Luis Alfredo Villalba

"En Mendoza se vive la cultura del pochoclo"

Escritor, cineasta y docente.

Luis Alfredo Villalba es escritor, director y guionista de espectáculos vendimiales, amante del cine y docente de las artes audiovisuales en Mendoza y en otro país, San Luis. Es además un exquisito de las bellas artes y toda su familia también está identificada con estas búsquedas.

Así es, pues Gonzalo, el mayor, es director de coros e integrante del dúo humorístico “Los Bípedos”; Ramiro es profesor de teatro, actor y director teatral, dramaturgo y docente de cine y Juan, el menor, es músico, periodista y actor. A su vez, su ex mujer Lola Filippini, es escritora y las contratapas de sus dos novelas (“Cartas a la Habana” y “Las orillas”, a punto de ser editada) son prologadas por Luis.

Entre los libros de nuestro entrevistado, citemos sus últimos tres en poesía: “Persona”, “La muchacha del café” y “Hoteles baratos”; en narrativa, “Los cuerpos”; en teatro, “La dulce espera”; en cuentos para niños, “Cuaquito” y su guión “El hijo” (largometraje en pre-producción).



El 9 de setiembre, este prolífico hombre de las artes y el pensamiento, y de formación naturalmente de izquierdas, cumple 70 años. Buena ocasión, entonces, el balance que supone esa cifra para sentarse a charlar con él y a aprender de él.


- Estás a punto de cumplir 70 años, ¿te sentís viejo?

- La vejez es una cuestión cultural, muy asociada con los cuidados, con “no enfermarse”, pero lo cierto es que hay un mandato que tenés que enfrentar cuando te volvés viejo: tenés que elegir si te dejás morir o si seguís activo dando batalla. El tema es no quedar afuera de las propias posibilidades, no aceptar pasivamente la vejez. No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor; todo tiempo pasado, pasó.

- De todos modos, aun para tipos tan activos como vos, debe haber evidencias fuertes del paso del tiempo…

- Sí, claro, se nota en el cuerpo, pero te puedo decir también que en los últimos veinte años yo he escrito más libros y he hecho más espectáculos que a lo largo del resto de mi vida vivida. Tiene que ver con lo que hago, pero mi productividad… No, mejor dicho: mi creatividad (porque productividad es un término muy capitalista) ha florecido. Para mí es una pauta importante. Y no son cosas que hice para comer, porque algunas me dieron de comer, pero la mayoría no. Lo hice por necesidad interna de seguir curioseando. No hay que dejar de crecer nunca, porque uno puede dejar de crecer, si quiere, a los veinte años. Yo sigo aún descubriendo aspectos positivos y negativos en mí que me hacen crecer.

- Vos fuiste plenamente joven durante la década del ’60 y viviste toda esa época de ideales. ¿Te sentiste identificado?

- Sí, mucho. Yo participé mucho de  los ’60 y los ’70 y propicié desde mi lugar mucho de esos cambios. Lo llamativo que el salto de la década del ’50 a la del ’60 es que fue abismal. Hay un abismo en la manera de vivir que se dio en muy pocos años. En Mendoza, se pasó de la misa en latín y los brazos cubiertos a las misas en castellano y la minifalda. Fue un cambio tremendo. Ahora, noto que hay una característica predominante en nuestra sociedad: es la vanalidad. Por suerte, hay algunas resistencias a la vanalidad, pero, en los años ’60, la cosa estaba empatada. En los ’90 estuvimos a la defensiva, viendo lo que pasaba y ya hoy, casi todo es banalidad. Esta es una de las etapas más obscenas del capitalismo. Ahora ya no se habla de la obra de un artista, sino de los productos de un artista. Hace falta una lectura crítica de la nueva modernidad.

- También es cierto que hay una visión muy idílica de los ’60…

- De aquellos años me molestaba mucho el mesianismo y eso de “la revolución ya”. También me molestaba que la mayoría del marxismo viera a la historia como una necesidad y no como una posibilidad.

- Agreguemos que hace falta en el propio marxismo o al menos en muchos marxistas una análisis evaluativo respecto de sus propias derrotas y fracasos.

