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El viaje hacia las motivaciones profundas

El fin de año puede ser la ocasión para navegar hacia nuestras inspiraciones más hondas y celebrar la libertad interior.
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Ishwara

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El viaje hacia las motivaciones profundas

El viaje hacia las motivaciones profundas

Foto: Aldo Dalmazzo, cortesía para Estar mejor

Foto: Aldo Dalmazzo, cortesía para Estar mejor

El viaje hacia las motivaciones profundas

El viaje hacia las motivaciones profundas

El viaje hacia las motivaciones profundas

El viaje hacia las motivaciones profundas

Servimos la champaña, preparamos una cena abundante, dejamos al lado de la puerta una maleta, vestimos las bombachas de colores o contamos las doce uvas. Quemamos, deseamos, conjuramos o invocamos, para que el siguiente año sea próspero, feliz y amoroso. Arrinconamos nuestro escepticismo y vemos que aun el cínico hace ritos "por si acaso". Llega la media noche y desfilan prácticas ancestrales, ecos de ofrendas que agradaban a los dioses o calmaban su enojo. Los rituales son valiosos por su simbolismo, llegan directamente a nuestro inconsciente, nos permiten marcar ciclos y sentir un renacimiento.

El proyecto nos brinda claridad de propósito, dirige la voluntad y activa la imaginación

Sin embargo, más allá de su poder, podemos ver en estos rituales una entrega a los vaivenes del azar y una pérdida de nuestra capacidad para determinar nuestro destino. Entonces, en lugar de estas prácticas, decidimos hacer un proyecto, que en su raíz latina "proiectus" significa "lanzar hacia delante". Así usamos nuestra inteligencia, imaginación y creatividad para desear y planear con claridad aquello que deseamos traer a nuestras vidas. Incluso, podemos avanzar y hacer un diagnóstico sobre las distintas dimensiones de nuestra existencia, para ver qué debemos dejar atrás y dónde centrar esfuerzos. A partir de este mapa, hacemos un listado de las condiciones necesarias para alcanzar la plenitud. El proyecto nos brinda claridad de propósito, dirige la voluntad y activa la imaginación, para encontrar las áreas de la vida que pueden mejorar nuestra satisfacción.

Foto: Aaron Burden

Pero todavía podemos ir más profundo: comenzar por observar con sinceridad este mapa de deseos y escenarios perfectos, reconocer la existencia de elementos excluyentes o aspectos que escapan a nuestro control. Incluso somos conscientes de los mecanismos del deseo, de la forma como nos adaptamos a aquello que nos "iba a cambiar la vida".

Desde esta perspectiva, podemos mirar nuestro presente, para percibir las sensaciones, emociones, pensamientos y circunstancias que son un obstáculo para sentir plenitud, armonía o paz en este instante. En este lugar de autodescubrimiento podemos hacernos responsables de nuestra mirada, independiente del devenir o las metas del futuro. Aquí es donde descubrimos la verdad de la frase del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein: "Los aspectos de las cosas más importantes para nosotros están ocultos debido a su simplicidad y familiaridad". 

Aquí y ahora aparece clara la pregunta: "¿Qué estoy haciendo hoy para estar mejor?" Y la respuesta siempre aparece acompañada de un desafío: un recuerdo incómodo, una relación sin cierre, una emoción sin gestionar, una circunstancia que no hemos aceptado, un pensamiento negativo recurrente o un aspecto de nuestro ser que deseamos cambiar. La autorreflexión, amorosa y objetiva, ilumina el camino del trabajo que debemos hacer, nos revela nuestra naturaleza de obra en construcción y nos libera de la expectativa de qué pueden hacer los otros, el mundo o lo sagrado para mi felicidad, para llenarnos del maravilloso poder de la responsabilidad.

Foto: Kristopher Roller

Si hemos llegado hasta esta estación, aún podemos seguir el viaje. Avanzar en el horizonte de la consciencia. Sentarnos, tomar bocanadas de aire, exhalar despacio, contemplar la respiración. Permitirnos, poco a poco, ir más allá del destino, de la ansiedad del futuro e incluso de aquellas partes de nuestra naturaleza que nos gustaría aceptar o transformar. En ese estado podemos tomar consciencia de nuestra finitud, de nuestra fragilidad, percibir que la existencia depende de ese hilo de aire que entra y sale con un ritmo autónomo. Y desde humildad, podemos agradecer la oportunidad de estar vivos, la existencia de ese instante, la ausencia del instante y el gozo de darnos cuenta. Este estado contemplativo-meditativo es el lago donde nadan las motivaciones profundas, es la fuente donde vivimos la interdependencia con todo lo existente, es donde habita nuestra naturaleza profunda y la felicidad más auténtica.

La travesía de las motivaciones profundas es un camino desde la percepción del Ser, en intimidad, contemplación y silencio; hacia una forma de Estar, que reconoce el momento presente y lo encara, y se manifiesta en un Hacer, en acciones, proyectos, rituales. Es en el contacto profundo con nuestra autenticidad y presente vital donde se halla el sentido, la voluntad y la diligencia para lograr la libertad interior. 

Las festividades exteriores pueden ser oportunidades para conectarnos con nuestro carnaval interno

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