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¿Son los buenos de malas en el amor?

La especialista en parejas Ingrid Gómez nos habla de quienes usan la "bondad" para buscar aceptación en las relaciones y nos muestra el camino para amar desde la plenitud.
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Estar mejor

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Foto: Scott Webb

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¿Son los buenos de malas en el amor?

¿Son los buenos de malas en el amor?

¿Son los buenos de malas en el amor?

¿Son los buenos de malas en el amor?

¿Son los buenos de malas en el amor?

¿Son los buenos de malas en el amor?

Una creencia popular arraigada en muchas personas es: "si eres bueno, te quieren"; o en otras palabras: "para que te quieran debes ser bueno". Desde niños se comienzan a crear fórmulas relacionadas con la ecuación: "dar muestras de bondad = recibir afecto". En algunos casos, ocurre en contextos donde los padres manipulan a sus hijos con frases como: "si me obedeces te quiero, si no, no te quiero". También en hogares con varios hermanos, donde los niños eligen no ser una carga, ayudar con su obediencia a sus padres y así creen que serán más amados. O cuando falta uno de los padres, los niños deciden portarse bien con el fin de ayudar y al ser responsable se sentirán más importantes y queridos. Por último, también está el caso de los niños que sienten más el reconocimiento de sus padres por sus logros académicos o el cumplimiento de las labores del hogar, que por ser ellos mismos, lo cual los lleva a buscar afecto gracias a su desempeño.

En las relaciones afectivas, la persona demasiado obediente o "buena" con su pareja comúnmente compra cariño 

Seguramente, en ambientes familiares y educativos la obediencia funciona y tiene un propósito. Sin embargo, en ámbitos sociales, afectivos e incluso laborales, la ecuación "si soy bueno y obediente = me quieren" puede traer resultados negativos.

Lo cierto es que la expresión "si soy bueno y obediente igual me quieren" no es una ley sino una creencia. Por el contrario, la frase "el fuerte vive del débil" es una ley biológica, de tal forma que las personas en extremo obedientes suelen ser utilizadas por otros. Además ellas no reciben consideración a sus necesidades personales, porque como siempre están dando, las personas a su alrededor piensan que no necesitan recibir. Al no recibir, la persona se va cansando, resintiendo e incluso deprimiendo, pues se siente usada y a cambio de su afecto no recibe el reconocimiento, valor, lugar y amor que en el fondo está buscando.

Foto: Dineslav Roydev

En las relaciones afectivas, la persona demasiado obediente o "buena" con su pareja comúnmente "compra" cariño a través del cuidado, la compañía, los favores, la incondicionalidad, el entendimiento, la atención, la ayuda, el apoyo o los favores sexuales. Su pareja al comienzo disfruta recibir, pero luego se comienza a malcriar (no necesariamente por ser egoísta, cualquiera puede malcriarse si recibe demasiado). En consecuencia, puede volverse caprichoso, querer recibir más, estar menos satisfecho y al final dejar de pensar en las necesidades del otro.

La persona buena espera ser imprescindible para su pareja. Así desde el comienzo de la relación hace mucho por el otro y hasta se hace responsable de actividades del otro. En el fondo tiene una baja autoestima y cree que no será amado por ser él o ella, sino que debe esforzarse para ser merecedor de afecto. Contrario a lo que se esperaría, su pareja comienza a acomodarse en la situación y, consciente o inconsciente, comienza a aprovecharse de la capacidad de dar.

Las personas obedientes corren el riesgo de no ser percibidas como pareja sino como amigos y tienden a fraternizar la relación

Con el tiempo, la persona obediente se va cansando y comienza a reclamar aquello que su exceso de bondad ha "comprado". Busca atención, caricias, compañía, importancia y demostraciones de afecto. Incluso puede crear una actitud quejumbrosa y de continuo reclamo. Su pareja puede ver en esta actitudes debilidad e incluso una postura de víctima, por lo cual comenzará a ignorar, rechazar y en algunos casos huirá, pues se dará cuenta de su deuda energética con el otro y no sabrá cómo devolver tantos favores.