- Hubo minorías como el marxismo de Henry Lefebvre en Francia o el de Antonio Gramsci o nuestro caso con León Rozitchner. Ellos siempre han tenido una mirada sesgada del proceso histórico vinculando con otras disciplinas como el psicoanálisis. U otros casos más vinculados con la literatura…

- Hay vinculaciones habituales que hacen foco, en particular, en las características de lo literario en Friedrich Nietzche o Martin Heidegger, por ejemplo…

- Bueno, justamente. La idea del filósofo profesional es del positivismo; tal vez, desde Descartes para acá. Antes, había una mirada más unificada entre el filósofo y el escritor. Por eso, a los filósofos siempre les ha gustado hablar de la belleza.

- ¿Qué función cumplió para vos el cine desde su nacimiento hasta la mitad del siglo pasado?

- Fue una importante vía de conocimiento. Las películas nos mostraron cómo somos nosotros. Además, sirvió para enseñarnos a mirar el mundo: alguien que ha ido al cine mira de un modo diferente respecto de alguien que no lo ha hecho.

- Aparte, masificó artes. En ese cine, está contenida la literatura, el teatro, la arquitectura, la fotografía, incluso la pintura…

- Absolutamente. Ahora, se habla de espectáculos multimedia, pero el cine es eso. Después, es importante ver qué rescata la historia del cine de esa época, porque hay miradas muy “yanquilandia” que omiten fenómenos muy importantes como el avant garde o aportes de filmes como “El perro andaluz”.

- Paradójicamente, el cine de Hollywood como resultado no puede entenderse sin hacer un estudio profundo del expresionismo alemán, propio de la vanguardias europeas...

- Y, las primeras grandes películas del cine de Estados Unidos, son influencia totalmente europea: Charles Chaplin o Fritz Lang, por ejemplo…

- En este sentido el ambicioso concepto de “Metrópolis”, de Fritz Lang, influyó definitivamente en la historia del cine de Estados Unidos.

- Sí, totalmente… Y con esa capacidad para mezclar lo puramente ficcional con lo más documental e histórico.

- Y da para pensar: qué poco ha hecho el cine de 1927 a la actualidad… Esa película parece contener a buena parte de la historia del cine.

- ¿Sabés qué pasa? El cine en esa época era una novedad absoluta y desde ahí se hacían películas. Aparte, en esos años ellos estaban inventado el cine. Fueron años increíbles. Después, se empezó a escuchar también, dejó de ser cine mudo. Mirá: mi primera película fue “Bambi”, la vi en 1945 y ya en esa época el cine había pasado a formar parte de lo cotidiano. Todos íbamos al cine.

- ¿Y qué cineastas asociás con miradas ambiciosas como las de Lang?

- Peter Greenaway y David Lynch, por ejemplo, manifiestas búsquedas superiores. Y también la veo, en el caso argentino, en la película “La antena”, de Esteban Sapir, que resume toda la historia del cine. Para mi gusto, esa película es una maravilla… 

- Yo agregaría también al mendocino Leonardo Favio...

- Sí, claro. Y el cine tiene estas cosas, de lecturas y relecturas. La “nouvelle vague”, por ejemplo, es una relectura del cine mudo. Y el cine que se está haciendo ahora en Argentina es, según creo, una relectura del cine de los ’60.

- ¿Qué impronta artística dejó haber tenido en la década del ’50 en Mendoza unos estudios tan importantes como Film Andes?

- Artísticamente Film Andes dejó poco, muy poco, porque se dedicaron a hace cine en serie y siguiendo los mismos parámetros de producción que ya Buenos Aires y Estados Unidos. Prácticamente todas las películas fueron para el olvido. La única que tiene cierto valor es “El último cowboy”, de 1952, y el valor que tiene es que fue un western hecho en broma. Las otras ni siquiera se puede ver… Era una gran oportunidad pero la perdieron por no tener casi ningún nivel artístico.

- Llamativamente, en donde estaban los estudios terminó habiendo después una fábrica de Coca-Cola…

- Sí, allí se fabricaban películas al principio y después, refrescos. Film Andes fracasó porque la gran mayoría de las películas artísticamente eran malas. Y desapareció, ¿por qué? Porque volvió el cine industrial a Estados Unidos, que aun siendo industrial, era más cuidadoso con las películas. También tuvimos el problema de la pacatería, la moralina y la censura atroz que siempre ha habido en la Argentina, no sólo por parte del Estado, sino también por parte de la Iglesia Católica.

- ¿Y después qué pasó aquí?

