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Los dos caminos hacia la felicidad

Experiencias intensa o apacibles, explosiones de alegría o serenidad permanente. Este artículo separa los hilos y muestra las diferencias entre dos senderos que prometen llevarnos a la alegría máxima.
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Ishwara

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Los dos caminos hacia la felicidad

Los dos caminos hacia la felicidad

Foto: Nghia Le

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Los dos caminos hacia la felicidad

Nuestra motivación más profunda es ser felices e intuimos que existen circunstancias capaces de acercarnos a esta experiencia. Sin embargo, a veces dudamos sobre la utilidad de esta búsqueda, desconfiamos de las fórmulas mágicas o sentimos un mandato que nos obliga a ser felices. Anhelamos la felicidad, pero cuestionamos la posibilidad de alcanzarla. En la mayoría de los casos, esta dicotomía es producto de una confusión que ya denunciaba Aristóteles: "Sobre la naturaleza de la felicidad, no nos ponemos de acuerdo, y las explicaciones de los sabios y del vulgo no coinciden".

Cuando se presta atención a las promesas de felicidad que circulan en la cultura se evidencian dos grandes senderos que se entrecruzan en nuestra vida. El primero se asocia con circunstancias exteriores, que estimulan los sentidos, la emoción, la voluntad o el intelecto. Se manifiesta como intensidad y excitación. El segundo se relaciona con estados interiores, que dependen de ajustes en la mirada o cambios en la conducta. Se expresa como serenidad y aceptación. 

El primero es visceral y el segundo es "etereal". La lógica del primer camino nos dice que para alcanzar la cumbre debemos procurar la mayor cantidad de experiencias placenteras, para que el encadenamiento de ellas produzca la sensación de felicidad. La lógica de la segundo afirma que debemos trabajar en nuestra mente, emociones y acción, para que sin importar las circunstancias exteriores permanezca la alegría por existir.

El placer tiene una corta vida y la plenitud una larga

El primer camino se asocia con el placer y se identifica con los verbos: tener, pertenecer, lograr. El segundo se relaciona con la plenitud y sus verbos serían estar, ser, contemplar. En el reciente libro del endocrinólogo Robert Lustig, The Hacking of the American Mind (que podría ser traducido como "El pirateo de la mente estadounidense"), el autor expone la crisis profunda de valores en la cultura norteamericana y señala que una de las causas de este estado proviene de la constante confusión entre placer y plenitud. En su texto, el doctor Lustig, profesor de la Universidad de California, señala las siguientes diferencias entre los dos estados: el placer tiene una corta vida y la plenitud una larga; el placer está relacionado con tomar y la plenitud con dar, y el placer se experimenta en soledad mientras la plenitud se siente en grupos sociales.

Foto: Noah Silliman

En el ámbito de los estudios de felicidad, Tim Kasser, psicólogo y profesor de la universidad Knox College en Illinois, ha publicado desde 1993 numerosas investigaciones centradas en una comparación entre las metas de quienes optan por el placer y quienes eligen la plenitud. Uno de sus estudios emblemáticos comparó durante diez años un primer grupo centrado en metas extrínsecas como: el dinero, la imagen o el estatus; con un segundo  con motivaciones intrínsecas relacionadas con: el crecimiento personal, las relaciones y la ayuda a los demás. Después de diez años de seguimiento, el investigador encontró que quienes se habían orientado a las primeras metas reportaron estar menos satisfechos con sus vidas y habían experimentado más ansiedad, depresión y reducción en los niveles de energía. Por su parte, el segundo grupo mostró mejor estado físico y mental, así como un mayor gusto por la vida. Las personas además expresaron que con frecuencia "trataban de ser lo que realmente eran" y además consideraban que sus acciones por otros "hacían un mundo mejor".

Las diferencias entre el placer y la plenitud también se han evidenciado en el ámbito neurocientífico. Desde el punto de vista hormonal, la dopamina es el neurotransmisor del placer, pues desencadena en el cerebro las sensaciones de euforia y recompensa. Por su parte, la serotonina se asocia con la plenitud, pues genera estados de calma y satisfacción. Un factor esencia, señalado entre otros por el doctor Robert Lustig, es que la dopamina suprime a la serotonina; es decir, que el camino exclusivo del placer nos distancia de la plenitud. Este fenómeno es explicado también por el biólogo molecular y monje budista Mathieu Ricard, en su valioso tratado En defensa de la felicidad: "A medida que la experiencia de placer se repite, a intervalos cada vez más cortos, la cantidad de dopamina necesaria para provocar una sensación de placer aumenta. Desde el punto de vista subjetivo, es el mecanismo del "cansancio": el placer se transforma en una sensación neutra e incluso desagradable".

Foto: Noah Silliman

Reconocer y diferenciar las metas del placer y la plenitud son los primeros pasos en el camino hacia la felicidad verdadera. No se trata de promover un rechazo del mundo o un ascetismo, pero sí de construir las defensas en la consciencia para prevenir que el exceso de mensajes nos confunda. Continuaremos saboreando un helado de chocolate, apreciando la belleza de una obra de arte, alegrándonos por un nuevo trabajo o disfrutando de unas vacaciones. Sin embargo, sabremos que estas experiencias tienen un valor distinto, y si se quiere inferior, al descubrimiento de nuestra identidad más profunda, a las relaciones sinceras, a la responsabilidad de aliviar el sufrimiento y a la experiencia de una serenidad inmutable. Este segundo sendero de la felicidad, basado en el dar y ajeno a la voluntad de posesión, será la vía que nos permitirá vivir en equilibrio, paz y alegría. 

Por este camino, aun en las vicisitudes, siempre florecerá un Deleite Profundo de la existencia


Referencias:

Aristóteles. 1994. Ética a Nicómaco. CEPC: Madrid.

Kasser, T. En este link es posible acceder a varios de los artículos del autor: Self Determination Theory.

Lustig, R. 2017. The Hacking of the American Mind. Penguin: USA.

Ricard, M. 2013 En defensa de la felicidad. Ediciones Urano: Argentina

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