Carlos Levy

"No sé cuánto más voy a vivir, pero vivo"

Poeta, narrador, editor y vendedor de libros antiguos.

A esta altura, con tanta confusión alrededor y tantas versiones del aturdimiento, sentarse a tomar un café con el poeta y librero Carlos Levy es un acontecimiento necesario, casi imprescindible, a fin de no perder la capacidad de reflexión. Levy, además de amigo, es una de esas personas difíciles de hallar por estos días, simplemente por el hecho de que respira poesía y sus ojos están llenos de colores y, cuando habla, parece que rezara a un dios al que le gustan el vino, la buena charla y las espaldas de la mujeres. Hoy por hoy, el gran poeta -el querido Gordo, La Foca- pasa buena parte de su tiempo en su librería de antigüedades en la Galería Tonsa, Saturno 25. Allí, es posible encontrar cosas curiosas, como primeras ediciones de Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Atahualpa Yupanqui, Juan Draghi Lucero, Gabriel García Márquez o Alfredo Bufano. O una edición bilingüe de Antonio Di Benedetto. O una vieja edición de una traducción de Borges de "Hojas de Hierba", del gran Walt Whitman. O un libro, de 1779, "Exposición del libro de Job", Obra Posthuma del Padre Maestro Fr. Luis de León. En fin, tesoros por el estilo.

"Pasamos la vida peleando entre el cielo y la tierra".

El resto del tiempo lo reparte entre su hogar y su mujer, los talleres literarios con Emilio Fernández Cordón y, claro, la escritura. A propósito, Levy acaba de terminar una novela y tiene otro par de libros listos para ser editados, pero quién sabe en esta provincia, en este país. Mejor, dejemos que el poeta nos hable. - Te veo acá, rodeado de libros antiguos y no puedo dejar de pensar en este objeto amado, el libro, convirtiéndose en reliquia en estos tiempos digitales... - Sí, mi librería guarda estos objetos. Libros que se van a perder y libros que seguramente terminarán digitalizados y subidos a la web. En algunos casos, va a desaparecer el objeto-libro de papel y en otros, van a desaparecer obras definitivamente. Por eso, no veo una pelea entre el libro de papel y el libro digital, porque la red está rescatando obras que marchan hacia la desaparición. Para nosotros, el libro de papel tiene una connotación de maravillosa sensualidad... Aparte el libro de papel no requiere intermediario. Lo digital sí, necesita del clic, de los dedos en el teclado, electricidad, pilas. - Igualmente, el libro como objeto que se tiene y que se lleva no va a desaparecer, del mismo modo que el cine jamás asesinará al teatro.  - O la televisión a la radio. O los diarios digitales como MDZ no harán que sigan saliendo algunos diarios de papel. - El libro también es un medio de transporte de la divinidad; es un templo de todo lo divino que hay en la literatura. Y a mí en verdad me cuesta acceder a ese tesoro si tengo que sacarlo de una pantalla de computadora; necesito del objeto de la divinidad que es el libro entre mis manos...- Es verdad, es lo que hemos hecho durante toda nuestra vida. Sin embargo, con Emilio Fernández Cordón queremos ahora hacer una edición en DVD de un libro nuestro, para que el lector lo recorra como quiera, vaya y venga de las páginas. Y que lea en la pantalla y averigüe significados... A ver qué pasa.

"La única salvación del hombre es a través del arte".

 

