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Nacionalismo barato: saldos y retazos de una sociedad que busca ideas prácticas y es cazada por políticos vacíos

El texto de apertura de la "Mesa MDZ".
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Gabriel Conte

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Nacionalismo barato: saldos y retazos de una sociedad que busca ideas prácticas y es cazada por políticos vacíos

Nacionalismo barato: saldos y retazos de una sociedad que busca ideas prácticas y es cazada por políticos vacíos

Nacionalismo barato: saldos y retazos de una sociedad que busca ideas prácticas y es cazada por políticos vacíos

Nacionalismo barato: saldos y retazos de una sociedad que busca ideas prácticas y es cazada por políticos vacíos

Nacionalismo barato: saldos y retazos de una sociedad que busca ideas prácticas y es cazada por políticos vacíos

Nacionalismo barato: saldos y retazos de una sociedad que busca ideas prácticas y es cazada por políticos vacíos

Nacionalismo barato: saldos y retazos de una sociedad que busca ideas prácticas y es cazada por políticos vacíos

Nacionalismo barato: saldos y retazos de una sociedad que busca ideas prácticas y es cazada por políticos vacíos


 Quiero empezar la Mesa MDZ con un mensaje que dejó anoche, a la hora del estribo, un oyente y que por suerte alcancé a leer. Decía así: "El nacionalismo te ayuda a estar orgulloso de lo que no has hecho y a odiar a personas que no conoces", tanto en lo militar, artístico o deportivo.

No son pocas las personas que creen, sanamente, que ser "nacionalista" es algo así como ser patriotas, buena gente, buen vecino, o que es sinónimo de ponerle el hombro al país en el que viven. Si así lo creen, bienvenido sea.

Pero el nacionalismo es más que eso. 

Es el envoltorio barato de muchas ideas que no tienen ton ni son y que son usadas, en la mayoría de los casos, para enganchar apoyos y llevarlos a destinos impensados y usarlos para intereses personales.

Son muchos los sátrapas en el mundo que se envuelven en una bandera para mandar gente a morir, o para convencerlos de lo inentendible e inadmisible: por ejemplo, que están condenados a vivir siempre pobres y a vivir de la caridad. Que su pobreza les abrirá las puertas de un supuesto reino mágico extraterrestre, que será calmada si algún político al que tiene que votar se vuelve rico.

Escribió el escritor uruguayo Jorge Majfud: "Las banderas nacieron para la guerra y, más allá de las excusas, nunca cambiaron de significado. Aunque se ondeen en nombre del amor, siguen cargando su cuota de odio, ya sea de los opresores o de los oprimidos. Cuánto más se venera una bandera, más odio oculto se lleva dentro".

Hay muchas formas de nacionalismos -y son perversas- más allá de este sentimiento "nacional" que todos podemos experimentar por herencia o escolarización. Los hay por izquierda y derecha. No importa la mano con la que se escriba, siempre termina resultando absurdo.

Hay muchos que se enganchan. 

Representa los saldos y retazos de una sociedad que, cansada de no ser atendida ni educada, toma con los recursos reactivos que posee lo más práctico y al alcance de la mano. Caen en la trampa, de ese modo, una y mil veces.

Ahora que 36 años después de Malvinas, por ejemplo, británicos y argentinos son capaces de unirse para cerrar las heridas, aparecen embanderados de uno y otro lado del océano que asustan, advierten, profetizan y escupen presuntos colores patrios con tal de impedir que haya paz, que primer el diálogo racional. ¿Qué buscan? Lo de siempre: sacar tajada del caos, buscar un protagonismo que pierden si juegan en el terreno de la razón y solo pueden ganar en el peligroso mundo regido por las sensaciones y reacciones a primera vista. 

Es una forma política sencilla y primitiva, que no requiere de mucho esfuerzo más que provocar envueltos en la bandera. Muchos ingenuos de buenas intenciones verán la bandera y se emocionarán, sin advertir quiénes son los que la usan cual disfraz, la ensucian cual trapo con el que pretenden limpiarse tras defecar sobre el raciocinio y el mundo del debate de ideas.

El Congreso rindió homenaje este miércoles a las madres de los combatientes, junto a los impulsores de la identificación de las tumbas en el Cementerio de Darwin: Recibieron el reconocimiento a su compromiso y labor humanitaria Diego Rojas Coronel, Jefe de la Misión del Comité Internacional de la Cruz Roja en Buenos Aires; integrantes del equipo argentino de Antropología Forense; el excombatiente Julio Aro, en nombre de la fundación 'No Me Olvides', quienes dieron vida a esta iniciativa humanitaria; Gabriela Cociffi, actualmente directora editorial de Infobae, que impulsó desde el periodismo la realización del proyecto; María Fernanda Araujo, presidenta de la Comisión de Familiares de los Caídos en Malvinas; y María Alejandra González, en representación de todos los familiares. Al finalizar cantó Raúl Porchetto. Fueron 11 diputados, ninguno de Mendoza. Pero tampoco alguno peronista. Los nombro: Orieta Vera González, Eduardo Amadeo, Marcelo Wechsler, Natalia Villa, Ezequiel Fernández Langan, Atilio Benedetti, Alicia Fregonese, Pablo Torello, Gastón Roma, Julio Sahad y Andrés Zottos. También, María Teresa Kralikas, titular de la subsecretaría de Malvinas, dependencia que forma parte de la estructura del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto; y el Coronel británico Geoffrey Cardozo, quien fue el encargado de ayudar a identificar y enterrar a los soldados argentinos en Malvinas.

En simultáneo, el diputado mendocino Guillermo Carmona lanzó un foro en el que metió miedo: "Malvinas: soberanía en riesgo". Pero no hay ningún riesgo. Tampoco hubo ningún avance en los 24 años en que su partido gobernó en los 36 años que pasaron desde el 82 del acto suicida de Leopoldo Galtieri.

Las definiciones de Guillermo Carmona fueron insólitas y puede ser que no quiera que sea este gobierno el que avance en algo en la relación con Gran Bretaña. Mejor para él y los suyos, los fuegos artificiales del conflicto permanente. Mejor, el "a sangre y fuego" que prometió Carlos Menem y al final, terminó regalándoles ositos de peluche a los kelpers o malvinenses.

Mientras las madres lloraban en el homenaje, Carmona gritaba, en su foro nacionalista que el mejor homenaje es otro, es seguir hablando sin hacer nada. Dijo que " el mejor y único homenaje que podemos hacerles a los combatientes es defender nuestra soberanía, y la causa contra el neocolonialismo es un imperativo moral. No puede elegir el Gobierno argentino si lo sigue o no lo sigue. El pueblo le va a poner los límites y le va a mostrar el camino".

Para Carmona, el pueblo está constituido solo por quienes lo votan a él. Es un pueblo chiquito, al que cree esclarecido. El resto es nada.

Como dijo ayer el oyente de la Mesa MDZ, ese nacionalismo es peligroso: nos enfrenta, nos agrieta, nos empuja a mandar a nuestros chicos a guerras que no podemos ganar.

Y el peor de los colonialismos termina siendo, siempre, el que puja por manejar nuestros cerebros, hipnotizándolos con cosas simples e impactactantes, colores y más colores. Cerebros que -como dijimos días atrás- no comen y, por lo tanto, en su angurria, agarran como alimento cualquier cosa.