Marcelo T. de Alvear

"El mal nuestro radica, a mi juicio, en que nuestros hombres, en general, no miran sino el presente"

Antiguas entrevistas a personalidades argentinas, que sirven para el inicio de la "Mesa MDZ" de lunes a jueves por MDZ Radio. La versión completa, aquí.

La Razón,
22 de junio de 1939


Entrevistas

A no ser por algunos detalles íntimos, la residencia del ex presidente parecería un despacho oficial. Un viejo mucamo, que habla sucesivamente en castellano, en francés e italiano a los visitantes, nos hace pasar. Frente al cronista aguarda un joven. Parece un artista. Y un hombre maduro, que no tiene psicología definida. La espera se prolonga. El secretario del doctor Alvear sale a recibirnos y nos pide que aguardemos un momento. Mientras tanto echamos la mirada a un tapiz. Representa la escena de una batalla. Un centurión galo parece amenazarnos con la espada. El tapiz, con sus figuras amarillentas, parece confiar acaso el resultado de la lucha indecisa al filo del "gladium". A lo lejos vese una galería, una sala, un mueble que tiene una serie de porcelanas chinas y encima un óleo con un paisaje de Nápoles. Después de aguardar un rato, nos hacen pasar al escritorio. Sobre la biblioteca del doctor Alvear, tres óleos conservan el retrato de tres generales. Triple cita histórica presidiendo el gabinete de color caoba, donde los sillones tienen el aire típicamente francés del siglo pasado. Pero la vista no alcanza a valorar sino los útiles del escritorio, labrados en plata, cuando entra el jefe del radicalismo con un "¿Cómo está?". Esa sola frase y un ademán nos llevan a un ángulo y prolongan la conversación.

-Después de haber entrevistado a los hombres del gobierno, hemos querido ver a los jefes de los partidos. Acaso usted tenga que decirnos algo con respecto a la política general.

-Es probable -nos dice el doctor Alvear-; pero no así, en un reportaje. ¿Cómo podría opinar sobre cosas tan complejas en una simple conversación?

Durante un momento, nuestro entrevistado se defiende y echa mano de las mejores razones para eludir el tema.

-Si al menos se tratara de una cuestión concreta...

Alvear

-¿Y por qué no?... Nos interesaría, por ejemplo, saber adónde va el radicalismo.

-He manifestado en declaraciones periodísticas, en discursos y conferencias, muchas veces, adónde va el radicalismo y también lo ha declarado el partido, por intermedio de sus diferentes organismos. ¿Dónde va y qué busca el radicalismo? Se ha dicho con mucha frecuencia, pero coincidiendo siempre: busca la normalización del país y la fraternidad entre todos los argentinos, sobre la base del respeto a la ciudadanía. Pero hay cosas importantes sobre las cuales no se ha hablado bastante.

Comprendemos de inmediato que el doctor Alvear está dispuesto a abandonar su persistente negativa, porque en el fondo es un hombre cordial. Agrega:

-Me refiero a la penetración de las ideas totalitarias.

-¿Considera usted que esa penetración tiene importancia?

-Sí, más de lo que la gente cree. Y la culpa de que esas ideas se difundan la tienen quienes no han sabido ser fieles al espíritu de la democracia; quienes, para permanecer en el gobierno, han hecho caso omiso de la voluntad popular, apelando al fraude para encaramarse en las posiciones públicas. Esto ha suscitado desconfianza en el ciudadano y lo ha retraído de los comicios, provocando esa apatía que se ha presenciado en algunas partes.

-En muchas partes, como es de pública notoriedad, el pueblo no ha podido votar ni elegir según sus derechos y preferencias. Pareciera que la clase dirigente ha querido imponerle soluciones y esa clase dirigente, que pretende ser una "elite", no ha encontrado el modo de servir a grandes ideales. De ahí la desconfianza que reina en torno de algunos hombres políticos. Pero, felizmente, el país posee una auténtica clase media y un pueblo que no ha perdido sus reservas morales. Viajando por las provincias, especialmente por las provincias del Norte, he visto a esos hombres emponchados del interior emocionarse en las grandes asambleas populares, con reflejos subconscientes del más puro patriotismo. Yo tengo confianza en esa fuerza.

