Marcela Montero

"Yo ya sé que no voy a morir de amor"

La madura visión de una actriz, docente y directora de teatro mendocina

Estamos en un café y, a decir verdad, la charla empezó antes, un buen rato antes y sin destino de entrevista, pero se fue tornando tan interesante para éste que escribe, que se le hizo necesario grabarla y transformarla en publicación para compartir con los lectores que gusten.

Entre muchas cosas, Marcela Montero es actriz, directora de teatro, docente de teatro y creatividad, Magíster en Creatividad, investigadora, ex directora de Teatro Independencia y co-fundadora de Cajamarca Teatro, una de las salas que ha marcado la historia del teatro mendocino.

Es además, hija de Rodolfo Montero, ex secretario de Salud de Raúl Alfonsín y, en Mendoza, ministro de Bienestar Social y Salud de Felipe Llaver, y hermana de la actual diputada nacional y ex ministro de Economía de Mendoza, Laura Montero. Sumemos que es hija de la también directora de teatro y actriz Elcira Lena, recientemente fallecida.

Marcela, además, es una mujer inteligente y franca: “Hay un valor que yo admiro mucho en el otro: es la honestidad. Y no sólo ser honesto con la plata, sino con lo que uno siente, lo que uno quiere y lo que considera apropiado. ¿Sabés quién era así? Fernando Lorenzo; y vos lo sabés. No sólo fue un enorme escritor, sino una persona honesta”, dirá en algún momento.

Como nos conocemos hace veinte años ya, la relación podría resistir cualquier pregunta, por ejemplo, encararla con el peor comentario que se le puede hacer a una mujer: “Marcela, dentro de pocos años cumplís los 50…”. Y no estará mal. Lo haremos y ella no tendrá empacho en responder para echar luz en el asunto de la madurez femenina, pero lo hará más adelante.

Como tiempo, respeto y confianza es lo que nos sobra, comenzaremos hablando de cultura y tal vez terminaremos hablando del amor y de la muerte.

- Marcela, tenés encima  más de 25 años de teatro, ¿para qué sirve el teatro?

- Es una manera de comunicación de persona a persona muy fuerte y que otros medios expresivos no tienen. Es un vínculo muy fuerte y, como también me dijo alguna vez Fernando Lorenzo: es un lujo comunicacional que seguirá existiendo siempre, pero que se lo permiten muy pocos. Podría hablarte desde las miradas más teóricas y académicas, pero lo cierto es que el teatro es un ritual de encuentro con el otro, para decirle cosas. Y sirve desde acá. En otros momentos sirvió mucho socialmente, como pasó con Teatro Abierto, en la década del 80. Ahora, la vertiente social sigue, pero siempre ha sido una expresión artística personal muy fuerte.

- Ustedes, los teatreros, a veces sobreestiman al teatro.

- Sí, por supuesto. A veces, el teatro es sobreestimando y nosotros somos los responsables de hacerlo.

- Sigue llamándome la atención el amor que la gente de teatro de Mendoza le tiene a esta actividad, involucrándose en largos y profundos procesos, llenando de sueños obras, que después disfruta y apoya muy poca gente…

- No siempre hay poca gente en las obras. Justamente ahora venimos de dos años que han sido muy difíciles para el teatro de Mendoza, pero creo que lo que contás pasa con el arte en general. Los artistas no pueden dejar de hacer lo que hacen, y de llenar de contenidos lo que hacen. Esto me lo he preguntado mucho y a veces me digo por qué no soy analista de sistemas. Otras veces he pasado mucho tiempo sin actuar, pero siempre he vuelto. Ahora me resigno: soy esto y lo voy a ser siempre; y lo disfruto. Y algo más: el teatro es un ámbito de libertad. Para muchos que crecimos soportando el Proceso Militar, el teatro se transformó en una herramienta de militancia, nuestra manera de expresión.

- Naturalmente, ahora hay un consumo mayor de estupidez televisiva tipo Tinelli, que de teatro…

- Como dice mi padre, ahora hay mayor pereza intelectual. Todo parece venir servido ahora y no sólo en le televisión. A mí me encanta Internet, pero antes había investigación en libros y bibliotecas, consultas en diccionarios, búsqueda. Ahora todo es más rápido, sin esfuerzo, con Internet.

- Internet hace que la gente que encuentra algo allí no se pregunte si eso es cierto, da por hecho que lo es. Y, también, que la gente cada vez encuentre más respuestas y se haga menos preguntas.

- Estoy absolutamente de acuerdo. Los que somos docentes lo notamos mucho. Un buen docente aspira a que sus alumnos se hagan preguntas, que aprendan a preguntarse cosas. Ahora, la gente deja que Internet legitime cosas sin hacer muchas preguntas. Por eso, nosotros tenemos que aceptar que la realidad cultural para mucha gente no existe. Parece una antigüedad pero a mí, cuando digo que hago teatro, todavía me siguen diciendo “ah, qué lindo y de qué trabajás”.

