanales y estaba casada con un orfebre. Yo estudié Diseño; diseñé mi ropa desde chica. Por distintas circunstancias, ambas separadas, nos unimos en un proyecto comercial. Empezamos a experimentar, nunca nos estructuramos, nunca nos dejamos llevar por lo que tiene que ser. Siempre buscamos hacer cosas distintas que nos sacaran de las estructuras. Hubo cosas que nos funcionó y otras que no.

- ¿De dónde viene su pasión por lo que hacen?
- Cuando eramos chicas, no usábamos camperas de abrigo, teníamos poncho. Venimos de una familia folclórica, íbamos a muchas peñas, era muy común para nosotros. Tenemos tías que usaban collares grandes. Creo que todo lo traíamos en la sangre.

- ¿Cómo fueron llevando su proyecto a un negocio comercial?
- Fue difícil porque siempre tuvimos una conducta de trabajo que tenía que ver con estar trabajando todos los días de forma disciplinada, que nos llevara a lo que queríamos: vender nuestras cosas y que fueran valoradas. En un momento nos llevó a tomar decisiones que se corrían de lo que uno idealiza. Decidimos comenzar con una línea comercial, aunque todas nuestras piezas son distintas. No tenemos nada seriado, tenemos algunos modelos que repetimos pero todo está hecho a mano, con diversas combinación de textiles. Cada pieza tiene su tiempo de elaboración.

-¿Cuál fue su punto de inflexión para abrirse al mundo y crecer?
- Nos sorprendimos cuando en el 2013 quedamos seleccionadas para participar en una feria en Nueva York. Fue muy enriquecedor para nosotras porque no sabíamos bien qué pasaba con nuestro producto en otros países. Pudimos ir y nos fue espectacular. La devolución fue muy buena y de a poco nos empezaron a mirar desde Buenos Aires. Esa feria fue un punto de inflexión para nosotras: en otros países es muy valorado lo artesanal. Posteriormente fuimos a San Pablo, Brasil, a Japón y volvimos en el 2017 a la feria New York Now.

- ¿Con qué dificultades se encontraban cuando querían vender en otros países?
- El grave problema que teníamos para el diseño era los envíos y la exportación. Claramente no podíamos llenar un contenedor y eso nos limitaba bastante. Nos animamos a acudir a la incubadora de la Universidad Nacional de Cuyo porque necesitábamos muchas herramientas para seguir creciendo. Ellos nos han ayudado mucho a realizar un diagnóstico y saber dónde estamos.

Sabemos que si no invertimos en nuestro proyecto, no crecemos. Sabíamos que teníamos que encontrar nuestro mercado afuera".

- ¿Cómo sortearon el obstáculo de los envíos al exterior?
- El gobierno nacional escuchó después de muchos años que el rubro pedía ayuda e idearon un programa que se llama “Exporta Simple” que de forma digital cargas tus productos y ellos se encargan de tramitarte la exportación sin ningún tipo de costo. No te cobran la gestión, todo se hace a través de una plataforma. Viene el currier se lleva el material y se entrega perfectamente.

-¿A qué países venden y qué porcentaje de lo que fabrican?
- Vendemos nuestro mayor flujo en México. Pensábamos que era un destino muy competitivo, pero ofrecimos un producto diferente. Le sigue Chile y como focos menores EEUU, Suiza y Guatemala. Con las redes sociales ya no existen las distancias. El 98% de lo que fabricamos lo vendemos fuera del país. En Argentina sólo vendemos en un local en Buenos Aires y en Mendoza en Casa Vigil.

Queremos consolidar el mercado en México y llegar a las ciudades de las costas. Tenemos que poder responder a la demanda, incrementar nuestra producción para sumar nuevos clientes sin perder lo artesanal.

-¿Cuál es el secreto para innovar y crecer?
-Creo que la confianza en uno mismo y animarse es fundamental. No quedarse quieto. No pensar que si no funcionó algo nada va a funcionar. Creo en la intuición. Jugártela y apostar a tu proyecto, si ves que es viable. Si creés que va a funcionar, apostar y resignar otras cosas.

-¿Cómo ven a Mendoza en cuanto a los emprendimientos comerciales?
- Los avances en Mendoza tienen que ver con apostar en proyectos independientes. Generar cosas nuevos, propias. Eso está pasando en la provincia, de a poco, en distintos ámbitos. Es una explosión lo que está pasando.

Los mendocinos empiezan a poner la mirada en Mendoza, no siempre miran hacia afuera".

La web de las hermanas joyeras: mmpascual.com.ar

Las Pascual utilizan las redes sociales para promocionar sus productos. Se las pueden encontrar en Instagram como Lasmmpascual y en Facebook/mmpascual.

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