- Vamos al contenido del libro ahora. Hay quienes consideran que hay menos poesía y que se lee menos aún. ¿Vos creés que es así? ¿Está en riesgo la poesía? - Yo no sé si es así. Conozco mucha gente joven volcada decididamente a la poesía. Y más: buscan vieja poesía para leer. Y busca los orígenes de lo que somos. Yo no creo que se lea menos poesía. Sí creo que hay más gente que quiere escribir poesía, porque piensa que escribir poesía es fácil. Entonces, veo que pasa mucho que una señora que fue maestra durante cuarenta años se jubila de directora y automáticamente se recibe de poeta y pagan el pato los Granaderos de San Martín. ¿Te das cuenta lo que pasa? Hay que diferenciar claramente lo que es escribir una frase debajo de otra de lo que es hacer poesía. Lamentablemente, toda esa gente jubilada de algo va a parar a la SADE (Sociedad Argentina de Escritores). La SADE es el reservorio de la antipoesía, salvo honrosas excepciones, que las hay. - ¿Qué consejos le darías a un lector para que distinga lo que es poesía de aquello que no lo es? - Alguna vez, en un pueblito de Córdoba, tuvimos un encuentro con un viejo poeta que ya murió: Juan-Jacobo Bajarlía. Tratamos de definir con mi amigo qué era la poesía y llegamos a esta conclusión (ayudados también por Alberto Atienza): poesía es una flecha cuya punta es la palabra que da en el centro del blanco y transforma el aire. La poesía conmueve, transforma el aire un instante y hace que pueda haber en el árbol otra cosa que no sea una mesa, sino la aventura, el sueño, el dejar de hacer por un instante, para gozarlo. Después viene otra vez la vorágine y te saca de la sombra del árbol. Es muy difícil definir la poesía, pero para mí es eso y es algo que llega a todos los seres humanos cuando se dejan conmover por un amanecer, un crepúsculo, un amor desencontrado, un momento fugaz de la niñez, una memoria. La poesía se hace con sólo cuatro cosas: amor, vida, soledad y muerte.  No hay ningún texto de la literatura que pueda soslayar eso, siempre se habla de estos temas. Y además, no hay ningún texto que no hable de memoria, porque el hombre habla siempre de lo que recuerda. - Y con las mismas palabras. - Es igual con la música. Se hace toda la música del mundo con siete notas: una tonada cuyana, una sinfonía de Beethoven, una canción de cuna o un cuartetazo. Y toda la pintura del mundo se pinta con los colores primarios mezclados entre sí... ¡¿Cómo no va a haber magia en la poesía, si existen 80.000 vocablos para hablar de tan solo una cosa: la memoria?! Los dos hablan de lo mismo cuando escriben: Calos Levy y Ulises Naranjo hablan de la memoria. Y es tan mágica la poesía, que, diciendo cosas distintas, los dos hablan de lo mismo. - ¿Las formas de aturdimiento de la vida moderna han existido siempre o ahora hay más oferta de aturdimiento social? - No lo sé. Tal vez había otras formas de aturdimiento no tan voraces ni tan feroces. No lo sé. Yo creo que nunca hubo una gran cantidad de amantes de la poesía y de poetas. Nunca hubo más de un 5% de lectores de poesía en la población. Lo que ocurre es que ahora es más fácil aturdirse, ser doblegado es más fácil, pero la necesidad de poesía es mayor. Hoy, la única salvación del hombre es a través del arte. Y no hay más salvación que salvación por la memoria y no por el olvido.

 

"Ahora, ya no reflexiono más; ahora vivo".

 

- Pero, te pregunto para no convertirnos en figuras mesiánicas, ¿de qué nos tenemos que salvar? - Salvarnos por ejemplo del no te metás, de obviar el abrazo del amigo y de los siete jinetes del apocalipsis, porque son siete: los cuatro conocidos y originales, la guerra (según Vicente Blasco Ibáñez) y yo agregaría otros dos: el progreso frío, sin la filosofía del corazón, el progreso sin el hombre. Y el séptimo es el olvido, pero no el olvido sólo de situaciones límite, como por ejemplo olvidar que el Proceso Militar fue la noche más negra de la historia de este país, no sólo eso. También el olvido del amor, la alegría, el juego, la infancia como lugar, el amor dulce de mi abuela que todavía me suena en los oídos. Siempre pensamos en situaciones límite relacionadas con el dolor, pero hay otras como correr en libertad a la siesta también es una situación límite que no quiero olvidar. - Te voy a poner una trampa. - Me gustaría. - Borges decía "la meta es el olvido". Nosotros, por ejemplo, no recordamos a ninguno de los miles de artistas precolombinos que inundaron nuestro continente. Todos fueron olvidados, junto a sus obras. ¿No creés que el olvido siempre triunfa, que seremos definitivamente olvidados, junto con nuestras obras? Debo decirte, querido Carlos, que serás irremediablemente olvidado... - Absolutamente. Así será. El dedo del olvido es el dedo más feroz que hay en el paso del tiempo. ¿Cuántos poetas recordás? ¿Diez, cien, doscientos? Pero esto no tiene importancia, porque el hombre muere -y esto es bien borgeano- cuando deja de ser el sueño o la memoria de otro hombre. La trascendencia es la trampa del artista para burlar el olvido y tan solo durante un segundo y con una sola palabra o un trazo o una armonía. La misión es transformar a otro hombre durante un instante.   - Me has hecho recuperar un instante perdido de nuestras vidas... - A ver, ¿cuál? - Hace unos quince años, estamos los dos metidos en el estanque de El Resuello, la finca del querido viejo, don Ángel Bustelo. Bajo una siesta imposible, vos estás boca arriba y con los brazos abiertos, entregado, flotando inexplicablemente con un madero de naufragio... - Sí, es verdad, qué maravilla... Sigo flotando así.