- ¿En qué andás ahora?

- Junto al actor y bailaor flamenco Pablo Garay, un artista exquisito, estamos trabajando sobre la poesía de Federico García Lorca. No sabemos bien todavía en qué terminará.

- ¿Te pongo en aprietos?

-  A ver… 

- Es sabido por todos que tu hermana, Laura, está en contra de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. ¿Y vos..?

- Y… para mí es difícil tomar una posición, porque no me gusta la dicotomía que está planteada en este país: o estás con el gobierno nacional y sos un zurdito o estás con la oposición y sos un facho…

- Pero, ¿estás a favor o en contra?

- Yo creo que la otra ley era vieja y que había que cambiarla, pero no así, tan rápido. Me falta conocimiento para saber si estoy a favor o en contra… Me pasa esto… Opinamos sin saber los argentinos, en medio de mecanismos perversos, posturas encontradas. Esto me tiene podrida…

- …

- A ver: no estoy absolutamente con la oposición ni absolutamente con el gobierno. ¿Por qué hay que definirse por blanco o negro? Yo no estoy a favor de los monopolios de la comunicación, pero tampoco con esta forma tajante de hacer las cosas. En síntesis, salvo los grandes monopolios, creo que todo el mundo coincide en que había que cambiar la Ley de Medios, pero no de esa manera… Yo estoy cansada de los mecanismos de falta de institucionalidad y de imposición, tanto de uno como de otro lado. Son insultos a la inteligencia.



La vida, el dolor y la muerte



- Marcela, dentro de dos o tres años cumplís los 50... 

- Sí, es cierto… Ha sido un trayecto interesante, me han pasado muchas cosas en la vida como para ponerme ahora a sacar algunas conclusiones.

- A ver…

- Y, ahora empezás a separar la paja del trigo. Hubiese sido mejor descubrirlo antes, pero los procesos son así. A esta edad empezás a diferenciar la necesidad del deseo. El deseo resume lo que a uno lo apasiona. A esta edad, el deseo de hacer cosas importantes ya no está tan tapado por las necesidades materiales de uno o las necesidades de los otros que te definen, los huecos afectivos o los conflictos personales y familiares. Y cuando ya no hay cosas urgentes y demandantes de uno y de los otros, te empezás a mirar.

- ¿Y qué ves cuando te ves?

- Veo lo que quiero hacer, lo que me hace feliz y trabajo para eso.

- Es la madurez, entonces, el momento en que uno se da cuenta de que ha superado algunas cosas…

- Y, sí. Cada uno madura cuando le llega su momento. Siempre vivimos tapados de cosas y con el mandato de los que nos rodean. Ahora, en la madurez, uno empieza a pensar en la muerte de verdad y deja de sentirse invulnerable, que es algo propio de los jóvenes. Cuando uno es joven, se manda cualquiera, porque piensa que no te va a tocar nunca. Ahora, ya no es así.

- A veces, basta con tener un hijo para que nos demos cuenta de que ya no somos eternos.

- Claro, tal cual, porque uno empieza a tener el temor de faltarle. ¿Ves? Sigue rondando el tema de la muerte…

- Sé por qué lo decís y vamos a delatarlo: no hace mucho a  vos te tocó acompañar el proceso de la enfermedad de tu madre (la directora de teatro Elcira Lena) hasta que murió…

- Fue un aprendizaje muy fuerte. En un momento, decidí sacrificar por más de dos años muchas cosas personales y creo que acompañarla día tras día fue un acto de amor muy importante. Pero, ¿quién me dio más muestras de amor que mi madre? ¿Cómo no hacerlo? Ella me parió, me cuidó, me crió; fue mi madre. ¿Cómo no acompañarla? Entonces, en estas situaciones, además de comprender el tema de la muerte, se comprende el tema del amor, como algo muy profundo.

- El amor y la muerte son como las dos caras de la moneda de la vida.

- Sí, el amor te hace tomar la muerte con mayor tranquilidad. La muerte puede ser una idea muy angustiante o una idea que se acepta, porque le toca a todos.

- Hay que aceptar que, cuando muere una persona amada, muere un poco de cada uno en ella…

- Es que la muerte de las personas que nos rodean representa también la muerte de la memoria. El otro es tu memoria. Y esto pasa con las parejas también, cuando se separan; la separación supone la muerte de la memoria de lo que se vivió en conjunto. ¿Quién sabe más de tu intimidad que tu pareja? Y cuando hay separación, hay muerte de esa intimidad también.

- Por eso mismo debe haber también tanto miedo a empezar de nuevo con otra relación, someterse a lo desconocido, correr riesgos otra vez...

- Imaginate lo que cuesta, porque no queremos sufrir más. Por eso está bueno el dicho: cuando uno se quema con leche, ve una vaca y llora.

