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Cuando los negocios encuentran su alma

Eduardo Funes, líder de La Criolla, fue el proveedor de alimentos para la Asamblea del BID. Asumió el reto de integrar personas de diversos orígenes. El resultado fue descubrir una nueva manera de hacer empresa.
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Ishwara

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Eduardo Funes, Foto: Florencia Chavero

Eduardo Funes, Foto: Florencia Chavero

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Cuando los negocios encuentran su alma

La Criolla nació en 2001 como una empresa familiar. Eduardo Funes y su hermano crearon un negocio centrado en la comida tradicional. Después de seis meses, cuando sus padres regresaron a Mendoza, después de diez años de vivir en Chile, se hicieron cargo de una unidad de negocio dedicada a la venta de empanadas, ubicada en la calle Palero. Eduardo se centró en una empresa de catering para empresas; con el tiempo entró a encargarse de eventos en la Bodega Baudrón, y poco a poco se hizo cargo de encuentros masivos. Su profesionalismo y creatividad lo han llevado a proveer alimentos para citas tan emblemáticas como la Vendimia. Sin embargo, el punto de inflexión de La Criolla fue la propuesta de proveer los alimentos para la Asamblea del BID.

Eduardo y su equipo sabían que la propuesta debía responder a los estándares de un encuentro de estas magnitudes, pero a la vez se dieron cuenta de que los criterios de sustentabilidad e integración social eran fundamentales para los organizadores. Luego de conversaciones con Andrea Campderrós, Directora de Ceremonial y Protocolo de la Gobernación, surgió el diálogo con Guillermo Navarro, Director de Innovación y Desarrollo Sostenible. Con la experiencia de esta Dirección en procesos de inclusión, integración y conciencia ambiental, se inició una aventura que transformó la relación de negocios, en una experiencia de redes, oportunidades y sentido de vida.

Quisimos acercarnos en esta entrevista al empresario y al innovador Eduardo Funes, pero sobre todo buscamos mostrar al Ser Humano (con mayúsculas), quien se dejó transformar profundamente por este proceso creativo y marcó la vida de sus compañeros de viaje.

Nosotros tomamos una decisión certera sabiendo que el riesgo era grande, pero también teniendo en cuenta que la propuesta era sumamente innovadora.

Estar Mejor: ¿Cuáles fueron los desafíos que planteaba proveer el catering de la Asamblea del BID y cómo resolvieron creativamente esos retos?

Eduardo Funes: Debíamos armar una propuesta para un encuentro que convoca miembros de 48 países, que hacen parte de una institución donde se busca apoyar proyectos de desarrollo económico, social e institucional para países en su mayoría en vías de desarrollo. El primer requisito era ofrecer un servicio de un hotel cinco estrellas, con "mantel negro" y gastronomía de alto nivel. Pero además, cuando nos enteramos de que el "cliente" era el BID, pudimos divisar que los principios de sustentabilidad e integración eran importantes. En diálogos con Andrea Campderrós, de la Oficina de Protocolo de la Gobernación, surgió la idea de hacer algo distinto.

Decidimos "patear el tablero". Propusimos suprimir las gaseosas en el menú y ubicar barras con "tragos" desintoxicantes hechos con frutas. Fuimos más allá de la comida tradicional mendocina; ofrecimos platos elaborados con técnicas antiguas, pero servidos con los mejores ingredientes, cuidado y estética.

En este proceso de diseño, la Oficina de Protocolo estableció una fusión con Guillermo Navarro, Director de Innovación y Desarrollo Sostenible, unidad perteneciente al ‎Ministerio de Economía del Gobierno de Mendoza. Él y su equipo nos dijeron que teníamos las puertas abiertas de su oficina. Esta alianza posibilitó incluir en el diseño de la propuesta los conceptos de "integración e inclusión". Conocimos al señor Héctor Fernández, quien sirvió de nexo entre un grupo de cocineras tradicionales, el Gobierno y nosotros. Él hablaba los tres idiomas. Gracias a su gestión conocimos a María González, una cocinera que es líder social, tiene su propio negocio y prepara alimentos en barrios en emergencia social. Lo que hicimos fue fusionar las recetas tradicionales de María con una nueva propuesta. En este proceso de diálogo y aprendizaje con ella nos dimos cuenta de que de esta unión iba a ser enriquecedora para las dos partes, pues nos ayudaría a nosotros a ofrecer una experiencia única y a María la ayudaría a profesionalizar más su trabajo.

Equipo de mozos de la Asamblea del BID. Foto: Florencia Chavero

La propuesta no se detuvo allí ¿Cuál fue el desafío de Guillermo Navarro que revolucionó los planes iniciales?

