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"Inspiramos la actitud de sanar": Norma Martínez

Entrevistamos a una de las médicas naturales más prestigiosas de la provincia, quien integra el poder de las plantas nativas para la sanación. Un viaje por caminos alternativos para descifrar la salud y la enfermedad.
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Estar mejor

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Foto: Bonnie Kittle

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"Inspiramos la actitud de sanar": Norma Martínez

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"Inspiramos la actitud de sanar": Norma Martínez

"Inspiramos la actitud de sanar": Norma Martínez

"Inspiramos la actitud de sanar": Norma Martínez

"Inspiramos la actitud de sanar": Norma Martínez

Aprendió secretos de curación de su abuela y recibió de su madre el amor por las plantas y la medicina china. Se graduó como médica de la Universidad de Cuyo y mientras hacía su práctica tuvo una experiencia que cambiaría el rumbo de su profesión y su visión de la salud. Norma Martínez es una de las más reconocidas médicas naturales de Mendoza, formadora en fitoterapia y fundadora del nuevo Centro Rucalaf. En esta entrevista con Estar mejor comparte sus orígenes, su visión de la sanación y el respeto por el reino vegetal.

Estar Mejor: Antes de los finalizar su carrera Medicina, tuvo contacto en su hogar con la sanación natural ¿Cuáles fueron esos primeros encuentros?

Norma Martínez: Mi abuela paterna era una gran curandera. Sanaba el empacho y ayudaba a la gente con los yuyos. Desde niña me fue enseñando parte de su sabiduría. Luego decido estudiar medicina y, al mismo tiempo, mi madre comienza su formación en medicina china. Fue una de las primeras personas que ejerció la medicina china en Mendoza. Ella estudiaba en Buenos Aires, hacía viajes y en aquellas época rendía por fax.

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Al terminar su formación, ella vio la necesidad de incorporar nuestras plantas nativas a la medicina china, porque en esta práctica se trabaja con la fitoterapia y era difícil acceder a las hierbas originales. Así comenzó un profundo trabajo de investigación, aprendiendo las propiedades de las plantas e identificando a qué elemento de la medicina china correspondían. De esta forma nació un curso de  fitoterapia a través de la medicina china, que ella enseñó durante muchos.

Foto: Doctora Martínez, archivo particular

¿Cuándo comienza a incorporar esta herencia en su práctica médica?

Hace más de diez años mi madre enferma y comienza a incentivarme para acoger su legado. Yo también tenía un profundo amor por las plantas. Los últimos años de su existencia la acompañé en este curso y fui su discípula.

Aparte de esta sabiduría, ella también me guió en el Reiki, las esencias florales de Bach y las florales de una comunidad terapéutica de Córdoba llamada la "Universidad de la Luz".

El 25 de diciembre de 2011 ella partió de este plano, dejándome la mejor de las herencias: su Curso de Fitoterapia y el gran amor por las plantas. Desde entonces acompaño una gran cantidad de personas, que han ido aprendiendo de este curso y han integrado en sus vidas el amor a las plantas.

Volviendo a los años de universidad ¿Cómo fue cambiando su paradigma de la relación médico-paciente?

Ingresé a la Universidad Nacional de Cuyo en 1976, y en este país sucedieron cosas terribles en este año. Sin embargo, hice una carrera hermosa, rodeada de compañeros maravillosos, con quienes mantengo buenas relaciones hasta hoy. También ahí encontré el amor y la familia. Fuimos formados bajo la idea de que el médico es una especie de semidios, que tiene la obligación de ayudar a la gente, a través de los medicamentos y la tecnología.

Foto: Luis Melendez

Al finalizar la carrera, tuve una de las experiencias más fuertes de mi vida. Estaba en un trabajo práctico en el Hospital Central. En esa época, todas las salas eran abiertas y había nueve camas. Entonces empecé a ver que las personas no estaban siendo tratadas como seres humanos. Siempre se hablaba del hígado de la siete, la esclerosis de la nueve, el cerebro de la cinco; es decir, eran tratados por la enfermedad y el número de la cama. Comencé a sentir que esa despersonalización no correspondía con mi vida y mi misión. 

El hecho determinante que me hizo cambiar de rumbo ocurrió un día cuando me di cuenta de que acababa de fallecer un señor y le informé al médico instructor. Él se dio vuelta, lo miró y dijo: "¡Qué buena oportunidad, para que aprendamos!". Entonces, nos ordenó que nos hiciéramos alrededor de la cama y nos enseñó cómo hacer las pruebas de muerte, sin el respeto y sin haberle avisado a la familia. Esta actitud me generó un shock, y en ese momento dije: "yo no quiero esta medicina".

Trabajamos con el "verdadero origen de la enfermedad", que es el ámbito emocional

¿Cómo comienza su entrenamiento en la medicina natural?

Al poco tiempo de esta experiencia, conocí al doctor Néstor Almagro, quien trataba a mi madre. Con su maravillosa forma de hablar me dijo: "Gauchita, cuando tengás tu título colgado en la pared vamos hablar, porque vos no estás para la medicina convencional". Seguí adelante con mi carrera, me recibí y volví a él. Empezó a darme las primeras pautas de la medicina natural, de cómo se trabajaba y de sus maestros.

