Esclavitud, afrodescendencia y cultura afro en Argentina

Los negros en la Argentina

Cuatro trabajo especiales de divulgación del INCIHUSA del Conicet.

1- Una nueva mirada sobre la negritud argentina

Por Magdalena Candioti 

 Quienes estudiamos la historia de la esclavitud y abolición en el Río de la Plata (actual Argentina) recibimos muchas veces de nuestros interlocutores el comentario convencido de que en nuestro país no hubo esclavos o que fueron muy pocos, tan pocos que ¿realmente vale la pena estudiarlos? A su vez, muchas de las personas que sí retienen en la memoria la existencia de la esclavitud tienen dos ideas fuertes al respecto: que los esclavos negros murieron en las guerras, donde fueron carne de cañón, y que fueron liberados por disposición de la Asamblea del año XIII.

Estas formas de construcción de la memoria en torno a la esclavitud han sido revisadas por un conjunto de investigaciones que contribuyeron a reconstruir la centralidad de la población negra en Argentina (hasta mediados del siglo XIX alcanzaba entre el 30 y 60 % de la población según las latitudes), las vías del tráfico esclavista (llevado adelante, primero, ilegal y, luego, legalmente), las condiciones de vida y trabajo de los esclavos y las formas de emancipación posibles.

Nota 1 decreto de libertad de vientres

Decreto de "Libertad de vientres" (1813), dictado por la Asamblea del Año XIII.

En este camino, en los últimos veinte años, ha habido un cambio de enfoque central: los historiadores hemos pasado de explicar esclavitudes "benignas" (signadas por los buenos tratos y la integración familiar de los esclavos) y libertades "otorgadas" por las élites liberales revolucionarias, a dar cuenta de las violencias y también de las estrategias y las trayectorias de los propios esclavizados en pos de subsistir, resistir, progresar y emanciparse. De este modo, los esclavos pasaron a ser pensados como sujetos de su propia historia, y como actores que, bajo duras condiciones no elegidas, procuraron construir un mejor destino para sí y sus seres queridos.

Una vez cambiado el eje de la mirada, ¿podemos decir que la emancipación les fue "otorgada" a los esclavos, casi sin oposiciones, por élites liberales convencidas del derecho natural a la libertad que les asiste a todos los hombres? Podría pensarse así si leemos la letra de las dos leyes de abolición gradual que marcaron desde 1813 el fin de la institución esclavista (que cesó completamente recién en 1853) en el territorio de la actual Argentina. Una de ellas abolió el tráfico transatlántico de esclavos y la otra declaró libres a los hijos por nacer de las esclavas. Estas disposiciones de la Asamblea del Año XIII reconocieron en la esclavitud un carácter ultrajante para la humanidad y contrario a "los principios liberales" del nuevo sistema.

Sin embargo, hay dos cuestiones que matizan la idea anterior. Por un lado, estas dos mismas leyes fueron complementadas por decretos posteriores que restringieron su alcance. El más importante fue el "Reglamento para educación y ejercicio de los libertos" que sentenció que los niños nacidos desde el 31 de enero de 1813 no serían libres sino libertos (para el Derecho ello significaba que eran sujetos manumitidos de una "justa esclavitud") y que por tanto tendrían el deber de servir gratuitamente a sus patrones (a los amos de sus madres,) hasta los 16 años las mujeres y hasta los 20 años los varones. Así, la libertad no era plena y ese derecho de patronato podía venderse y heredarse. Como consecuencia, para los libertos tendría continuidad un rasgo central de la esclavitud: la separación de las familias y la circulación de los niños y jóvenes sin su consentimiento. A esto se sumó una serie de disposiciones que restringían su participación política.

Por otro lado, si miramos el accionar de los esclavos en esta nueva situación, es posible percibir cuánto lucharon para hacer efectivas las libertades prometidas y darles forma. Así, por ejemplo, en 1813 el esclavo Francisco Estrada y su mujer Joaquina pidieron ser declarados libres por haber desobedecido a su amo español fugado a Montevideo y haberse acogido "al sistema generoso de la Patria". Francisco explicaba así la situación en que abandonaron a su amo: "Cantamos los himnos de la libertad, y uniendo nuestros deseos, nuestros corazones con los santos sentimientos del sistema justo de la Libertad". A pesar de su encendida retórica patriota y de que un decreto del gobierno había prometido liberar a tales esclavos, Francisco y Joaquina no obtuvieron una respuesta favorable y murieron peticionando a una justicia que más tarde les ordenaría que "en lo sucesivo no incomoden a sus amos, ni perturben la atención de las autoridades con solicitudes infundadas y maliciosas".