Previo a mi trabajo en La Criolla, durante años estuve al frente del área de Recursos Humanos en Carrefour. En este tiempo llevé a cabo algunas experiencias similares, pero no de esta magnitud. Un día hablé con Andrea Campderrós y me dijo: "Guillermo y su equipo propusieron hacerse cargo de la estructura y los puestos de comida siguiendo los criterios de integración". Sin embargo, atender este evento implicaba un servicio capaz de hacerse cargo de 1500 personas en 45 minutos. Nosotros teníamos esa experiencia, pues veníamos de atender la Vendimia.

Entonces, Andrea me explicó que la Dirección de Innovación y Desarrollo Sostenible quería incorporarse y que viera la forma como podíamos unir esfuerzos. Hicimos una reunión con Guillermo y su equipo. Ellos nos contaron sobre comedores humildes, que querían hacer la comida, y personas en situación de calle o mujeres en situaciones de vulnerabilidad, quienes querían participar y ganar dinero. Para ellos este proceso sería una forma de dignificarse, un motivo para seguir adelante y un estímulo para salir de esa situación.

Además nos propusieron contratar mozos que vivieran en barrios con situaciones económicas desafiantes o personas con condenas cumplidas por procesos penales. La idea era que nuestros mozos con experiencia pudieran tener contacto con estas personas y eso generara una unión para atender el evento. Pero además se buscaba el surgimiento de unas relaciones y aprendizajes que abrieran las puertas para que estas personas en situación de vulnerabilidad siguieran trabajando. En esa reunión, al principio, la conclusión fue "vamos a ver qué sucede". Luego mi respuesta para Guillermo fue "vamos con todo y arriesguémonos". Nosotros tomamos una decisión certera sabiendo que el riesgo era grande, pero también teniendo en cuenta que la propuesta era sumamente innovadora.

Jóvenes de la Fundación Rañatela

Este proceso de integración en los negocios fue más allá de la experiencia del BID y se extendió al trabajo que venían haciendo en La Criolla con la Vendimia. ¿Cómo ocurrió la expansión y cuál fue el resultado?

Mientras estábamos consolidando el proceso de integración para la Asamblea del BID, surgió una licitación para ofrecerles alimento a los bailarines de la Vendimia. Guillermo Navarro entonces nos propone no sólo integrar a las personas que atiendan el servicio, sino comprar frutas y verduras a productores mendocinos con productos orgánicos. En ese proceso, ganamos la licitación para preparar 14.000 viandas dirigidas a los bailarines de la Vendimia durante siete días. Nosotros habíamos contratado recientemente la Fundación Rañatela, cuyo principal objetivo es la inclusión laboral de personas con discapacidad, para coser 1.000 bolsos con el logo de una empresa y del gobierno destinados al palco del gobierno.

Entonces compramos las frutas para esas 14.000 viandas a productores del Valle de Uco de contratar un taller y contratamos a Rañatela, para que los setenta niños con discapacidad, hipoacústicos y algunos con Síndrome de Down de la Fundación, lavaran las frutas, las pusieran junto a unos snacks en una bolsa y pusieran un precinto.

Mi sueño antes era trabajar en aquello que me hacía feliz y ahora lo que ha cambiado es el modo

Cuando llegó el tiempo de la Asamblea, ¿cómo funcionó esta integración en cada uno de sus ámbitos?

El primer ámbito fue el de los productores. Guillermo y su equipo convocaron a pequeños y medianos productores de la región a presentar sus productos, de tal forma que compramos local. También compramos productos de sus empresas para vender en nuestra tienda regional que está dentro de una bodega.

Con respecto a María, ella es una líder social, que trabaja con mujeres que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Contratamos a una chef que pudiera acompañar a esas mujeres y dos chef que están acostumbrados a este tipo de eventos. Coordinamos el trabajo de tal forma que en la cocina se hiciera el producto y saliera, pero eran María y las mujeres quienes llevaban a cabo el trabajo de creación. Por otro lado, los mozos rápidamente se integraron y comenzaron a ayudarse mutuamente.

María González conversa con periodistas. Foto: Florencia Chavero

Termina la Asamblea del BID y experimentas el poder de las empresas para integrar diferentes vidas ¿Cómo cambió tu visión sobre las motivaciones profundas para hacer negocios?

No sabría explicarte. Es otra historia. Es como ver la luz. Querés concebir los negocios desde otra visión. Pero necesitás aliarte con mucha gente que comparta tu visión, para estar bien para crecer juntos, para ayudar.

Mi sueño antes era trabajar en aquello que me hacía feliz y ahora lo que ha cambiado es el "modo". Después de este proceso, no me han alcanzado las palabras para explicarle a mi familia cómo han cambiado las cosas y la dimensión de esta experiencia.

Viví momentos muy enriquecedores, pero nunca en mi carrera había sentido tanta satisfacción por el trabajo realizado. Nunca antes tuve este nivel de compromiso. He generado un sentimiento de respeto y gratitud hacia Andrea y Guillermo porque cambiaron mi visión totalmente.

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