Jon Lee Anderson

Jon Lee Anderson: "Trump es un enemigo del periodismo y de la sociedad"

El reconocido periodista admitió que el presidente estadounidense "no tiene límites". Por eso considera que hoy la prensa de su país debe tener un rol más confrontativo.

De visita en la Argentina para ofrecer una conferencia sobre la actualidad del oficio, el reconocido periodista estadounidense Jon Lee Anderson sostuvo que la prensa "es la expresión máxima de la democracia", al tiempo que consideró que bajo la presidencia de Donald Trump su deber como reportero ya no es ser "imparcial" sino "militante".

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Anderson cubrió guerras y conflictos armados en Afganistán, Liberia, Angola o Somalia, entrevistó a dictadores como Agusto Pinochet y Charles Taylor, por un reportaje llegó a dar con los restos del Che Guevara -personaje que retrató en una exhaustiva biografía-, palpitó desde el llano sociedades que vivían bajo gobiernos autoritarios como el de Saddam Hussein en Irak, y trazó perfiles de Fidel Castro, Hugo Chávez y el rey Juan Carlos de España.

Empezó su carrera en 1979, y desde 1998 integra el elenco estable de la revista estadounidense New Yorker; además de ser maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que creó Gabriel García Márquez, a quien también retrató.

Referente del periodismo narrativo, Anderson asegura que ese género tan en auge, "no es más que una forma entretenida de entregarnos lo que pasa en nuestro mundo".

"Desde que éramos seres tribales en los llanos, contamos historias y antes de la historia escrita estaba la tradición oral. De alguna forma el periodismo narrativo cumple ese papel: es como la historia oral de nuestro tiempo, por eso ha tenido un efecto y popularidad tan arraigado en América Latina", dice.

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En una nueva parada en Buenos Aires, ciudad que visitó en varias oportunidades y en cada una se llevó un sabor distinto, Anderson habló con Télam antes de una conferencia donde dialogará con la periodista Maria O'Donnell.

-Se suele hablar de una crisis del periodismo, ¿cuál es su lectura?
-Es obvio que se presentó una crisis con el colapso de la fórmula tradicional de subvencionar los medios. En América Latina como adicional están los pagos de los gobiernos, que también eran un problema porque era una forma de controlar a la prensa. 

"La prensa de una u otra forma siempre ha estado en crisis, sólo que no lo hemos notado porque vivimos una vida muy mediática; con internet ha trascendido que no solamente los periodistas viven en la burbuja mediática sino también los ciudadanos comunes". 

La irrupción en escena de las nuevas tecnologías que permitieron eso y el colapso por la recesión de hace diez años del modelo económico tradicional han hecho que sea un limbo, no se puede medir del todo. Así como algo del periodismo tradicional ha colapsado, hay un abanico variopinto de miles de ejemplos de periodismo, algunos olvidables y otros interesantes.

-¿Por ejemplo?
-Como maestro de la FNPI he estado muy al tanto de proyectos muy buenos en América Latina, como Anfibia en la Argentina o Etiqueta Negra en Perú, que lograron establecerse como una referencia, sobre todo en edición. No han logrado financiarse, tiene que dar talleres para sobrevivir, pero son ejemplos interesantes. Otros encontraron magnates que los subvencionan, como lo que ha pasado con el Washington Post y Jeff Bezos, de Amazon; o George Soros que ha subvencionado a la prensa independiente de América Latina, África y Europa desde hace más de diez años. Ahora hay fuerzas que lo quieren aniquilar, vamos a ver qué pasa ahí. Hay mucha corriente y contracorriente, pero no tengo razones para pensar que el periodismo está terminado. 

"En los Estados Unidos la era Trump no ha hecho más que refortalecer a la prensa de rigor norteamericano. Si alguna vez el New York Times y el Washington Post tuvieron sus futuros en jaque, ahora no. La gente se da cuenta que entre nosotros y Trump no hay nada, sólo los diarios".