 

"Logro desaparecer de la tierra para meterme en el cielo".

- Nunca he podido saber cómo mierda hacés para flotar así, en un instante absoluto... - Yo sigo flotando, sigo durmiendo unos minutos sobre el agua. Son dos minutos en los que logro desaparecer de la tierra para meterme en el cielo. Algunos dicen que floto así porque soy gordo... Yo creo que tiene que ver con estar en paz con uno mismo. Yo duermo bien de noche, salvo que me duela la rodilla o tenga acidez. No tengo problemas de conciencia o, al menos, no me los hago y si me los hago, les hago pito catalán. Cuando era más joven, me metía mar adentro y no sabía si iba a volver... - Esta también es una buena metáfora para explicar la naturaleza de la poesía. - Sí, tenés razón... Yo me iba mar adentro, pero siempre volvía. Y ya no me animo. Y ya no me preocupa definir la poesía, sino no faltarle el respeto a la palabra. Las palabras son las diosas y el único Dios sin ateos para el poeta, es la palabra. - Recién nombramos a Ángel Bustelo y te nombro a otros dos viejos venerables para nosotros: Fernando Lorenzo y Jorge Contreras, con quienes también estuvimos en El Resuello. Y te pregunto: ¿Se están acabando los viejos sagrados o es mi mera impresión? - No sé si es tan así. Por ejemplo: la figura de don Ángel Bustelo, ese "Duende y Pólvora", ese Ángel Maravilloso, sigue viva en nosotros. No hay día en que yo no me acuerde de don Ángel Bustelo. Y si leo una noticia del diario vinculada con la solidaridad o los presos de la cárcel, ahí está nuestro amigo el curita Jorge Contreras. - ¿Y Fernando Lorenzo? - ¡Qué te puedo decir del Fernando! Tuve el inmenso honor de publicar un libro junto a él, "Anverso y Reverso". Ese es el recuerdo más hermoso que tengo de él. Lo que más admiré en Fernando fueron tres cosas: su habilidad con las manos para hacer pajaritas de papel, su gran capacidad para enamorar mujeres y fundamentalmente, su intolerancia a los tontos. Hubo dos tipos en Mendoza que me enseñaron a no tolerar a los tontos: Fernando Lorenzo y el Gringo Embrioni. En aquellos tiempos, no dejábamos sentarse en nuestra mesa a aquel que considerábamos un tonto, porque nos hacía perder el tiempo. Y ahora, ahora, yo ya no tomo café con ningún tonto... En Mendoza, ha habido grandes poetas, como Víctor Hugo Cúneo o Armando Tejada Gómez, pero Fernando está por encima de todos. Y no sólo escribía como poeta: vivía como poeta, comía como poeta, hablaba como poeta. Y murió como un poeta: sufriendo. 

 

"Ya no me preocupa definir la poesía, sino no faltarle el respeto a la palabra".

