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Ciudadanos activos frente al cambio climático

Juan Manuel Restrepo es el cofundador de Low Carbon City, una organización que ha inspirado a miles de personas para cambiar sus hábitos y comprometerse con el cuidado del ambiente.
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Ishwara

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Ciudadanos activos frente al cambio climático

Cortesía: Low Carbon City

Cortesía: Low Carbon City

Low Carbon City (Ciudades Bajas en Carbono) es una organización creada en Medellín, en 2016. Nació como una iniciativa de comunicación de un grupo de jóvenes, que querían compartir con la ciudadanía los compromisos suscritos en el Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Las intenciones de informar este documento, conectar actores sociales y darle la oportunidad a las personas para proponer soluciones se consolidaron primero en un Foro. Luego se materializaron en iniciativas pedagógicas, encuentros multisectoriales y barrios bajos en carbono. Dos años después, Low Carbon City es una red global de ciudadanos que ha movilizado a más de 25.000 personas, cuenta con cien ciudades embajadoras y convocó más de 140 expertos de treinta países en distintos foros. El año pasado, Low Carbon City recibió el importante premio Echoing Green en la categoría de Cambio Climático, un galardón destinado a los líderes del mañana por el que compitieron 2.879 iniciativas de 164 países.

Juan Manuel Restrepo, su cofundador, es administrador de empresas, cuenta con dos maestrías en Francia y un doctorado en Políticas y Administración Pública de la Universidad de Hong Kong. Usa la bicicleta para ir al trabajo, camina con conciencia por la ciudad y ha cambiado sus hábitos alimenticios para ser cada vez más coherente con su mensaje. Viaja, estudia, escribe y conversa con personas de todos los niveles. Su propósito es inspirar con su experiencia personal y el trabajo en equipo a más y más ciudadanos, para que se comprometan con pequeños actos en las soluciones al cambio climático.

Foto: Juan Manuel Restrepo, archivo particular

¿Cuáles son los orígenes de Low Carbon City (LCC) y cuáles fueron los objetivos fundacionales?

Conocí a Juliana Gutiérrez, cocreadora de LCC, en la iniciativa voluntaria La Ciudad Verde, donde trabajamos juntos. En 2016, Juliana regresaba a Medellín luego de finalizar una Maestría en Estudios Internacionales en la Universidad de Corea. Ya teníamos una experiencia en "La Ciudad Verde", una organización  donde hacíamos acciones comunitarias en torno a la sustentabilidad urbana. Nos encontramos y comenzamos a pensar qué más podíamos hacer. Este encuentro fue justo después del la firma del Acuerdo de París de 2016. Al mes siguiente, lanzamos oficialmente LCC.

LCC nace con la intención de mejorar nuestro planeta. Somos un grupo de jóvenes conscientes de lo que está pasando con nuestras ciudades, y cómo nuestras acciones generan consecuencias para la calidad de vida y la supervivencia de los ecosistemas. Vimos que existía una agenda mundial, con acuerdos como el de París. Sin embargo, había una falta de conexión entre la necesidad de solucionar las problemáticas y los ciudadanos. Nos dimos cuenta de que había un vacío en términos de formación, para que las personas entendieran que ellos son parte del problema y al mismo tiempo de la solución para enfrentar el cambio climático.

Nosotros buscamos algo complejo: un cambio cultural 

Uno de los desafíos más grandes del cambio climático es el cambio de mentalidades y comportamientos. ¿Cuáles son los ejes de trabajo de LCC para hacerle frente al desconocimiento y la resistencia a la transformación?

Considero que existe una brecha entre el pensar y el actuar. Poco a poco, se está generando una conciencia sobre el cambio climático, pero no existe una voluntad de actuar como individuos para contribuir a la solución. Nosotros buscamos algo complejo: un cambio cultural. Para ello llevamos a cabo tres grandes estrategias: Educar, Conectar y Crear. La primera estrategia, Educar, busca el cambio de paradigmas mediante foros, talleres, concursos, espacios de arte y diversas estrategias de aprendizaje. Nos dimos cuenta de que pese a haber oído sobre el cambio climático, no existía una conciencia sobre cómo nuestro consumo, movilidad o manejo de residuos aumenta la problemática. La estrategia de educación permite sensibilizar al individuo y mostrarle cómo con sus decisiones puede ayudar a mejorar la vida en las ciudades. Un ejemplo del valor de las decisiones es la movilidad. Comenzar a moverse en bicicleta o caminando contribuye a mejorar la calidad del aire, el contacto con otros ciudadanos, la salud física y hasta el estado anímico.

Los ciudadanos pueden cambiar su conciencia y con la suma de pequeñas acciones pueden generar un movimiento de opinión y transformación

La segunda estrategia es Conectar. Partimos de la realidad de que no existe una organización única capaz de hacerle frente al cambio climático. Creemos que cuando cada organización o grupo de ciudadanos aporta sus virtudes, dentro de un ecosistema donde hay un norte claro, los propósitos se pueden lograr. Entonces generamos espacios de encuentro entre la academia, el sector público, la empresa privada y los ciudadanos, que son el centro de nuestra organización. Los ciudadanos pueden cambiar su conciencia y con la suma de pequeñas acciones pueden generar un movimiento de opinión y transformación.

La tercera estrategia es Crear. No nos quedamos sólo en la educación y la conexión, sino que vamos a las comunidades y a los territorios para generar soluciones. Hacemos barrios bajos en carbono, vemos cuáles son las problemáticas y con la comunidad empezamos a implementar soluciones de movilidad sostenible, agricultura urbana, energías renovables, economía circular y manejo de residuos.

Cortesía: Low Carbon City

¿Qué ideas y hábitos han cambiado desde que comenzaste a trabajar en LCC?

Creo que si nosotros predicamos unos cambios, debemos hacerlos. Este es un reto constante en lo personal y en nuestro equipo. Constantemente nos estamos desafiando, porque descubrimos cosas nuevas. Desde hace ocho años no tengo auto personal y me movilizo en bicicleta o camino por la ciudad, sólo si una circunstancia lo amerita uso transporte público. Con esa acción cambió mucho mi estilo de vida. Hoy, cuando voy en bicicleta o camino al trabajo puedo experimentar uno de los momentos más felices del día, porque siento libertad y tengo la posibilidad de ver la ciudad. Moverme en la ciudad no me genera estrés, sino bienestar. Además cuando uno camina, ve una mariposa que no había, aprecia un árbol o conoce un vecino.

Cuando voy en bicicleta o camino al trabajo puedo experimentar uno de los momentos más felices del día

Otros cambios de hábitos son más complejos, como es el caso de la alimentación. Por ejemplo, en Colombia, cerca del 30% de las emisiones de carbono son producto de la deforestación. Los territorios deforestados en su gran mayoría son destinados a la ganadería extensiva. Cuando entendemos que al reducir o eliminar el consumo de carne no sólo podemos mejorar nuestra salud, sino generar un impacto directo sobre las emisiones que se están produciendo en el mundo, empezamos a cambiar hábitos.

No todas las personas van a dejar de comer carne, se van a mover en bicicleta de un día para otro, van a dejar de consumir plástico o hacer un buen uso de los residuos. Es algo que toma tiempo y nosotros desde LCC estamos tratando de inspirar con nuestra experiencia personal que más personas puedan empezar a cambiar.

Cuando voy en bicicleta o camino al trabajo puedo experimentar uno de los momentos más felices del día


Para saber más:

Web: Low Carbon City Facebook: LowCarbonCity

Foto: Declaración Ciudadana para Promover Ciudades Bajas en Carbono

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