-Se ha puesto en duda a la democracia, últimamente. Yo no dejo de reconocer que ella tiene sus defectos. Prácticamente los tiene. Pero considero que ellos son infinitamente menores que los que incuba y sufre cualquier otro sistema. Supongamos que Hitler y Mussolini tomaran un camino extraviado y anormal -que para mí ya están en él-, ¿quién podría detener el frenesí de su poder desatado y las arbitrariedades que cometiesen en el ejercicio sin freno de su voluntad? En cambio, ahí está el ejemplo de Francia. Hace algún tiempo se temió que en Francia pudiera imponerse el comunismo. Banderas rojas, huelgas, agitaciones, contribuían a formar un cuadro bastante inquietante. ¿Y qué hizo Francia? ¿Recurrió a la revolución o a la dictadura? ¿Cómo pudo superar sus dificultades? Le bastó un voto del Parlamento y un cambio de gabinete. Eso es la democracia y por eso yo creo en ella. El mal nuestro radica, a mi juicio, en que nuestros hombres, en general, no miran sino el presente. Han perdido la noción del mañana; dan la sensación de estar de paso. Son como el viajero apresurado que nada cuida, porque sabe que mañana tendrá que irse. Ese estado de espíritu impide pensar en el futuro. El que proyecta una obra pública, quiere inaugurarla él mismo, como si las obras públicas fueran destinadas a servir sólo a la generación en que se actúa. Pero quiero recordar el pensamiento de un escritor célebre: "El tiempo sólo respeta la obra que se hace con su concurso".

-Recordemos a Rivadavia, Sarmiento y Avellaneda: tres soñadores a quienes sus contemporáneos llamaron ilusos, pero cuyos sueños resultaron más realidad que la que concibieron los positivistas que los combatieron. Rivadavia, que sólo conoció Buenos Aires cuando no era más que una insignificante aldea, no más grande que cualquiera de nuestros actuales pequeños centros rurales, proyectó para ella avenidas, ochavas, un gran puerto, academias y facultades. Sarmiento soñó con cien millones de argentinos congregándose en torno de la bandera patria, y con ferrocarriles y escuelas cubriendo todo el territorio. Avellaneda contempló y encaró el problema de la tierra pública cuando el país era casi un desierto. Esos hombres pensaban por encima de su generación. Miraban hacia la eternidad de la patria.

-Se diría que el país ha ido perdiendo grandeza a medida que se ha ido creciendo. Esto se observa hasta en los detalles. Se ha achicado racialmente, espiritualmente y también desde el punto de vista político. Racialmente, porque asistimos a un problema antes desconocido: el de la "denatalidad" y la despoblación que se acentúa. Espiritualmente, porque pareciera que ya no pensamos con amplitud, con generosidad. Políticamente, porque sólo se piensa en el poder y no en la utilización del mismo para servir a los intereses generales. Así vemos limitar la entrada al país de los inmigrantes extranjeros. Una gran parte de nuestros hombres políticos destacados, que han servido con eficacia y con dignidad a la Nación, fueron o son hijos de inmigrantes en primera generación. Esos extranjeros se han adaptado al país y lo han enriquecido. Pero ahora, como se piensa en pequeño, las puertas se cierran. Pero tampoco realizamos lo suficiente para el hijo de la tierra. En mis viajes a través de la República he visto niños descalzos, andrajosos, que padecen enfermedades, miserias y hambre: es urgente ocuparse de ellos, pero no sólo con proyectos, sino realizando la obra indispensable para evitar la pobreza. Hay regiones en que los niños revelan un doble empobrecimiento, físico e intelectual que debiera preocuparnos seriamente. Mientras tanto -¡tremenda ironía!- hemos asistido a los homenajes reiterados que se le hicieron a Sarmiento. Pero Sarmiento defendió la tesis inmigratoria; trajo sabios y maestros extranjeros, porque creyó que éstos podían mejorar nuestro plan de civilización, y así sucedió, en efecto. Como usted ve, en los hechos se niegan las palabras.

Aquel espíritu amplio quería que progresara el país desde su niñez a pasos de gigante, y hoy parece que se quisiera limitar el ritmo de la vida argentina, caminando con paso vacilante e inseguro.

Hay que pensar lejos, para cuando uno mismo ya no pueda presenciar las obras que inicia. Aunque nadie pueda hacerse ilusiones de actuar indefinidamente, por una ley inexorable de la vida, hay que mirar a la Nación más con ojos del porvenir que del presente.

-Mucha gente se sorprende de que a mi edad, cuando tendría derecho al reposo, me entregue a una tarea permanente, con todas las fatigas, y amarguras que ella suele traer. Pero, es que me sostiene un optimismo invariable, la fe en el pueblo y en la democracia y la convicción profunda del progreso de mi país, cualesquiera que sean las vicisitudes por que atraviese. El destino de los pueblos puede ser interrumpido o detenido en su evolución, pero nunca anulado, y la Argentina tiene un gran destino que llenar, al que llegará tanto más pronto cuanto mayor sea el esfuerzo que realicemos por el bien común, por el progreso y la civilización argentina, los hombres que actuamos en cada hora, en esa marcha continua de la Nación hacia su porvenir.