- La verdad, se los extraña a los tres... - Sí, se los extraña. - Volvamos a los libros, en tu negocio tenés piezas únicas que vendés... - No, de vez en cuando vendo uno. - Siendo judío, sos un pésimo vendedor... - Es que hay algunos libros que no sé si quiero vender... A veces viene alguien y me pregunta y me hago el zonzo. Le digo no sé, no lo tengo. Los libros van desapareciendo. Yo no siquiera tengo en mi poder todos los libros que he editado. El primero que publiqué lo tengo porque alguien me lo regaló, porque yo se lo había regalado y ya no hay más. Igual, los poemas se escapan del libro y un día te llaman por teléfono desde Japón. ¿Sabés qué..? - ¿Qué? - La culpa de todo este lío en el mundo la tiene Gutemberg, que inventó la imprenta, los billetes, los contratos, las biblias, los talmudes... Si no seríamos juglares cantando con liras y la poesía sobreviviría igual. ¿Sabés cuántos árboles se salvarían? A veces, me pregunto si valdrá la pena sacrificar un árbol para que yo publique mis poesías. Pero yo no soy un héroe y lo publico igual. - ¿Sabés qué..? Yo creo que sos un héroe, uno personal, mío al menos. Uno que sufre cuando vende un libro y se le va un pedazo de corazón con él; uno que respira poesía y que también se hace el huevón cuando quiere para no enloquecer en manos del mundo... - Gracias, querido.

 

"Yo ya no tomo café con ningún tonto".

- Es difícil encontrar a tipos como vos, con los cuales sentarse a hablar y, sobre todo, sentarse a escuchar, a aprender. - Lo que pasa es que pasamos la vida peleando entre el cielo y la tierra. A veces, somos la tierra y, a veces, somos el cielo. Mirá: si yo tuviese treinta años menos, reflexionaría. Ahora, ya no reflexiono más; ahora vivo. Decididamente, vivo. No sé cuánto más voy a vivir, pero vivo.

 

Apéndice: Poemas de Carlos Levy

 

ARTE POETICA

 

 

Darle

la fe al verso,

cuando insomne busca,

en estricta soledad como la nube pasajera,

           

           la palabra,

 

                su camarada de tormentas.

 

 

 

MI CORAZÖN

 

                     -I-    

Imaginadlo solo,como a un navegador en medio del vendaval, entre la tos del pulmóny un adiós que se avecina;

Imaginadlo,

entonces,después de tanto traqueteo,también húmedo, y de sal,porque húmedo es, y de sal,      como la tristeza es lágrima,      y acaso sin redención,                     tal vez como ella misma.

Imaginadlo a mi corazón, esa víscera, dicen,  en un bolsillo de mi cuerpo,como un reloj viejo y fiel que se                                        colma,         de melancolía,                      cuando la tarde crece.

Imaginadlo,como el origen de esta contradicción                                               que soy,a la vez guerrero y mansoa la vez miel y espanto            un intento león, y cordero a la vez.

Imaginadlo cansado,que no exige,

más de lo muy poco que di,                         y simplemente,

                         por costumbre me sostiene.

Ya no hablamos de libertad,             él sueña el fondo del mar,              y deja que yo mire el cielo estrellado,   

 

                                        y tenemos miedo.

 

 

 

EL CORAZON DEL HOMBRE

      

Como mi corazón

húmedo es todo corazón de hombre,

y húmedos, son sus cuatro continentes,

porque pues,

a ellos van y vienen,

        las arterias como ríos navegables.

 

Llevan todo,

lo que ese hombre es, lo que ama y lo que no.

 

Entonces,

aceptad el corazón como un  planeta,

surcando el universo.

 

Mi planeta-corazón 

tiene, por ejemplo,

América por un lado, la mía,

y por el otro, la otra.

 

Que cada uno 

              llame  a sus continentes como quiera

yo le digo América mía a mi aurícula izquierda

y a la otra,

a la otra,

               por supuesto, aurícula derecha.

 

En mi aurícula izquierda

un  barco de papel y una servilleta,

con las palabras de un  ignoto poeta,

camarada de Cesar,

como él carga,

 su piedra negra sobre piedra blanca;

 

el Río Sueñero

Corrientes y Esmeralda,

El bar de los silencios, El Farolito;

 

Antofagasta

Atacama

La Pampa de Nazca,

la sangre inca

y la sangre maya,

la mapuche sangre y la sangre huarpe

y,

mi propia sangre, sangre inmigrante.

 

En la aurícula derecha bien al norte

un arcabuz y un sable,

un látigo de siete colas

y un lomo indio para el azote.

 

Recuerdo con el Ñato Costantini,

al cretino yanqui mascador de chicle,

y con Guillén,

el negro cubano de la voz aguardentosa,

al marino americano

que en un restorán del puerto

le quiso dar con la mano.

