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El optimismo: Un asunto serio

Ver el vaso lleno o el vaso vacío va más allá de un asunto de perspectiva, podría ser la clave para mejorar nuestra salud y calidad de vida.
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Ishwara

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Foto: Aldo Dalmazzo, cortesía para Estar mejor

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El optimismo: Un asunto serio

El optimismo: Un asunto serio

El optimismo: Un asunto serio

El optimismo: Un asunto serio

Desde el comienzo de su uso en el siglo XVII, la palabra "optimismo" se ha movido como un péndulo en el pensamiento occidental. La idea de ver el vaso medio lleno o medio vacío, ya se planteaba hace más de tres siglos, cuando el erudito pensador Leibniz afirmaba que nos encontrábamos en el "mejor de los mundos". En la otra esquina, su acérrimo crítico Voltaire, en su obra Cándido, lanzaba frases lapidarias como: "El optimismo es la locura de insistir en que todo está bien cuando somos miserables".

Somos capaces de reconocer la estrechez de pensamiento de los pesimistas, cuando somos testigos de la fortaleza y fe con las que algunas personas enfrentan los sufrimientos extremos. Pero situamos a los optimistas del lado de la ingenuidad, cuando vemos el mundo a través de los medios o sentimos el dolor en nuestras vidas. Esta perspectiva crítica predomina a la hora de definir el optimismo. En la mayoría de los casos hablamos de los "optimistas" como personas de ánimo exaltado, hipertímicos, que niegan la realidad para vivir en un castillo de ilusiones. Es más, en los últimos tiempos nos sentimos más cómodos definiéndonos como "escépticos" o "cínicos".

 Situamos a los optimistas del lado de la ingenuidad, cuando vemos el mundo a través de los medios o sentimos el dolor en nuestras vidas

Frente a este punto de vista, investigadores de diversas disciplinas han  evidenciado la tergiversación del "optimismo" y han buscado recuperarlo como una de las grandes virtudes humanas. Estudiosos de la psicología, la sociología, la neurociencia, la epidemiología, entre otras, han dedicado más de cuatro décadas a  estudiar los efectos del optimismo en distintos ámbitos. Algunas de las primeras investigaciones sobre el tema aparecieron bajo el liderazgo de Martín Seligman, ex presidente de la Asociación Psicológica Norteamericana (APA, por sus siglas en inglés) y uno de los padres de la psicología positiva. Su perspectiva sobre el tema puede sintetizarse en una declaración ofrecida a la revista inglesa Art of living: "El optimismo es esperanza. No es la ausencia de sufrimiento. No significa estar siempre felices y satisfechos, sino el convencimiento de que, aun teniendo un fracaso o una mala experiencia, uno puede cambiar las cosas a través de su propia intervención" (2001: 19). Por ello, más que candidez, el optimismo se asociaría con emociones como el coraje, la confianza, la pasión, la perseverancia o el entusiasmo.

En los estudios de comportamiento se ha evidenciado que las personas optimistas se sienten responsables de su existencia, piensan en acciones fundadas en la esperanza y consideran que pueden transformar su realidad. Por el contrario, los pesimistas tienden a sentirse impotentes frente al mundo e incluso frente a sí mismos. Ellos esperan que las circunstancias externas cambien. La posición del optimista es cercana a la visión planteada por Aristóteles en su Ética a Nicómaco, cuando afirmaba: "Si cada hombre es en cierta manera responsable de su estado mental, también será en cierta manera responsable de la apariencia de las cosas". 

Se ha evidenciado que las personas optimistas se sienten responsables de su existencia y consideran que pueden transformar su realidad

Una de las más recientes y extensas investigaciones sobre la importancia del optimismo es el Estudio de Salud de Enfermeras (Nurses' Health Study), liderado por el psicólogo Eric Kim, de la Universidad de Harvard, y publicado a comienzos de este año. Entre 2004 y 2012, Kim y sus colegas encuestaron a 70.000 enfermeras, entre 30 y 55 años, cada dos años. Luego analizaron  estadísticas con una metodología rigurosa. El estudio arrojó, entre otras conclusiones, que aquellas mujeres con mayor optimismo en su personalidad tuvieron un 30% menos de posibilidades de muerte. En particular, las más optimistas demostraron tener un 16% menos posibilidades de morir por un cáncer; un 38% menos de morir por un infarto y un 39% menos por un accidente vascular cerebral.

Investigaciones como esta demuestran cómo el optimismo puede influir en la salud física y plantean un potencial para la salud pública. Pero los descubrimientos también se se encuentran en los campos de la salud mental, las relaciones, la educación, la empresa, la negociación y la cultura de paz. Además en investigaciones llevadas a cabo con gemelos, se concluyó que es posible aprender a cultivar el optimismo, pues solo el 25% de él es heredable. El porcentaje restante depende de nuestra fuerza personal o el entorno.

Estas conclusiones podrían invitarnos a tomar el optimismo como un asunto serio. Conducirnos hacia una duda metódica sobre nuestra idea según la cual los optimistas son personas carentes de principio de realidad. Así quizá comencemos a investigar sobre el optimismo, observar los comportamientos de personas a nuestro alrededor con esa cualidad, revisar cómo actuamos frente a los desafíos y qué sucede si damos pequeños pasos para ver la existencia con otros lentes.

Foto: Jeremiah Reyes 

Asumir un "optimismo ilustrado", informado y pragmático, nos ayudará a recuperar la confianza en nuestras capacidades de resiliencia y creatividad. La cualidad que buscamos es definida por Daisaku Ikeda, filósofo y constructor de paz, cuando afirma: "Creo que el optimismo verdadero es sinónimo de fe absoluta en las posibilidades humana; es confianza inamovible en nuestra capacidad de superar cualquier adversidad; es valor para persistir sin desmayo en la superación personal y en el mejoramiento del mundo circundante" (2014: 57).

Cultivar nuestro optimismo significa primero abrir la puerta para contemplar que existe una capacidad en potencia. Segundo implica comenzar un entrenamiento interior para estimular los pensamientos positivos y desactivar los mecanismos del pesimismo. 

A continuación, compartimos algunas llaves para conectarnos con esta fuerza transformadora:

  • Comenzar a llamar "desafíos" a los problemas, definir opciones para resolverlos y trazar un plan de acción.
  • Agradecer los beneficios del día y expresar a las personas gratitud.
  • Informarse de lo que ocurre alrededor, pero sin el hábito de "rumiar" las malas noticias.
  • Rodearse de personas entusiastas, que busquen hacer cambios y amen crear.
  • Meditar, calmar los ritmos y comenzar a observar los pensamientos negativos.
  • Conocer las vidas de inspiradores, sus desafíos, logros y motivaciones profundas.
  • Ser consciente de qué cosas se están haciendo bien en la propia vida, el hogar, la comunidad, el país y el planeta.
  • Buscar ocasiones para servir a otros y unirse a causas sociales.

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