El doctor Alvear se levanta.

-Continuaremos otro día, amigo periodista -y nos tiende la mano.

En la sala esperan varios visitantes. Y las figuras del tapiz siguen librando su batalla tenaz, sin pedir tregua. Una batalla de largos años.



Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero,
Grandes entrevistas de la Historia Argentina
(1879-1988), Buenos Aires,
Punto de Lectura, 2002.


"Se ha hecho todo lo posible para localizar a todos los derechohabientes de los reportajes incluidos en este volumen. Queremos  agradecer a todos los diarios, revistas  y periodistas que han autorizado aquellos textos de los cuales declararon ser propietarios, así como también a todos los que de una forma u otra colaboraron y facilitaron la realización de esta obra."

Opiniones (3)
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24 de mayo de 2018 | 11:05
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  1. Pensar con sentido prospectivo requiere de valores incompatibles con la modernidad líquida.
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  2. Nanof aplausos para usted por compatir esa breve reseña sobre ese gran pèrsonaje publico que supimos tener.Cuanta diferencia con los de ahora,que mierda nos paso me pregunto yo que mierda nos paso para padecer a estos bribones de ahora!!
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  3. Les voy a compartir una historia real de mi Argentina... «Era una fría y neblinosa madrugada de 1951. El pobre viejito se había gastado todo el poco dinero que le quedaba, en remedios (cuando no, en este país) y era el único habitante que quedaba en esa destartalada pensión de (muy) mala muerte ubicada en la calle 9 de Julio y Paraguay. Justo en medio de esa intersección estaba el miserable establecimiento, ya que la 9 de Julio era todavía de una sola mano, una simple calle orientada hacia Constitución. Le habían avisado que la iban a demoler, que se fuera, pero....adónde iba a ir? Débil, enfermo, sin dinero, la familia hacía rato lo había abandonado y los amigos se habían ido muriendo también. Su ya desgastada colcha, su fiel compañera durante las largas noches de Invierno pasadas en casi todas las plazas y húmedos baldíos de la Ciudad, estaba firme junto a él, al igual que el atadito de diarios que usaba como almohada quien sabe desde cuanto tiempo atrás (Meses? Años?). No hacia falta más. Y era así: la terrible maquinaria del futuro, las temibles topadoras del todopoderoso e incorruptible Intendente Juan Debenedetti que preanunciaban el Progreso (continuando la obra comenzada en 1936 por el Int. Juan de Vedia y Mitre), se encontraban a solo 20 metros de la pensión, una casucha tan simple de aplastar, como si fuera una hormiga. Al operario se le ocurre milagrosamente chequear el interior y vé que estaba acostado el pobre viejo tiritando de frio, tapado con una vieja colcha. Se acerca y le pide que salga porque lo van a tirar todo abajo. El viejo se niega. El operario le dice que lo van a reubicar. El viejo se niega. El operario le pide el nombre y el viejo, de mala gana (o entregado a su suerte), se lo dá. El operario, corriendo, le avisa a su capataz. El capataz, corriendo, entra a las oficinas del Intendente y le dice que hay todavía un viejo enfermo, que no se puede avanzar con el ensanche y apertura de la 9 de Julio. Debenedetti, conocido por sus malos modales y sus muy pocas pulgas, le dice a su capataz: "me agarrás a seis morochos y no volvés hasta que al viejo de mierda lo sacás de ahí, a patadas en el culo si es necesario, pero me lo sacás y tirás todo ya, sino andáte derechito a tu casa". El capataz, temblando, se acerca al Intendente y le susurra al oído: "Me dijo que se llama Elpidio Gonzalez". Por primera vez en su vida Debenedetti se puso blanco como una hoja de papel, sus manos temblaban y sus labios también lo hicieron aunque con una menor intensidad. Cuando al fin pudo emitir sonido, con sus ojos desbordando lágrimas, ordenó: "Terminen de aplastar todo lo demás, hasta el fondo. Perforen,corten, quiebren y desmonten todo lo necesario. Pero a esa pensión le pasan por los costados, ni se les ocurra tocarla y mucho menos molestar al Señor Gonzalez, salvo que quieran que los cague a patadas". Debenedetti se dió perfecta cuenta que esa pensión era intocable para él o para cualquiera, por más que los hubiera amenazado con el despido: es que el "Bienamado" estaba allí. Hoy en épocas de Bodous calcográficos o D'Elias con honestas jubilaciones docentes de $78.000, les cuento que cuando uno llega por el camino del