- El dolor es otro socio de la muerte.

- Y no debiera sorprendernos tanto. La muerte es una toma de conciencia muy fuerte sobre que la vida tiene un término. Por una enfermedad, por un accidente, porque te morís de viejo, como sea, pero tiene un término. Entonces, uno va tomando conciencia de que se acerca a un término, de que es finito, de que no va a vivir siempre. Esto te hace cambiar, te hace ver qué es lo importante y qué es lo que querés. Y también te hace definir las cosas desde el amor, sin tantos dogmantismos. Y te lo digo yo que he sido muy dogmática en mi vida; siempre he tenido en cuenta el “deber ser” y “lo que tiene que ser”. Con los años uno se va despojando de las verdades absolutas.

- ¿Te has sentido determinada por tu mandato familiar y por tu ideología personal?

- Sí, la verdad es que sí. Las personas en buena medida terminan muy influidas por lo que la familia y la cultura les determinan. Por eso, lo interesante de la madurez es que uno ve muy claramente cuáles son los mandatos de uno y cuáles son los que los otros te quieren imponer, ya sea desde la familia o incluso desde el poder, que quiere que seamos funcionales a las construcciones que genera. Yo me siento más completa y satisfecho ahora, siento que tengo menos huecos.

- Culturalmente, la mujer tiene una exigencia mayor a la hora de la aceptación de la edad madura…

- Pero esto también es relativo, porque los procesos son muy personales. Hay gente que no madura nunca y gente de 25 años que es sorprendente. De todos modos, hay una influencia de los ciclos vitales que hace que uno madure sí o sí. Por ejemplo: a mí me gustaría tener más hijos, pero sé que por mi edad ya no los voy a tener y eso me da un anclaje al ciclo vital. Es interesante vivir después de los 40, cuando uno empieza a pensar en otras cosas. En mi caso, lo urgente ya no tapa lo importante. Antes me angustiaba mucho por algunas cosas y ahora me digo. “No tienen importancia”. Y me río, en el medio de un quilombo, me río. Peter Brook, en su lindísimo libro “Provocaciones”, dice que después de vivir todo lo que vivió aprendió que, respecto de las ideas, hay que apretarlas con fuerza, pero también soltarlas con ligereza. Yo ya sé que no voy a morir de amor. Estaré triste, estaré sola, pero que después uno se recupera y sigue.

- Toda tu vida ha girado alrededor del teatro, que tanto involucra al cuerpo. ¿Cómo vivís la madurez de tu propio cuerpo?

- Yo no la siento mucho; debe ser porque lo ejercito. Entreno mucho. Por ahí, la vejez como paso del tiempo me llega más desde afuera, cuando veo a mi hijo Juan que ha crecido tanto, por ejemplo. Y también el espejo me dice que estoy más grande, pero mi pasión no envejece.

- Te debe pasar, como a mí, que cada vez te cuesta más bajar la panza…

- Sí, es verdad, está bien, pero yo incluso con eso estoy más relajada ya.

- A ver: te lo pregunto porque sé que no es tu caso, pero hay minas que se viven sacrificando y hasta operándose una y otra vez para parecer lo más pendejas que puedan.

- Es una cuestión tremenda y que me resulta difícil de comprender. Yo me miro al espejo y me veo arrugas y bolsas debajo de los ojos, pero eso no me saca el sueño. La belleza no es eso. Yo me siento más linda ahora que a los 20 años.

- No sé cómo estabas a los veinte, pero ahora estás guapísima…

- Gracias... Yo creo que tiene que ver con una idea de bienestar. Aparte, como siempre he laburado con el cuerpo, hay una mayor aceptación, casi diaria, del desgaste que tiene. De todas maneras, por ahí me da la loca y tomo dos clases de pilates y empiezo un tratamiento que después abandono rápidamente, por supuesto.

- Es un coqueteo con la cultura de la aprobación y del éxito…

- A veces, uno quiere hacer que sean propias las necesidades de los demás. ¿A quién le estamos otorgando el poder de que nos apruebe o no? ¿Y por qué se lo tenemos que otorgar a otro? Yo he sido muy crítica conmigo misma, ya no me interesa criticarme tanto. Ahora, me gusta más juntarme con mis amigos, comerme un asado y pasarla bien.

- Ahá, ¿cuándo? 

- ¿Este fin de semana..?

 

Opiniones (2)
21 de abril de 2018 | 10:57
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21 de abril de 2018 | 10:57
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  1. hola marce que tal . es extraño porque aunque no me conoces yo cuide de tu perrita celina. un abrazo grande muy buena nota. exelente
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  2. Marce sos lo más !!! buena gente, buena artista, buena amiga, buena madre, buena hija.... CAPAAAAAA !! QUIERO ENSALADITAS CON SEMILLAS !! JIJIJIJIJIJIJI...ABRAZOS !
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