Los ejemplos podrían multiplicarse y, exitosos o no, es importante dar cuenta de estas y otras estrategias individuales o colectivas, pacíficas o violentas, esporádicas o sostenidas, de los esclavos, para visibilizar su protagonismo en la conquista de la libertad y comprender las formas y costos de su integración. También para desentrañar la posterior invisibilización de la población afrodescendiente; y para repensar bajo esta lupa las formas del liberalismo y de la nación en Argentina.

(* )Magdalena Candioti, CONICET-UBA, Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani" / Universidad Nacional del Litoral.

2- El "héroe negro" mal conocido

 Por Orlando Gabriel Morales 

 l lorenzo barcala

Una ligera búsqueda del patrimonio histórico-cultural que inmortaliza hoy a Lorenzo Barcala (Mendoza, 1795-1835) arroja un llamativo registro que se extiende por varias ciudades y provincias argentinas e involucra mitos históricos, bustos, nombres de calles y escuelas, entre otros homenajes. Otra ligera búsqueda, ahora en literatura no especializada, para conocer detalles de su vida y su tan bien ponderada trayectoria militar entrega resultados con datos y argumentos recurrentes bien iluminados por un mismo monumentalismo patriótico.

Curiosamente, hasta que uno comprende que se trata de un fenómeno de "mitificación histórica", la literatura historiográfica no entrega nada nuevo desde hace tiempo y en buena parte no se distingue del material estimulante y ligero que permite entrever "una vida de película", más cercana a la leyenda que a la realidad social de la gente "de color" que vivió el pasaje de la sociedad colonial a la independiente por el camino de la revolución y sucesivas guerras.

Para aclarar la afirmación anterior, que podría ser calificada de insolente, se deben plantear algunas consideraciones que introducen importantes matices en este asunto. El problema que planteamos en el título se puede expresar de este modo: Lorenzo Barcala fue introducido en la historia como un "héroe negro" de la revolución y no como una persona común con ascendencia africana que debió conseguir, en el seno de una sociedad desigual y en transformación, los atributos necesarios para alcanzar el prestigio militar que le fue reconocido.

La cristalización de la idea de héroe de la revolución y mártir de la patria, fundante de un modo de pensar la negritud argentina -que tiene otro exponente en el héroe negro Falucho, invención de Bartolomé Mitre según Pedro Ochoa y otros-, ha obturado la producción de conocimiento sobre la historia social de Lorenzo Barcala: cuál fue su origen, cómo construyó su familia, como accedió a la propiedad, qué relaciones sociales tuvo con los sectores plebeyos y las élites, qué ideas políticas expresaba.

Héroe de la patria

Puntualmente, algunas menciones extraordinarias que han delineado de una vez, con la ambición de quedar escritas para siempre, la figura heroica de Lorenzo Barcala, corresponden nada menos que a la pluma colosal de Domingo Faustino Sarmiento. En sus "biografías infames" (retomo la categoría de Celina Manzoni) de Félix Aldao y Facundo Quiroga, ambas de 1845, Sarmiento apela a Lorenzo Barcala como contrafigura de los dos caudillos federales asociados a la barbarie. Así, el "caballero negro" con la habilidad de hacer "descender a las masas las ideas civilizadoras", en palabras de Sarmiento, es erguido como un "héroe moral" y colocado en el panteón de los héroes de la patria.

El tono y el espíritu de esas semblanzas atadas antinómicamente a los caudillos infames por la retórica y la intencionalidad política sarmientina se reproducen aún hoy y dejan poco lugar a discusión. El destacado historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna se hizo eco en 1878 de las apreciaciones vertidas por Sarmiento y del epíteto "héroe negro", que "dicen unos" que "se decía", para referir a Lorenzo Barcala en su época (usamos el juego de palabras para enfatizar en los saberes difusos que recogen las biografías de Barcala).

