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¿Tengo el control?

Nuestra colaboradora Carolina Martin reflexiona sobre nuestra intención de dominar por completo la vida. Una perspectiva profunda fruto del autoconocimiento.
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Estar mejor

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¿Tengo el control?

¿Tengo el control?

Foto: Matthew Henry

Foto: Matthew Henry

¿Tengo el control?

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¿Tengo el control?

¿Tengo el control?

Creí, y aún hoy me confundo, que tenía todo el control. Que si pensaba de cierta manera, la realidad seguiría esa forma; si hacía una actividad, resultaría como la tenía pautada; si hacía una afirmación, obtendría la respuesta deseada, o si rezaba a Dios, me "tenía" que escuchar. Por esta lógica, muchas veces terminé con contracturas y síntomas relacionados con el estrés. 

Y me preguntaba: ¿será que no me funciona la mente?, ¿que no soy un ser tan elevado como para manifestar mis deseos? o ¿que Dios no me escucha siempre? Esas preguntas me acompañaban. Pero no sólo eso, a veces recibía opiniones de personas, con excelentes intenciones, que me juzgaban o me daban explicaciones sobre porqué no podía obtener lo que buscaba. Y yo me sentía como una "simple mortal", que no podía evitar ni controlar las situaciones, porque simplemente sucedían.

Un trabajo amoroso y delicado, que reconoce en el plano del espíritu la existencia de un Misterio

Después de varias reflexiones y hondas experiencias, quiero señalar dos aspectos fundamentales. Primero, el control es una ilusión. Sólo controlo mi actitud ante la vida y sus circunstancias. Segundo, las afirmaciones, el entrenamiento de la mente y la oración son recursos valiosos, pero dentro del contexto adecuado. Son como el abono con el que nutrimos el resto de nuestro trabajo espiritual. Un trabajo amoroso y delicado, que reconoce en el plano del espíritu la existencia de un Misterio y aprende a ir junto a él. Aun sin saber de qué se trata.

Foto: Natha Mcbride

Es volver a mirarme en lo que soy, con todo lo que está a mi alcance hacer y con una nueva mirada sobre la Vida. Ya no como algo por controlar, sino como un espacio de tiempo donde puedo disfrutar, sentir dolor y aprender de las experiencias.

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Me concentro en las bendiciones que están desplegadas a mi alrededor, a la espera de encontrarse con mi mirada.

Ahora, en lugar de quejarme o contracturarme porque la vida no obedece a mis deseos, voy a pensar frente a cada situación: "¿Qué puedo aprender?" Si me quejo o me enojo pierdo energía. En cambio, si acepto y abrazo la vida, el camino se aliviana, incluso cuando sucede aquello que no quiero. Por supuesto, puedo quejarme algunos minutos al día, pero evito sostener la negatividad por largo tiempo. En cambio, me concentro en las bendiciones que están desplegadas a mi alrededor, a la espera de encontrarse con mi mirada.

Foto: Aditya Saxena

Además ajusto la visión para reconocer que lo que sucede es para mi bien más alto. Si no, las cosas pasarían de otro modo. Dios, el Universo, la Vida o el nombre elegido por cada uno tiene un plan perfecto y yo lo desconozco. Y está bien que así sea. En este espacio comparto mi esfuerzo personal por seguir aprendiendo a ir con la Vida. Aprendiendo a decirle un Sí grande y agradecido, por todas sus bendiciones, aunque no siempre sean las bendiciones que "yo" pensé me merecía. 

Ajusto la mirada para reconocer que lo que sucede es para mi bien más alto


Carolina Martín: Licenciada en Ciencias Psicopedagógicas (UCA). Diplomada en Coaching Ontológico. Especialista en autocuidado en el dolor. Ha cursado formaciones en Programación Neurolinguística, Práctica en Vínculos y Emociones, Cuidado Contemplativo al Final de la Vida y Comunicación Afectiva. Es docente e investigadora universitaria. Le gusta jugar a escribir sobre los aprendizajes interiores. Para leer sus textos y contactarla: Facebook: Carolina Martin.

Temas
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