-Eso contradice la falta de credibilidad adjudicada a los medios de comunicación...
-Hemos tenido cada vez más una vertiente acrecentada del autoritarismo o la prepotencia en el poder, lo vemos con Trump hoy en día, mandatarios que cuestionan directamente a los medios. El primero en hacerlo de forma conocida fue Hugo Chávez, que a diferencia de otros, como Trump, tenía sentido del humor. Igual creó una atmósfera de amedrentamiento que ha sido bastante contraproducente, el espacio mediático se ha ido achicando mucho. Y ese mismo modelo es lo que se reproduce en los países autoritarios. 

"En la Rusia de Putin muy pocos lo cuestionan en su cara, ni hablar en los países de África o Medio Oriente. No se ve una prensa abierta, libre, de debate. Por ejemplo en el Reino Unido hay una tradición de debate público de la que no pueden escaparse los políticos". 

Pero en líneas generales, entre la amenaza directa física a periodistas en países donde el estado de derecho no está asegurado y este nuevo autoritarismo, se evidenció la flaqueza de algunos medios. Claro que hay intereses de algunos medios tradicionales que no fueron cuestionados, pero siendo periodista preferiría que los cuestione la sociedad y no un mandatario, me parece una batalla injusta que tiene como efecto amedrentar a los demás. 

-Ese debate también puso en estado público que los medios son una fuente de poder.
-En mi carrera me he topado alguna veces con eso y he tratado de manejarlo de la mejor manera posible, como empleado del medio de turno: me refiero a los intereses políticos de las compañías mediáticas. Pero en los Estado Unidos siempre hemos tenido medios de la contracultura, cuando me he sentido restringido pude vender artículos freelance.

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-¿Los medios son un reflejo de la sociedad?
-Son el baluarte para la libertad de la información y la democratización de las sociedades: el 30% de los estadounidenses son tan estúpidos que votaron a Donald Trump, unos 100 millones de personas. ¿Los otros 200 en qué quedamos? Tenemos que ver cómo ese hombre y su séquito destruyen las fibras y estructuras democráticas del país. ¿Quiénes somos lo que ponemos la cara? Los periodistas, dos o tres políticos, nadie más.

-¿El periodismo entonces sería un campo de resistencia?
-Así es, siempre he tenido simpatía con los periodistas jóvenes que luchan por sus causas, aunque creo también que es propio de la juventud... aunque a lo largo de mi trayectoria he sentido que mi deber era ser más imparcial. Hoy en día no. Cuando se trata de una amenaza mayor como Trump hay que ser militante, hay que pelear. Él es un enemigo del periodismo y de la sociedad. Eso no quiere decir que todo mi periodismo se vuelve militante, pero cuando se trata de él sí. Yo no habría dicho esto con (George) Bush, aunque en privado era muy crítico, pero Trump nos ha declarado la guerra.

-¿Y cuál es la vara para medir cuándo cambiar su lugar como periodista?
-Con Trump no hay límite, hay que ser militante. Ahí tienes un hombre que anda todos los días vilipendiado a la prensa, maltratando, y no se puede soportar eso. Todos los medios que defienden la libertad de expresión están en guerra con él y el New York Times no ha perdido credibilidad por estarlo. 

"No sé adónde nos va a llevar esto, si se va a recuperar el espacio de imparcialidad para informar al público. Creo que quizá estamos en un umbral nuevo, pero hay que reconocer que los periodistas somos el pilar esencial de las democracias". 

Si no fuera así: ¿Por qué nos ataca tanto Trump? ¿Por qué mata a los periodistas Putin, que es un gángster enquistado en el poder? Porque somos una amenaza a lo que ellos hacen, su poder depende de nuestra existencia, porque podemos informar a la sociedad y de pronto la sociedad cambia el chip. El periodismo es la expresión máxima de la democracia.

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17 de junio de 2018 | 21:14
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