El busto que talla con su exquisita pluma Vicuña Mackenna enuncia: "Ese héroe fue un negro. Pero por lo mismo que naciera del seno maldecido de una esclava i se encarnaran en su naturaleza física las voraces pasiones de su raza, que él supo domar con las virtudes de la civilización, hácese en mayor grado acreedora su memoria al respeto de sus semejantes" (los destacados son nuestros y la ortografía original).

Un año antes de que viera la luz el texto de Vicuña Mackenna, se publicó en Buenos Aires un Diccionario Biográfico Nacional (Molina Arrotea, Carlos; Servando García y Apolinario Casabal, 1877) que destacó en Barcala los valores que le admiró Sarmiento y enriqueció su semblanza con datos históricos restituidos por el mendocino Damián Hudson en sus Recuerdos históricos sobre la Provincia de Cuyo.

En 1920, Julio A. Muzzio en su Diccionario Histórico y Biográfico de la República Argentina retomó la reseña de 1877 con los mismos argumentos, datos y citas, y, en adelante, buena parte de las biografías y semblanzas han reproducido sin muchos cambios el texto de Muzzio, con citas complementarias de José María Paz, Bartolomé Mitre, Antonio Zinny, Vicente Fidel López.

Recién en 1927, José Canale publicó el hasta ahora único libro biográfico de Barcala, con el mismo tenor que lo anterior. Pero en todo lo que se ha escrito sigue destacándose la impronta sarmientina de apuntalamiento de un héroe y un mártir de la patria desprendido de la historia social de los negros argentinos.

Contrariamente a ese enfoque predominante hasta ahora, en investigaciones en curso buscamos desatar ese nudo de sentido que ha tejido la historiografía para ir más allá -o más acá- del "héroe negro" y revisar algunas afirmaciones no documentadas que se han repetido mucho y explicado poco, por ejemplo: que Barcala fue un esclavo y obtuvo su libertad a partir del servicio en las armas de la patria. En todo caso, un héroe en sentido histórico merece ser bien conocido.

(*) Orlando Gabriel Morales - Investigador Asistente CONICET 

3- Imaginarios sobre África

Por Nazareno Bravo

La música como medio.

 pegatinas rasta en mendoza

Pegatinas rasta en Mendoza. El reggae cultural se hizo fuerte en medio de la crisis de 2001.

La música ha sido, desde siempre, un poderoso vehículo de expresión y comunicación. Tanto los sonidos como las letras posibilitan la identificación de los oyentes a partir de complejos procesos de reconocimiento, reflejo y proyección. El caso de la música reggae, especialmente de aquella vertiente que se conoce como cultural o rasta, resulta interesante desde este punto de vista ya que se trata de un estilo que incluye toda una serie de premisas que apuntan a difundir modos de vida y perspectivas históricas a contra corriente de gran parte del sentido común occidental.

Entre los tópicos más destacados de ese discurso, se encuentra África como "origen de la humanidad" pero también como lugar de un "futuro mejor" en contacto con la naturaleza, tematizaciones que podrían resultar extrañas cuando circulan por contextos lejanos, como en el caso de Argentina. Sin embargo, tanto a nivel nacional como local, el reggae (también su versión rasta) lograron hacer pie y desarrollarse en distintos momentos.

 rastas en jamaica

El reggae tiene su cuna en Jamaica y nace a mediados de la década del 60, fruto de la combinación entre ritmos afrocaribeños de la música popular de la isla surgidos en la década del 40 (como el mento y el calipso) con el rythm 'n blues, el jazz y la ramificación de estilos que cristalizaron a comienzos de los años 60, como ska y rocksteady.

Esta música aparece vinculada con los sectores populares y marginalizados de Jamaica -intérpretes, público y espacios de circulación- en una etapa de marcada movilización social y debate político. Esas raíces quedan expresadas, en muchas ocasiones, en letras con notorio contenido de protesta o crítica respecto de la realidad, asunto que cobró especial relevancia luego del proceso de independencia respecto de Gran Bretaña, en 1962. El reggae incluyó la denuncia de la situación de pobreza, sojuzgamiento y violencia social que se sostenía y hasta profundizaba, a pesar de los avances políticos que implicó la nueva etapa. Debe tenerse en cuenta, además, un contexto internacional marcado por la guerra fría, las expectativas revolucionarias que disparó la experiencia de Cuba y el fortalecimiento de posiciones tercermundistas y panafricanistas.

