Geoffrey Cardozo

Geoffrey Cardozo: "Los familiares de los soldados sintieron un bienestar como nunca antes"

De esta manera, en charla con la #MesaMDZ, el coronel inglés resumió un proceso de 35 años, que va desde que enterró a aquellos argentinos caídos en combate hasta que finalmente fueron identificados.

"Ha sido un placer hablar con ustedes, pero también un deber, porque hay muchas cosas que no se saben y son cosas lindas y también políticas. Con todo mi corazón he querido ayudar a relaciones mejores entre nuestros dos maravillosos países. Una pequeña parte de mi corazón es argentino".

Esta despedida del coronel británico Geoffrey Cardozo, tras la charla con el equipo de la Mesa MDZ, define el tono de lo que fue una charla franca y emotiva en un día histórico para la Argentina. 

Padres de los soldados caídos en Malvinas en la guerra de 1982, identificados con mucho esfuerzo 35 años después, se abrazaron este lunes en el cementerio de Darwin con un conmovido Cardozo, quien a los 32 años le había sido asignada una dura tarea: recoger los cuerpos del campo de batalla y darles una digna sepultura. 

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Entrevistado por Gabriel Conte, Pablo Icardi, Santiago Montiveros y Rubén Valle en MDZ Radio, el militar inglés recordó cómo aquellos duros momentos devinieron en un presente de paz tanto para las familias argentinas como para él. 

-Geoffrey Cardozo hoy estuvo en el cementerio de Malvinas, donde un importante cantidad de tumbas fueron identificadas con nombre y apellido tantos años después y los familiares pudieron darle un último adiós. Un gusto saludarlo Coronel. 

-Muchas gracias. Sí, acabo de estar con los familiares y funcionarios argentinos en el cementerio de Darwin. He pasado un día muy lleno de emoción con esas familias que fueron tan valientes durante 35 años para esperar la identificación de sus chicos.

-Porque hemos sido parte de países en conflicto, permítanos conocer con emoción lo que vivió usted en aquel momento cuando le encomiendan recoger los cuerpos y enterrarlos y este día en que usted se encuentra con los padres de esos chicos que la Argentina mandó a morir en una guerra que para muchos fue injusta y mal calculada, entre muchas cosas que padecimos en aquella dictadura. ¿Cómo vivió usted este proceso de más de 30 años?

-En 1982 yo recibí la orden de recoger los cuerpos y enterrarlos en el cementerio con dignidad y honores militares. Esto es algo que los argentinos también hubieran hecho para nosotros. Sin duda, es un deber humano, un deber de un soldado a otro. Claramente, cuando estuve con los soldados argentinos, héroes, luchadores valientes, yo los consideraba mis propios hijos. Eran mis chicos,eran huérfanos. En esa época, sus padres, sus madres, sus familias estaban en el continente y yo hice por ellos lo que podía, lo que haría alguien de bien. Había muchísimos chicos que no se podían identificar. En aquellos tiempos no tenían chapas de identificación, no había nada con sus apellidos o que pudieran darnos una idea de quiénes eran. Entonces, hice todo lo posible para preservar sus cuerpos, esperando que quizás un día en el futuro, cercano o lejano, hubiera una oportunidad de exhumar los cadáveres y saber quiénes eran. Este es un milagro. Hemos identificado en junio, julio y agosto del año pasado junto a la Cruz Roja y se logró un éxito extraordinario.

 

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-Usted llegó a las Malvinas una vez que terminó el conflicto bélico. ¿Cómo vivió la guerra antes de arribar a las islas con la misión que le asignaron? ¿Qué pensaba de la desproporcionalidad bélica que se observaba entre uno y otro país?

-Pues como todo soldado, somos soldados de la paz y si hay una guerra es a causa de un error. Cuando hay una guerra, al final de ese conflicto debemos hacer un trabajo muy importante para el otro lado. Y este fue hecho en 1982 y 1983. No quiero hablar de cosas políticas, porque de esta guerra ustedes saben más que yo, que soy un soldado sencillo. Son cosas a nivel político y temático. Yo era un soldado y recibí la orden de hacer un trabajo y lo hice.

-¿Cómo fue el encuentro con alguno de los padres de aquellos chicos que usted enterró en su momento?

-Maravilloso, lleno de emoción. Estuve con madres muy ancianas, con hermanos, hermanas, con chicos que no conocieron a sus padres y ahora son personas mayores. Fue muy emocionante, lleno de lágrimas, abrazos, besos. Vi algo interesante: las familias estaban muy tranquilas, había un gran silencio, tenían los corazones muy pesados. Fue una ceremonia muy bonita, con sacerdotes, también con militares ingleses que fueron parte de la ceremonia. Y a la salida del cementerio, ya para regresar al continente, se podía ver que las familias tenían un alivio enorme y hasta una sonrisa en sus rostros. Estaban tranquilos, esa sería la palabra. No era una fiesta, pero tenían un bienestar que no habían sentido antes.

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-Es muy interesante cómo usted armó el equipo para hacer una tarea tan dura como la de identificar y enterrar a los soldados en las islas. Cuéntenos cómo fue ese proceso de reclutamiento tan selectivo.

-Fue una tarea muy difícil. Ese no era un trabajo para los soldados. Imagínense enterrar a sus amigos dos o tres horas después del conflicto. Pero cuando los cuerpos están al aire libre durante semanas pasa a ser un trabajo de profesionales. Yo contaba con un equipo formidable de funerarios, que tenían más de 30 años, porque era un trabajo muy difícil, pero también tenían menos de 40 años porque también era una tarea físicamente muy difícil. Y esos hombres trabajaron conmigo durante cinco semanas para recoger a aquellos chicos y darles un entierro con dignidad y con amor. 

-Más allá del hecho político de la guerra, y que usted definió como un trabajo, que es el de un soldado, ¿cómo se vive eso de pasar de ese trabajo de la guerra y después como ser humano hacer una tarea de paz?

-Es un asunto de paz, de amor. Yo tengo 68 años, tenía 32 en esa época, y nosotros los viejos, los que hemos visto esta guerra, los luchadores, ahora debemos dejar esto atrás porque el futuro está en manos de los jóvenes de hoy. Ellos tienen los corazones, las mentes y las almas limpias. No están adoctrinados y no los tenemos que adoctrinar. Ellos tienen la oportunidad en el futuro hacer algo mejor que los que nosotros hicimos en el pasado. Quizás sea demasiado optimista, pero hay que mirar hacia adelante con esperanza.

Opiniones (1)
22 de julio de 2018 | 20:26
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22 de julio de 2018 | 20:26
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  1. Muchas gracias por esta entrevista!!!
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