 

 Al este del norte y cercana al norte,

una isla pequeña donde apenas cabe,

tan sólo un parpadeo,

de lo que todavía es un sueño.

 

Si juntáramos corazón con corazón

                     hombre con hombre,

                     acaso,

                     su paisaje,

                     la suma de todos los desvelos,

                     se le parecería.

 

Un territorio llamado adiós

ubicado en una coordenada del destiempo,

tiene mi corazón,

una dimensión de fantasmas,  y una comarca,

donde siempre es crepúsculo

y sólo se llega

embarcado en la melancolía.

 

 

                         Allí, orbita tarde a tarde

 

 

 

PAN DEL CORAZON

 

 

"La noche en que fusilen canciones y poetas

por haber traicionado, por haber corrompido

la música y el polen, los pájaros y el fuego,

quizá a mí me salven estos versos que digo."

                              Antonio Esteban Agüero

 

 

Todos los días

la poesía todos los días,

todos los días como bandera,

como bandera todos los días darla al viento

y que el viento la lleve,

de ciudad en ciudad

de pueblo en pueblo,

sin olvidar ninguno por pequeño que sea;

 

casa por casa de puerta en puerta

cada lugar del valle al mar con su poema,

y cada hombre,

        porque es pan del corazón

 

y todos los días a nosotros el pan nuestro

 

¿No oyeron ese canto acaso,

nacido elemental y puro en la ronda de los niños,                      

leudar ingenuo con la ganas

de una muchacha de amor primerizo?

 

¿Ser consuelo después del adiós

cuando hambriento lo reclama?

 

¿No lo supieron crepúsculo

árbol nube baja tempestad

planeta

universo

vida,

esa piedad de milagros alborotando

un pedacito del espacio?

 

Yo doy,

fe a la poética del verso insomne

hablándole a la mano del suicida,

camarada empezar de nuevo mañana cardinal

 

Y es batalla, claro,

mucha batalla,

todos los días batalla.

 

Es pan del corazón

 

Y ustedes

Sí, a ustedes les digo,

poetas de laboratorio,

¿se preguntaron

por Federico y la sangre derramada?

¿saben que aún llora la guitarra de Víctor?

a ustedes,

¿les dieron, alguna vez,

duro con un palo  duro como a César?

 

No saben nada

la poesía no es libre,

esta presa del abrazo humano y necesario

 

Es el pan del corazón y ustedes,

farsantes,

meros ordenadores de palabras

que osan llamarse a sí mismos

pomposamente poetas,

al traicionar su espíritu la han corrompido

 

Les digo:

sus metáforas tan pulcras ellas

declamadas a patéticos exegetas

no son perfectas,

están muertas,

porque son ustedes vanidosos

y navegan tan por arriba capitanes celestes

que aún soberbios como dioses,

no supieron darle vida.

 

Mientras tanto,

dispensadme los exabruptos y sed felices,                 a puertas cerradas,

           muy bien,

           realizad  vuestras selectas tertulias,

           escuchaos los unos a los otros,

           y aplaudíos,

           regocijaos mucho        

                 cuando dicen vuestros  nombres,

           ahora,

           aprovechad,

           el olvido vigila.

 

        Pero hacednos un favor a los mortales,

 

                              con el pan, no jodais.

 

 

 

LA PLAZA DE LA MUJER TONTA

 

 

                                                       "Vendrá la muerte y  tendrá tus ojos"

                                                                                              Cesare Pavese

 

Vuela  el pájaro y espía  la eternidad,

de todos modos,

 vendrá la muerte y tendrá sus alas;

 

la mano del amante reza

sobre el muslo quieto de su amada,

caricia nuestra de cada tarde y jura,

un amor inacabable.

De todos modos, Igual que al pájaro,

a los dedos de esa mano

viene la muerte  y le lleva  las uñas.

 

Un niño juega y en su juego pisa una hormiga negra,

mientras canta una canción de ronda, 

la muerte mira, mira y trama,

de qué manera,

se comerá su tarareo;

 

una flor,

baila oronda en su cantero

y silba el viento entre las plantas su son de viento. 