fondo del Cementerio de la Recoleta y se encuentra con el Monumento a los Caídos en la Revolución del '90 (o Panteón Radical) y observa la placa del frente, puede ver ilustres nombres de quienes se encuentran allí (Leandro Além, Hipólito Yrigoyen, Arturo Humberto Illia). Y mezcladito entre estos tres uno lée "Elpidio Gonzalez", es raro, porque "no suena", quién fué? Porqué está mezclado ahí con esos próceres del radicalismo? Bueno, es mi único político preferido (en un ratito el de Uds.) si, pero....quién fué? Elpidio Gonzalez fué, entre otros cargos ejecutivos, Vicepresidente de la Nación Argentina, durante el gobierno de Marcelo Torcuato de Alvear. Está catalogado como uno de los sólo tres o cuatro mas importantes que tuvo nuestro País. Abogado brillante, dos veces diputado, una por la Capital y otra por Córdoba, Ministro del Interior, Ministro de Guerra (Defensa), Jefe de Policía y, como dijimos Vicepresidente. Lo primero que hizo cuando asumió la vicepresidencia fué renunciar a todos sus sueldos del Estado, consideraba que si el Pueblo lo había puesto en esa responsabilidad era incorrecto percibir honorarios, bastaba con el honor de haber sido electo. Mas aún, consideraba que el trabajo en el Estado era una carga pública, que un trabajo bien hecho en ese ámbito otorgaba prestigio, y que eso era suficiente pago por los servicios a la Nación. Desde su punto moral y ético consideraba que la Nación lo había formado como hombre y como profesional en forma gratuita y que esta era forma de devolver algo de todo lo que recibió. Su horario de trabajo "formal" (en la realidad era de 24 hs) era de 7 a 18hs, por eso extrañó el pedido que le hiciera a Marcelo de que lo eximiera de las ultimas dos horas de trabajo ministerial, para asi poder salir a las 16hs. Vagancia? Avivada? Un pequeño acto de corrupción? No, nada de eso. Al mes, uno de los ministros de Alvear le cuenta al Presidente que mientras caminaba hacia el Palacio de Tribunales para ver el estado de las obras, se cruza en Plaza Lavalle con Elpidio......que estaba sentado en un banquito vendiendo Anillinas Colibrí y pomada para los zapatos!!! Como este ministro no pudo creer lo que vió, pasó dos dias seguidos más, y ahí seguía estando Don Elpidio vendiendo sus productos, que a las 18 hs guardaba en un maletin y los iba vendiendo puerta por puerta hasta llegar a su domicilio!!! El Vicepresidente de la Nación Argentina vendía anilinas y pomadas porque consideraba un deshonor cobrar sueldos del erario público! Y fué asi como mantuvo a su familia, con esos ingresos. Elpidio Gonzalez se retira de la política casi apenas finaliza el mandato de Alvear, consideraba que no podia ocupar cargos con el Presidente Yrigoyen porque como "El Peludo Yrigoyen" era su amigo, la "Honra de un funcionario de la Nación debe estar por encima de las eventuales sospechas de amistad con sus superiores". En el '46 un Diputado lo encuentra (ya muy demacrado y con una larga barba blanca producto de la escasez de acero debido a la 2da Guerra Mundial - no había maquinitas Guillette-) vendiendo sus anilinas y pomadas en la puerta del subte. El diputado, con los ojos empañados de lágrimas, se dirije a su bancada, presentan el proyecto de jubilación y apenas se aprueba, se determina que el primer beneficiario sería Don Elpidio Gonzalez. Un grupo de catorce funcionarios muy contentos y emocionados van a buscar a Elpidio para informarle la buena noticia. Una vez que lo hacen......Elpidio se levantó furioso y los persiguió desde Tribunales hasta la puerta del Congreso blandiendo su bastón al aire al grito de "Degenerados, corruptos, babiecas!! Mientras yo tenga dos manos para trabajar el Estado no tiene porqué mantenerme a mi, habiendo tanta necesidad en el País". Y estuvo tres horas mas golpeando con su bastón, furioso, la puerta de la Cámara de Diputados, retando a duelo a todos los que habian votado que le otorgaran la jubilación a él. El Pueblo lo amó, pero nunca más quiso presentarse a ningún cargo público. Interpretaba que la ciudadanía no debía incubar ninguna sospecha en las personas que son honradas con el mandato de servicio y la responsabilidad que otorga el voto. Como les dije un poco mas arriba, amig@s, hubo un vicepresidente argentino llamado Amado Boudou y hubo otro vicepresidente argentino llamado Elpidio Gonzalez, a quién el Pueblo todo (sin banderias politicas), había bautizado "El Bienamado". Ustedes dirán cuál es su preferido. Yo ya me decidí por uno.» Autora: Mónica Zalazar
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