Las personas obedientes corren el riesgo de no ser percibidas como pareja sino como amigos y tienden a fraternizar la relación. En temas de pareja es necesario mantener viva una llama atractiva entre novios y novias, esposos y esposas. Gran parte de esta llama es encendida por una "sensación de riesgo", producida al ver que el otro tiene su propia vida, contextos individuales, compañeros de trabajo o de vida. Estas circunstancias hacen que la pareja esté alerta y quiera "marcar su territorio", mediante las caricias, las atenciones, los cuidados y el sexo. Igualmente, cuando alguien usa gran parte de su energía en sí mismo, se percibe más magnético. Por el contrario, cuando se siente tan segura a su pareja, esa necesidad de "marcar" se reduce, así como la atracción por esa persona "tan buena".

Entonces, ¿son de malas las personas buenas? NO, son de malas quienes son excesivamente buenos con otros para buscar la atención. Las personas que saben el verdadero sentido de bondad son de buenas en el amor.

Así que entendamos el verdadero sentido de la bondad. Ser bueno es fluir desde el amor, no desde el ego temeroso que cree que debe comprar cariño. Quien es positivamente bueno y fluye desde el amor sabe que DEBE SER BUENO CONSIGO MISMO, y estando bien puede fluir positivamente con otros.

La clave está en dirigir la energía de la bondad primero hacia la vida personal. Dar lo mejor para sí mismo, no desde el ego pues serían actos egoístas, sino desde el amor, que se convierte en dignidad, autoestima y merecimiento.

Foto: Frank Mckenna

Ser buenos con nosotros mismos nos lleva a escoger lo mejor para nuestra vida, como situaciones, personas, relaciones, etc. Así tendremos tendencia a elegir parejas que nos tratan bien y nos dan importancia sanamente como merecemos. Si somos bondadosos con nosotros, no estaremos con personas dañinas o egoístas.

Ser buenos con nosotros nos dirige a ser más asertivos, para saber hasta dónde damos, pero también dónde ponemos el límite, cuidando y atesorando nuestra energía. Cuando somos buenos con nosotros, nos sentimos llenos y dejamos esa sensación de desequilibrio o desgaste por haber dado sin recibir nada a cambio.

La bondad dirigida hacia nosotros nos hace sentir llenos de amor, y este sentimiento nos lleva a ser más armoniosos con la vida 

Al ser buenos con nosotros seremos más amables, comprensivos y evitaremos maltratarnos. Si hacemos algo bien nos felicitaremos, si cometemos un error nos daremos ánimo y, sobretodo, tendremos confianza en nuestras capacidades. Siendo buenos estaremos convencidos de merecer lo mejor y lo buscaremos. Y cuando lo tengamos, lo agradeceremos y disfrutaremos.

Llenos de bondad generaremos bondad desinteresada y de esa manera seremos sanamente buenos con otros. Ofreceremos ayuda, atención, afecto y comprensión desde el amor, no desde el ego, así que entenderemos el equilibrio sano de dar y recibir.

La bondad dirigida hacia nosotros nos hace sentir llenos de amor, y este sentimiento nos lleva a ser más armoniosos con la vida y los demás. Los otros nos percibirán agradables y atractivos, no tendremos que comprar cariño y seremos queridos y valorados por lo que somos.

Estamos tantas veces de parte de otros, que se nos olvida estar de parte de nuestro propio equipo y debemos estar de nuestro lado. ¿Y tú, a qué equipo perteneces? De ahora en adelante, busca revisar los pensamientos, actitudes, acciones o elecciones, a la luz de la pregunta: ¿Estás siendo bueno contigo? 

Comienza a escoger lo que te hace bien

Ingrid Gómez (Colombia). Terapeuta y conferencista. Psicóloga espiritual y bioenergética. Especialista en relaciones afectivas. Consteladora familiar. Creadora de Prosperlove. Colaboradora habitual de medios de comunicación en Latinoamérica. 

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