Estudiábamos libros que él nos recomendaba y nos incentivaba a aprender. Yo estaba casada con otro médico naturista y el doctor Almagro nos motivaba y guiaba. La verdad nunca ingresamos al sistema de salud convencional. Nos recibimos y empezamos a trabajar como médicos naturistas.

Los primeros años fueron fuertes, porque debíamos sostener una familia. Pero con el tiempo fuimos adquiriendo conocimientos, incorporando herramientas para la sanación y comprendiendo que el origen de la enfermedad estaba dentro de nosotros. Cada uno permite a los agentes externos que colonicen en nosotros y desarrollen enfermedades. Desde aquellas épocas trabajamos con el "verdadero origen de la enfermedad", que es el ámbito emocional.

Aquello que llamamos "síntoma" o "enfermedad" está ahí para aprender a sanarnos en esta existencia y tomar consciencia de quiénes somos

Desde esta perspectiva, ¿cuál sería la noción de salud y enfermedad?

Para mí la salud es una utopía. No existe la "verdadera" salud. Creo que el ser humano viene a este planeta a aprender a sanarse y tiene todos los recursos para eso. Por su parte, la enfermedad forma parte de nuestro camino en la tierra. No existe una persona absolutamente sana, siempre hay alguna afección que es un mecanismo de aprendizaje. Aquello que llamamos "síntoma" o "enfermedad" está ahí para aprender a sanarnos en esta existencia y tomar consciencia de quiénes somos. La cura es la atenuación de los síntomas; es decir, te duele la cabeza y te damos un paracetamol. Se soluciona, pero no buscamos la verdad sobre el origen. Por otra parte, la sanación es un proceso profundo, un proceso interior, que nos lleva hacia adentro. Como cuando uno da vuelta a una media, hay que darse vuelta y buscar dónde está el verdadero sentido de ese síntoma o de esa enfermedad.

¿Qué papel juega el médico en esta forma de concebir la medicina?

Los médico somos sanadores si inspiramos la actitud de sanar. Yo siempre le digo a los pacientes que para sanarse necesitan actitud: de vida, con (ve) corta, y debida con (be) alta. Las dos actitudes, porque es necesario poner una energía y ser autogestores en nuestra salud. Por lo tanto, el médico acompaña. Somos como los carteles en la ruta que muestran la dirección, sin ellos estaríamos perdidos. Pero no somos la ruta, la ruta la hace el paciente. Desde esta perspectiva, no somos semidioses.

Foto: Will Cornfield

¿Qué deberíamos aprender de las plantas y de su potencial de sanación?

Debemos considerar que el reino vegetal sostiene la vida planetaria. De ellas proviene el oxígeno. Se dice, que si desaparecieran las plantas habría oxígeno solo por dos horas. Entonces, creo que es necesario tomar consciencia de que dependemos del reino vegetal. Por ello, nuestro respeto debe ser absoluto. En una ciudad como esta donde tenemos tanta vegetación, vemos que están cortando árboles por distintas razones para "proteger la salud" de la población; sin embargo, por cada árbol deberíamos haber plantado por lo menos hace un año atrás diez a quince árboles.

Otro ejemplo son los cerros, donde hay plantas nativas. Las personas compran  terrenos, construyen una casa y lo primero que hacen es desmontar la flora nativa para plantar césped. Con esta acción se gastan cientos de litros de agua para hacerlo crecer, cuando ya había plantas nativas que daban oxígeno. Esa mentalidad es la que deberíamos cambiar. El reino vegetal nos sustenta y deberíamos respetarlo.

Siempre digo que las plantas nos buscan a nosotros. Están ahí por algo y para algo. Conocí a un médico colombiano, el doctor Karim Raad, que me decía: "Cuando llegas a la casa de un paciente, en la puerta puede estar la planta que lo sana. Por lo tanto, puedes hacer diagnóstico, antes de tocar el timbre".

Mural del Centro Rucalaf

El pasado 4 de febrero inauguró el Centro Rucalaf ¿Qué significado tiene la palabra y qué van a encontrar las personas que lo visiten?

"Rucalaf" es una palabra mapuche, que significa al mismo tiempo casa de sanación y casa de alegría, porque para esta comunidad la salud y la alegría se dice de la misma manera. Escogimos la palabra por queremos que en nuestra casa las persona que vengan en busca de su sanación también encuentren paz.

Trabajaremos tres médicos que estamos especializados en terapias naturales y medicina china. También tendremos la presencia de una psicóloga. Además contaremos con profesionales en biomagnetismo, masoterapia y terapias relajantes. Adicionalmente, ofreceremos los cursos de fitoterapia y talleres para el desarrollo de la consciencia.

"Rucalaf" es una palabra mapuche que significa al mismo tiempo casa de sanación y casa de alegría

Para conocer más: Centro Rucalaf: [email protected]

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