Gustavo Béliz

Gustavo Béliz: Antes de que manden los robots, viene la "cobotización", ¿qué es?

De los consumidores a las "nuevas multitudes". Las plataformas mundiales, sus trabajadores y sus clientes. Cómo pasar de de una economía de bienestar a una tecnología de bienestar.

Gustavo Béliz, director del Intal BID, Instituto para la Integración de América Latina del Banco Interamericano de Desarrollo, BID; disertará el jueves 22 a las 18.30 en la UTN, organizado por el Foro Diplomáticos en Mendoza y el Grupo de Apoyo a la Asamblea del BID en Mendoza (Gamab). Hablará junto a Marta Lagos sobre"La tecno integración de América Latina". El año pasado estuvo aquí con una conferencia que impactó a la audiencia: .

Este fue el diálogo que mantuvo en el programa "Otra manera" por MDZ Radio:

- Uno de los informes que ha realizado el Intal BID que usted dirige, sostiene que "debemos pasar de una economía de bienestar a una tecnología de bienestar". ¿Cómo desarrollaría el concepto?

- Lo que nosotros estamos investigando a fondo son las nuevas tendencias tecnológicas y cómo esto va a impactar en la matriz productiva de América Latina. Mencionaba el estado de bienestar clásico, propio de la Revolución Industrial de los años '30 y '40, cuando la economía estaba basada en la manufactura tradicional. Era el momento en el cual se generaban los procesos de industrialización en toda Europa y en el resto del mundo. Esa matriz productiva está cambiando por la irrupción de los servicios globales y la economía digital, que es en parte datos intangibles y otra parte física, tangible. tenemos que repensar un contrato social tecnológico para América Latina. Ese contrato social no tiene las mismas características de la instancia de a época industrial clásica. Tiene que tener en cuenta la incorporación de estos cambios tecnológicos para la inclusión social. El riesgo de que si no hay reglas del juego claras la tecnología termine incrementando la brecha de inequidad es alta. Pero si hay reglas claras y una decisión estratégica de los Estados, de las empresas y de la sociedad para establecer prioridades, la tecnología también puede ser una formidable manera para incorporar a los sectores que socialmente están desplazados. 

- Un dato que ofrece el Intal dice que el 16% de los latinoamericanos que tiene un teléfono inteligente come solo una vez al día. Se aprecia allí una especie de dicotomía entre el "tener", cómo estar hipercomunicados y el "no tener", poder comer solo una vez por día. ¿Algún día va a poder saldarse esta brecha? ¿Cómo?

- Ahí esta el punto clave. Siempre digo que el riesgo de tener un continente con pobreza analógica y riqueza digital es muy alto. Para esto hay que tener datos confiables. El estudio que realizamos muestran dos números que son muy significativos y que exponen cómo el tema de la conectividad y el acceso a las nuevas tecnologías es muy importante para los sectores más desfavorecidos. El 16% de los latinoamericanos que tienen un smarphone pasan hambre y el 33% de los que tienen smartphone no tienen ingresos suficientes para llegar a fin de mes. Sin embargo optan por estar conectados. Optan por una herramienta que les permita entre otras cosas tener mejores posibilidades laborales y de inclusión. Eso no alcanza. Requiere poner las nuevas tecnologías al servicio de nuevas modalidades de formación académica, desmontar trabas burocráticas para que los microempresarios, pequeños y medianos puedan establecer y potenciar su trabajo al resto del mundo. 

Por eso las nuevas tecnologías son tan iportantes para la internacionalización de las pymes. A través del comercio electrónico pueden llegar a mercados que de otra manera sería insospechado. Pero si no existe una decisión deliberada de actores públicos y privados, a través de un contrato social tecnológico, el error en el cual se puede caer es pensar que la automatización puede ser manejado con piloto automático. Eso no es así. Ningún país del mundo lo está realizando. Hay planes estratégicos hoy en todo el mundo, por ejemplo, con planes 4.0, con planes estratégicos de inteligencia artificial para la inclusión social o tecnológica y son tendencia que tienen que espejarse en función de la realidad propia de América Latina. Hoy hay una agenda de futuro muy atractiva y muy inspiradora.

- Usted habla del estado de bienestar producto de una situación que se daba en otra época. Este cambio del que usted habla, ¿requiere de reformas en la legislación laboral?

- Hay dos elementos que pueden ser muy atractivos para una agenda de futuro. El primero de ellos hoy no está en la agenda pública y es de gran importancia para América Latina y Argentina, de alguna manera, también lo está impulsando. Se habla de la modificación de los regímenes laborales, de la creación de un instituto de formación profesional para anticipar las nuevas tendencias de demandas laborales. Este es un punto clave, muy relevante: tenemos que ser capaces de tener buenos datos sobre las posibilidades de automatización de las profesiones actuales. 

No hay una data unánime desde el punto de vista académico, no hay una data consolidada, no hay estadísticas nacionales que permitan ver esto con claridad. Entonces tenemos una especie de "panic attack" en la región. Algunos números dicen que el 60 o 70 por ciento de las profesiones van a ser reemplazadas por robots. otros números dicen 5 o 10% de la sprofesiones. Pero la verdad es que lo que hay que distinguir no es solamente el trabajo en su conjunto, sino las habilidades o tareas que esos trabajos desarrollan. No es lo mismo decir que un médico va a ser reemplazado por un robot a decir que parte de la actividad que desarrolla un médico va a ser ayudada por máquinas inteligentes que permitan ver mejor una resonancia magnética, un escaneo cerebral, una ampliación de la información sobre la posibilidad de que una persona tenga una enfermedad grave. Es decir, vamos a un escenario en el que tendremos que convivir con las máquinas, a través de lo que se llama la "cobotización", el trabajo en conjunto con máquinas inteligentes, que no significa la desaparición de un día para el otro de profesiones o trabajos muy importantes. Ese instituto de formación profesional que anticipe las demandas laborales futuras y que articule con el sistema educativo, es un modo muy importante para constituir la "tecnología de bienestar". 