 

Una mujer que pasa la flor arranca para su florero,

fue la muerte que vino y frenó su danza.

 

Un árbol la divisa y pesadilla,

que la muerte es hacha y tendrá sus ramas.

 

Entonces,

la canción del niño será

un silencio en la ronda por un pájaro,

y otro después, por una hormiga muerta.

 

Después más silencio por el amante y su amada

y más por sus manos, después;

 

y  silencio habrá por una flor cortada,

y por el viento y por el árbol habrá silencio.

 

Después de después

Yo lo mataré cuando llene los huecos del aire,

y escriba,

en nombre del niño una canción de ronda

y por los amantes otra de amor.

                                               

En recuerdo del pájaro serán y de la hormiga,

por la flor y por  el viento;

 

Será mis canciones memoria pura flotando en la tarde,

hasta que venga la muerte

y golosa  se  coma la tarde.

 

La única que cantará entonces

será la tonta mujer mientras llena

           de flores muertas su también tonto florero.

 

           No sabe que la muerte toca su espalda.

 

 

 

 

LA MUJER EN LA BOTELLA

 

El hombre,

mira a través de la ventana el salón lleno de gente.

 

La gente habla, brinda y ríe,

él no tiene con quien. Carga,

encima un vino espeso y solitario.

 

Ñata contra el vidrio en un azul de frío

elige una mujer.

La que le parece más cercana a su recuerdo.

 

Casi sonriendo la entinta en su botella.

 

Cuando vuelva a su pieza

la frotará para que salga a calentarle la cama.

 

 

 

LOS FANTASMAS DEL BAR EL FAROLITO

 

En este bar,

cada uno tiene el suyo.

 

Después del crepúsculo

desde el imperio de la media luz,

de un territorio de ayeres,

y por un mar que no figura en los mapas,

vienen,

cuando el reloj se detiene en el destiempo,

                             

vienen.

 

 

El hombre,

que bebe,

convoca una mujer con su alcohol

                                 y en el humo

,

                                               la dibuja.

 

Primero  como una voluta

una incipiente figura después

hasta que la torna como él la recuerda  y le pregunta,

 

Por qué te fuiste de mí y cree que ella le contesta;

y por qué no volviste y cree escuchar que se justifica;

 

mejor estaría muerto y acaso siente que le pide perdón.

        

         Enciende un cigarrillo el hombre que bebe

         y a su recuerdo le dice,

                                             te perdono.

 

         En el bar El Farolito cada uno tiene su fantasma,

                                              menos el loco.

        

         El se ríe de los hombres que beben,

        

                                               y hablan a las sillas vacías.

 

 

 

MELANCOLÍA

 

Lo cierto es que se viene,

a la vida como un cuerpo,

y  a la muerte,

se va

sólo como aire.

 

Ingrávidos

flotan los restos en la tarde.

 

           

Después de tanto  y tanto adiós,

lo ido se aferra al no me olvides

como un náufrago al madero,

                    pidiendo clemencia.

 

                       

A la deriva va y viene

peregrino penitente en la deshora,

ese destiempo,

donde se enaira,

todo aquello que uno fuera,

 

                        acaso,

                        nada más

   que una suma y resta de valor y cobardía.

 

Esta tarde llueve leve y no corro,

camino,

detrás de mío como un deudo y me conformo

 

                                         con esta cosa de la melancolía.

 

 

 

LA COSA EN EL CIELO

 

 

Para A. S.

 

 

Cuando apareció la cosa en el cielo

perros ladraron

y gallos cantaron a media mañana.

 

La descubrieron primero

niños rondando,

y e   l jardinero tuerto de la plaza,

que,

entre mal que veía y el asombro,

podó del rosal,

la rama que no debía.

 

Hubo un escándalo de pájaros

y  se alborotó una retama.

 

El pueblo entero vio la cosa en el cielo.

 

El cajero del banco levantó la vista,

de manera,

que  también la vio a través de la ventana,

y fue,

para él

una piedad salvadora,

que lo rescataba de los números infieles.

 

Un jubilado que esperaba en la cola

y una solterona atormentada en soledad;

un rengo y su perrito

el diarero que pasaba

y una mujer con su lampazo;

el borracho que volvía

y su mujer que lo retaba.