El reggae rasta se reconoce en aquel momento inicial y se caracteriza por su vinculación directa y, en cierto modo, "militante" con el movimiento rastafari, corriente cultural surgida alrededor de 1930 a partir de la confluencia de procesos históricos y políticos unidos por la cuestión de la negritud: la resistencia de los esclavos y sus descendientes, la religiosidad popular practicada en los guetos y la acción política de organizaciones y líderes del nacionalismo negro, muchos de los cuales promovían la repatriación a África como misión para la población negra del mundo.

Se destacan aquí una serie de aspectos estéticos, como la utilización de imágenes y colores -verde, amarillo y rojo, propios de la bandera etíope- en discos, gráfica e indumentaria, elecciones musicales (percusiones y ritmos, sampleos) y hasta modos de lucir el cabello que aluden en forma directa a los imaginarios sobre África y la negritud.

La llegada del reggae a la Argentina puede ser ubicada a partir de considerar algunos hechos fundamentales. Por un lado, la visita de artistas con renombre internacional (Jimmy Cliff en el 79 y Eddy Grant en el 82); por otro, las interpretaciones realizadas por Sumo -la banda de rock liderada por Luca Prodan, quien incluía en su repertorio piezas de reggae y ska- en los primeros años de la década de 1980, y, finalmente, el surgimiento de bandas dedicadas exclusivamente a este estilo, entre los que se pueden mencionar a Bombo Klat, Todos al Obelisco, Los Pericos o, poco tiempo después, Los Cafres y THC. Todo este proceso es acompañado por la enorme influencia de la música e imagen de Bob Marley, fallecido en 1981, ya consagrado como la primera estrella global de la música proveniente del Tercer Mundo.

  catch a fire de 1973

Catch a fire, de 1973, el disco que marca la mundialización del mensaje rasta a través del reggae.

En Mendoza, algunas de las bandas que iniciaron durante los 80 el trayecto del reggae fueron, según los trabajos de investigación más informados sobre la escena local ("Extramuros" de Cousinet, Padilla y otros publicado, en 2001, y "Aún siguen cantando", de Roly Giménez, 2016), Turbomúsica, Los Perfectos Idiotas y Queridos Feligreses, entre otros, aunque se trataba de proyectos que incluían otros estilos. Hubo que esperar hasta principios de los 90 para que grupos como Parió La Choca y El Cogollo sentaran las bases de una escena de reggae definida.

El denominado reggae rasta creció en nuestro país fundamentalmente en el circuito independiente y, a partir de allí, logró renombre, un público fiel y distinta repercusión mediática. Entre sus principales representantes, pueden mencionarse los trabajos discográficos de Lumumba -verdadera punta de lanza del movimiento en nuestro país- de 1996 y 1997 y los posteriores discos solistas de sus integrantes, Pablo Molina y Fidel. En paralelo, emergieron bandas pertenecientes a esta corriente, como Alika & Nueva Alianza y Riddim. En la provincia de Mendoza, de las primeras agrupaciones dedicadas a difundir esta vertiente se destacan los Eventos Rasta Reggae del colectivo SistaDifusión (2003 a 2008) y Nueve Millas (grupo surgido en 2002), cuyos integrantes también formaron parte de Zona Ganjah, uno de los proyectos artísticos de reggae rasta más afianzados en la actualidad a nivel continental.

Así, África en general y la visión del movimiento rasta en particular, se fueron esparciendo por todas las latitudes a través del reggae, amoldándose a diversos escenarios, sirviendo a millones de contexto musical para encarar la vida cotidiana y ensayar visiones alternativas de la realidad.

(*) Nazareno Bravo - Investigador Adjunto CONICET.

4- Independencia sudamericana

Por  Luis Madrid Moraga

 jose tomas vandors

En el invierno de 1814, en Santiago de Chile, la Junta Gubernativa de la Patria Vieja, emanó el decreto que instauraba la creación del regimiento de "Ingenuos de la Patria", primer cuerpo militar compuesto por esclavos negros del territorio de Chile. Se complementaban las tropas revolucionarias con esclavos y se disponía de su manumisión para el ejército. Un año antes, en Buenos Aires, la Asamblea General Constituyente, decretaba la formación de un regimiento de "esclavos negros". Esto hermanó a los procesos de militarización revolucionaria chileno-argentino, pues dispuso en sus tropas de línea a soldados negros libertos, que luego serían parte de los batallones de libertos del Ejército de Los Andes.

