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Cuando el silencio ocupó Plaza Italia

Ayer, más de cien personas tuvieron una cita con la calma. Adultos, jóvenes, niños, expertos, aprendices y transeúntes se unieron a la jornada global Medita en la Calle.
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Ishwara

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Foto: Pato Staneloni

Foto: Pato Staneloni

Cuando el silencio ocupó Plaza Italia

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Cuando el silencio ocupó Plaza Italia

Cuando el silencio ocupó Plaza Italia

Los adoquines de Plaza Italia se cubrieron de almohadones y dieron forma a un anfiteatro improvisado. La cita era a las 11hs y para las 10:50 los lugares estaban ocupados, disolviendo así la creencia en la impuntualidad mendocina. Los anfitriones de la iniciativa Medita en la Calle, vestidos de blanco, se sentaron en una hilera al frente: Ale Roby, de Índigo; Silvina Fisígaro y Pato Staneloni, de Mendoza Verdoza; Lakshmi Devi, de la organización New Future Society; Verónica Aquistapace, de Ser Consciente, y el equipo de Estar Mejor.

Por treinta minutos, Plaza Italia se transformó en un lugar de meditación y las decenas de asistentes se unieron a miles de personas en 37 ciudades en 12 países, en la tercera jornada de Medita en la Calle (MeditaNaRua). Quince voluntarios en la organización central, más de 40 anfitriones y 27 estilos diferentes de meditación se encontraron en distintos rincones del planeta, con el objetivo de cocrear en paz y armonía.

El movimiento Medita en la Calle emplea una frase como emblema: "Donde decides poner atención, eso se fortalece". Desde el movimiento internacional se busca fortalecer la gentileza, el amor, la unión, la plenitud, paz, y se elige hacerlo juntos.

Se buscó ocupar de forma creativa un espacio de la ciudad y hacerlo con la meditación

En Mendoza, a las intenciones de esta valiosa iniciativa y se sumaron cuatro motivaciones profundas: ocupar, conectar, expandir y celebrar.

Se buscó ocupar de forma creativa un espacio de la ciudad y hacerlo con la meditación. Se quiso señalar el contraste entre la velocidad, el ruido y el anonimato de la calle, y la posibilidad de la lentitud, el silencio y el reconocimiento. Se planteó como primera motivación el ocupar, en el sentido que otorga el filósofo Jacques Rancière: "[como] significante de una transformación global hacia otro modo de habitar el mundo: ‘ocupar el lenguaje', ‘ocupar la imaginación', ‘ocupar el amor' y, finalmente, ‘ocuparlo todo', lo cual parece querer decir: cambiemos la forma de lidiar con todo y con todas las formas existentes de relaciones sociales" (2017, Review).

Foto: Pato Stalenoni

En segundo lugar, con Medita en la Calle se quiso conectar desde otros lugares, distintos al "me gusta" de las redes sociales, el comercio o los grupos de origen. Conectarse desde la percepción de la presencia, la quietud, la humanidad, desde una existencia que es capaz de captarse más allá de los sentidos. Por treinta minutos, las personas asumieron el riesgo de ser una familia que disfrutó el aroma del instante.

La tercera motivación profunda fue la expansión, reconocer la capacidad de intención y compasión en cada ser humano, para emitir sentimientos de empatía, paz, amor y armonía a quienes sufren y buscan su felicidad. Se invitó  a la expansión, para llegar hasta los rincones más recónditos del mundo con los sentimientos más altruistas.

Finalmente, se quiso celebrar el Día Internacional de la Tierra, reconocerla como Madre y Hogar, honrarla en el silencio, sentir la interdependencia y asumir responsabilidad por su cuidado.

Los meditadores experimentados fueron invitados a practicar su técnica y así se celebró la diversidad de caminos, porque son muchos los ríos que llegan al Océano. Para quienes nunca habían meditado, esta fue la oportunidad para percibir con atención relajada su alrededor, su cuerpo y su mundo interno. Transcurrieron treinta minutos y tres golpes a un cuenco tibetano marcaron el final de la jornada. Las personas permanecieron en sus lugares y lentamente comenzaron a interactuar.

Foto: Pato Staneloni

Esta vez algo había cambiado, los rostros relajados y la lentitud de los movimientos abrieron paso a la escucha activa. Como en aquella bella historia Momo de Michael Ende, donde una niña recupera el tiempo con su apertura a otros, un grupo de personas con el silencio recobró el presente. Hasta la próxima. 

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