 

Todos vieron la cosa en el cielo.

 

Una beata

camino a la iglesia y el cura,

que como en todo pueblo

esperaba en la puerta,

mirando la altura.

 

Al ver lo que sucedía

cura al fin,

no pudo menos que invocar a Dios;

ni tampoco la monja

que paso etéreo casi danza

barría el atrio.

 

Otra virtuosa que llegaba le preguntó,

persignándose,

si  era  esa

la señal del último día

o la ira de Dios,

y el cura respondió,

por no decir milagro

y por si acaso pecado,

arrepiéntete, arrepiéntete,

mientras la monja se dejaba llevar

en un tembloroso rosario

Madre de Dios ruega por.

 

El intendente

ya preparaba el discurso

viéndose a sí mismo en los bronces

y el policía custodio

sacó  el seguro de su arma.

 

Todos vieron la cosa  en el cielo.

 

Desde las puertas y zaguanes;

desde las ventanas abiertas de par en par.

 

Los parroquianos del único bar

resignaron su desayuno,

algunos,

y grapas tempraneras otros,

saliendo a la vereda para sumarse a la visión.

 

Todos vieron la cosa en el cielo.

 

-Apareció de golpe- dijo uno;

Es un  espejismo, dijo otro;

Son nubes engañosas, replicó un tercero.

 

Hay quienes decían haberla visto venir del sur.

-Que no, que vino del  oeste.

-No señor, del este.

-Que va, del norte vino.

 

Que eran imágenes del diablo,

que imágenes de un ángel;

que agujeros de ozono,

o huracanes

que estaban abriendo el cielo como a mares;

una selva con las ramas hacia abajo,

semejantes a un zarzal ardiendo,

y fue visto como un manantial también.

 

Cada habitante veía una cosa distinta.

 

Los niños que la descubrieron

dicen haber notado un trompo,

y de sus chispas,

salir los personajes de un cuento;

 

un reloj,

detenido en el tiempo y en la hora de la siesta,

vio un hombre que recordaba su propia niñez,

y bajo un sauce un mago,

que le dibujaba sueños y pesadillas;

 

una calle, otro,

por la que se desbocaban

cuatro caballos de distinto color.

 

-Allí, allí...

señaló un anciano mientras murmuraba  un nombre.

 

Un desposeído,

vio un arado transfigurado en árboles de pan,

y una espada flamígera vio;

 

un salón de baile y un largo vals

la mujer que desesperaba.

 

Un poeta describió todo aquello

como una metáfora azul,

que otro quiso en cambio,

ver verde como el mar y otro,

transparente                                           como el límpido nacimiento de la lluvia.

 

Cosas diferentes se vieron como ojos había.

Un ecologista comentó que un sapo advirtió en ella, una rueda de camión y la esquivó, descubriendo un enorme estanque.

En una esquina dos discutían:

-Es fuego- atinó uno

un crepúsculo en la mañana,                                 discutió el otro;

se agranda- señaló el primero

y mire bien,

bien se nota que se achica- masculló el otro.

 

Es el fin, es el fin- gritaban muchos,

y muchos no: Esto recién empieza.

 

Durante dos días nadie cobró deudas

nadie nació ni murió ni estuvo solo

nadie tosió nadie enfermó

y nadie apuró por su sopa

porque todos vieron la cosa en el cielo

 

A la mañana del día tercero

la cosa  desapareció,

y todo aquello,

que tenía ojos comenzó la peregrinación.

                       

                                       El ciego pregunta adónde se fueron.

 

 

 

LOS MAREADOS (COBIAN Y CADÍCAMO)

 

Rara, como encendida,

te hallé bebiendo,

 

y me contaste

otra vez  la historia,

de cómo te habías vuelto un adiós suelto a la tarde;

 

cómo,

en un barco inmaterial habías partido,

hacia el corazón del crepúsculo,

y en un naufragio,

te quedaste para siempre en la noche.

 

Ya no soy la que fuera- me dijiste.

 

Sin embargo yo te encontré igual de linda,

 

linda y fatal,

y en el fragor del champán,

 

mientras,

vos recordabas,

los dulces nombres de tu infancia,

y de nuevo,

asomaba por tu cartera,

aquella,

trajinada foto tuya de niña junto al río.