El otro elemento crucial tiene que ver con introducir cláusulas de innovación en las discusiones paritarias, en los diálogos entre trabajadores, empresarios -en donde también participa el sector público- hay que hacer un esfuerzo para introducir cláusulas de innovación que asocien al sector privado con el de los trabajadores y el Estado, en herramientas de innovación que permitan, entre otras cosas, que la economía se dinamice, que busque horizontes más competitivos y que pueda asociar otra vez elementos públicos y privados para que se esté en condiciones de responder mejor a los desafíos innovativos de la economía moderna.

- Desde que vino el año pasado, cuando planteó este tema, lo hemos venido abordando desde MDZ. Hay gente que acepta y otra que tiene pánico. Hay dos palabras que son muy parecidas en su significado pero que son cosas distintas, como "pánico" y "temor". Frente a la robotización que viene, el pánico nos paraliza. Y el temor en todo caso nos hace tener un poco más de respeto y actuar. No se ha avanzado en incorporar estos temas en las discusiones paritarias porque algunos tienen pánico y otros le restan importancia.

- Es un buen punto de discusión. Lo discutiremos el jueves en la UTN en Mendoza junto a Marta Lagos, de Latinobarómetro. Estuvimos midiendo muy en detalle la opinión pública de América Latina de lo que pasa en Estados Unidos y Europa, y encontramos una tendencia muy similar a lo que ocurre en Argentina, Perú, Colombia o Brasil: esta situación de temor y en algunos casos de parálisis es universal. Cuando se le consulta a la población si piensa que en el futuro su trabajo va a ser reemplazado por un robot , los resultados son prácticamente idénticos cuando se mide a la opinión pública latinoamericana con la de Europa y EEUU. Hay una gran preocupación y, por eso mismo, los poderes públicos deben ser responsables de la convocatoria a repensar y diseñar contratos sociales a la altura de estos tiempos tecnológicos. En los años 30 y 40, estos contratos sociales eran propios de Rooselvelt, de un Estado keynesiano, industrial, webberiano. Hoy esto se esto se está reescribiendo de modo informal. Pongo el ejemplo de Ford o el de los automóviles, que está al alcance de cual quier persona.

- Muy vigentes.

- Se está pensando en autos eléctricos, las grandes automotrices ya no se consideran fábricas de autos sino empresas de movilidad, porque están diseñando alianzas con las grandes empresas de datos, con los grandes jugadores de la industria digital. Hoy un auto es parte "fierros", parte gomas, parte acero, parte vidrios y parte datos, parte inteligencia, generación de sensores y mecanismos que cada vez más van a estar asociados a autos autónomos, autopistas inteligentes, a la internet de las cosas que va a conectar a los autos con otras cosas de nuestra vida cotidiana y que van a requerir muchos trabajos de otras características y modificar muy profundamente nuestra vida cotidiana. Para eso justamente, así como en aquellos años se generaron millones de empleo en la industria automotriz, hoy, entre otras cosas en América Latina, la industria automotriz emplea a 3 millones de personas, tenemos que ser capaces de repensarla como lo hacen los grandes centros internacionales con la modalidad 4.0. Incluso Brasil está asociada a Google para fabricar taxis voladores de acá al año 2020. Parece ciencia ficción pero es realidad. Embraer se asoció con Uber con un proyecto de investigación súper ambicioso.

- En Argentina, la Ciudad de Buenos Aires prohibió a Uber. Somos un poco tercos sobre lo que viene, ¿no le parece?

- Ese es uno de los temas de los que quiero hablar en Mendoza el jueves. Es el tema que tiene que ver con las "nuevas multitudes". A través de las grandes plataformas tecnológicas hay una irrupción de nuevas multitudes. Yo lo denomino como un nuevo concepto de consumidores, pero también de trabajadores. Hay un millón y medio de taxistas de Uber en el mundo y un gran debate regulatorio que encaran muchos países, que tiene que ver con si esos trabajadores tienen nuevos derechos sociales, si van a tener una jubilación, cómo se vinculan los beneficios digitales entre los trabajadores y las grandes plataformas tecnológicas, cuánto tiene que ver esto con "desintermediar" en el futuro de un modo transformador, y que abarcará en el futuro incluso a estas grandes plataformas. Tenemos empresas en el mundo que son dueñas de transportes sin ser dueñas de un solo vehículo. O tienen capacidad para alojar a millones de personas sin siquiera ser dueños de una sola habitación. Esa economía que se llama "colaborativa", la de las plataformas, tiene unos enormes desafíos regulatorios que hay que atender con un nuevo contrato social. Hay que aludirlo y debatirlo. El principal mensaje de Stephen Hopkins antes dem morir fue: "La inteligencia artificial sin regulación adecuada puede poner en riesgo el género humano". No lo dijo un comentarista de café. Otra vez, el contrato social tecnológico tiene desafíos regulatorios, de consenso, de construcción social que requieren adaptarse a este cambio exponencial que estamos viviendo.

Escuchá la entrevista completa abajo (18 minutos 29 segundos):

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25 de mayo de 2018 | 12:43
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