Luego del cruce de los Andes con San Martín, los batallones de afrodescendientes libres y libertos se acantonaron durante casi tres años en la ciudad de Santiago. Estos batallones estaban compuestos por esclavos chilenos y, en su mayoría, por hombres rescatados de las Provincias Unidas. Habían ingresado triunfantes a la capital del Reino tras derrotar a las fuerzas virreinales en Chacabuco.

En la ciudad, las pulperías, chinganas o lugares privados sirvieron de espacios de sociabilidad entre la población que recibió a los combatientes y las tropas del Ejército de Los Andes. En estos lugares hubo entretención, chicha, aguardiente, música y riñas. Los sumarios militares nos muestran los conflictos, orígenes y periplos de varios de los soldados afrodescendientes del Ejército. Soldados negros de Buenos Aires, Mendoza, el Congo, Mozambique, Santiago o Aconcagua, se entretenían y ejercitaban en la ciudad recién liberada.

En ese contexto, una medianoche de julio de 1817 un grupo de soldados del Ejército de Los Andes deambuló por la calle de Los Huérfanos, cercana a la plaza en Santiago de Chile, y golpeó la puerta del castellano "Hermenegildo Martínez". Su criada, cerciorándose del peligro, preguntó quién golpeaba. Ante el llamado "...respondió una voz que era patrulla...". Al momento de abrir las puertas, uno de soldados que oficiaba de sargento, mencionó que "...venía con orden del señor general para llevarlo...". Pero tal orden nunca existió. Saquearon la casa del pulpero y le robaron 40 pesos.

Entre los militares identificados en el proceso se encuentran dos bonaerenses (uno de ellos reconocido posteriormente en Lima, en el Regimiento de Infantería del Río de la Plata, Compañía de Granaderos Primer Batallón, Manuel Espíritu Santo), dos africanos: un angoleño, el otro guineano, y dos chilenos: uno de Valdivia y el otro de Santiago, todos menores de 25 años y pertenecientes al batallón N°8.

El salteo en las calles de Santiago era frecuente, pero resulta llamativo en este caso el posicionamiento de autoridad que se arrojaron antiguos esclavos, ahora libertos y soldados de un ejército triunfador.

La circulación de esclavos en espacios urbanos, que a voz de la historiadora Carmen Bernard no resultaba una rareza en las ciudades latinoamericanas tardo-coloniales, pasó a configurarse en una práctica donde esclavos libertos con uniformes y fusiles hacían gala y, a veces, abuso de su autoridad. Una autoridad que se entremezcló con la experiencia triunfadora del ejército patriota y la gran variedad de retórica y proclamas libertarias que era aplicable al proceso de emancipación contra España y a los propios esclavos.

En la ciudad de Santiago, al igual que en Mendoza o Buenos Aires, era posible contrastar la imagen de sujetos serviles o castigados en plazas públicas con estos libertos del ejército.

En efecto, la participación de africanos y afrodescendientes americanos en los procesos de independencia de las naciones modernas en el extenso espacio sudamericano fue una realidad. Por lo tanto, los alcances de las investigaciones históricas deberían ampliarse en lo geográfico y temporal y no reducirse a lo nacional. Y, en ese marco, analizar las modalidades de participación de estos soldados y su vinculación con los procesos de independencia, examinando sus tránsitos regionales y el pasaje de esclavo a soldado de la Patria.

(*)  Luis Madrid Moraga, Universidad de Chile.

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Opiniones (1)
17 de julio de 2018 | 03:44
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17 de julio de 2018 | 03:44
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  1. Benditas y nunca bien valoradas Guerras del Paraguay y Del Desierto Contra los Malones. Ambas inconclusas en sus causas profundas, pero útiles por sobremanera. Y un así, no sobrevivimos hoy antes la inmigración descontrolada y sin filtros por antecedentes que hubo después de ambas guerras mundiales del siglo XX que dejaron entrar, lo peor de aquellos.
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