 

Ahora el humo pesado te abruma en la nostalgia,

y vuelvo,

a saber de tu padre pescador,

de tu mamma italiana,

que hacía los tallarines como nadie;

 

de tu hermano muerto y de un gato llamado Felipe;

de una muñeca de trapo

que te ensoñaba y de un payaso,

                           que te hacía reír.

 

Y así recordando y bebiendo, bebiendo y recordando,

ya envuelta  en el quebranto,

dejaste sentir tu risotada

 

loca reías, por no llorar.

 

La noche,

esa,

que iba ser de un tierno reencuentro;

noche de fiesta al fin,

se había convertido en una incipiente tristeza,

 

y yo también cargo lo mío.

 

No existe en la tierra,

quien no tenga un adiós incomprensible,

y el recuerdo,

de algo que pudo

no haber sido pero fue.

 

pena me dio encontrarte,

pues al mirarte,

 

me vi yo mismo en un andén de trenes,

partiendo sin saber,

que sólo volvería  enumerando mis fracasos,

y en ese momento...

 

yo vi brillar tus ojos con un eléctrico ardor,

tus bellos ojos que tanto adoré

 

pensé,

que todo pudo ser de otra manera,

sin embargo,

mirame,

soy sólo un pobrecito hombre,

que no supo un día guardar lo que amó.

 

Esta noche amiga mía,

el alcohol nos ha embriagado

 

y entre trago y tango,

tango y trago,

quien te dice gane la batalla,

la memoria buena,

y nos tire,

como una limosna,

un pedacito de su piedad.

 

Mientras tanto,

 

que importa que se rían,

que nos llamen los mareados,

 

yo también quiero llorar,

no es más hombre el que no llora,

sino aquel que sabe por qué lo hace.

 

Cada cual tiene sus penas

y nosotros las tenemos

 

y brindemos amiga mía,

levantá tu copa de champán que es como un mar,

y decí conmigo, decí,

no tengas miedo y cantá,

 

esta noche beberemos

porque ya no volveremos,

a vernos más.

 

Uno se va de lo que ama a cada rato,

así está escrito,

y adiós.

 

Hoy vas a entrar en mi pasado,

en el pasado de mi vida

 

serás un fantasma rondando,

cada día;

cada día tarde o noche,

sin poder,

llevarte jamás al olvido,

cargándome aún más,

aún más,

aún más de penas,

 

porque tres cosas lleva

el alma herida, amor, pesar, dolor.

 

Sí,  definitivamente,

hoy vas a entrar en mi pasado,

y no creas que no sé,

que fue el nuestro un gran amor,

pero ya ves

vivir manda,

 

y hoy nuevas sendas tomaremos

que grande ha sido nuestro amor

y sin embargo ay, mirá lo que quedó.

 

 

 

Opiniones (5)
23 de abril de 2018 | 13:14
6
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23 de abril de 2018 | 13:14
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Gracias por permitirnos "conocer" un poco mejor a Carlos Levy. Es un artículo reconfortante para el espíritu.
    5
  2. Carlos querido, me hiciste volver a aquellas reuniones con el Gringo, con Fernando Lorenzo, con el flaco Crisoliti -bah, todos éramos flacos-, en un bar de quesos y vinos. Solía estar una dama cuyo nombre y recuerdo se me esfuma. Embrione se reía de Lorenzo y le llamaba "vieja dama antigua" y éste replicaba burlándose de la raya al medio con que se peinaba. Y vos, de vez en cuando, te animabas a fumar alguno de mis cigarrillos sin filtro. Ulises, perdonáme si te digo que no debe ser difícil realizar una entrevista excepcional, como esta, con semejante interlocutor. Un duelo de maestros espadachines. Un lujo Ahora que se nos fue también el suple Cultural, bueno sería insistir por este lado. Digo, por ahí mencionan a Fernández Cordón a quien parece ser que se le dan bien estas cosas de la narrativa. Ojalá
    4
  3. ... la imprimo y me la llevo a casa para disfrutar en este día gris.
    3
  4. Carlos, qué gusto leer tus palabras. Te mando un abrazo desde México
    2
  5. Hermosa entrevista. Felicitaciones Ulises.
    1
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