- Después no pasó más nada, no se hizo casi nada hasta la década del ’90, en que se hicieron algunas cosas. Ahí empezaron a hacer cosas algunos jóvenes y surgió la Escuela Regional de Cine y Video. Ahora, hay algunas personas haciendo cine para pensar, para fortalecer el pensamiento crítico. De todas maneras, al no haber una industria en Mendoza, los buenos se van.

- ¿Dónde está para vos la dificultad para hacer cine en Mendoza?, ¿qué nos falta?

- Yo creo que falta de todo un poco, pero sobre todo reforzar la necesidad espiritual que te lleva a tener una cultural propia. El mendocino se conforma con consumir lo que viene de afuera. El mendocino medio se conforma con la cultura del pochoclo, el arte del pochoclo, el cine y la literatura del pochoclo… Si una sociedad no tiene un proyecto cultural, no va a ningún lado y eso es lo que nos está pasando.

- ¿San Luis Cine es un ejemplo para nosotros?

- Mirá con todo lo criticable que puede tener el proyecto San Luis Cine y con los caprichos que puede tener el señor Rodríguez Saá, de alguna manera se están haciendo cosas. Te lo digo porque conozco el tema, pues soy profesor en San Luis. Ahora, por ejemplo, alumnos, egresados y profesores haremos el primer largometraje de escuela. Esto es muy bueno. Y, discutible o no, allí hay una política cultural, cosa que nosotros en Mendoza no tenemos.

- Proponés que imitemos esto…

- Sí, imitemos aquello que sirve. Aquí, en Mendoza, después de Film Andes no hubo ningún proyecto serio. La cultura en Mendoza ha sido siempre el último orejón del tarro. Encima, se vive la cultura del pochoclo. Andá a preguntar qué tipo de libros se venden más… Está bien el entretenimiento, pero no es lo único. Falta la emoción y la reflexión. Y en todo caso después plantearse si el arte es para minorías o no y si el sistema capitalista favorece o no al arte. Al respecto, te recomiendo que veas al última película de Costa-Gavras, “La corporación”, que es una sátira de humor negro feroz a los tiempos que vivimos. Es la historia de un ejecutivo que se queda sin trabajo. Vela.



- Bueno, la voy a ver. ¿Y qué ves en Mendoza?

- Veo que mientras le dan más de 300.000 pesos a quienes traen a Los Cadillacs, el Museo de la Historia Cuyana no tiene 100.000 pesos para que no se venga a pique. Si hacés está comparación te das cuenta de cómo estamos y qué se prioriza. No les importa la producción artística local.

- Tus tres hijos, Gonzalo, Ramiro y Juan, están fuertemente ligados al arte, cosa que debe enorgullecerte. Y tu ex mujer y la madre de los chicos, Lola Filippini es escritora, ¿fue una determinación de padres el destino artístico?

- Sí, es verdad y nos enorgullece a Lola y a mí. Y también mis nietos son artistas. ¿Sabés qué pasa? En mi casa siempre se respiró arte y se sigue respirando. El ambiente determina mucho. En mi casa, la biblioteca siempre ha estado abierta: al principio, los chicos hacían casitas con los libros y después lo leyeron. Y siempre se escuchó música clásica de manera muy habitual. Ellos hacían su vida cotidiana con una sonata de  Chopin de fondo. Y después han hecho lo mismo en las familias que han ido formando. Y nuestras discusiones familiares tienen que ver con que si uno prefiere a Stravinski y otro a Beethoven o si es mejor Bergman que Greeneway. Fijate qué importante es la educación en el hogar. Las otras discusiones tienen que ver con el fútbol, porque somos todos fanáticos tombinos…

- Sí, te veía pechito frío, medio aputonado hablando del arte, los libros  y la musiquita…

- (risas) Y qué querés, soy del Tomba desde los ’50… De ahí me viene el aputonamiento. No tengo otro remedio…

 

Opiniones (3)
19 de febrero de 2018 | 09:15
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19 de febrero de 2018 | 09:15
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  1. Chopin, no Shopen. Excelente nota, interesantísima.
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  2. LUÍS VILLALBA...CON LA SIMPLICIDAD DE LOS QUE SABEN...
    Posiblemente sea Luís uno de los artistas de más bajo perfil en Mendoza, no por autismo o porque su importante producción artística no tenga méritos, sino porque prefiere el hacer al decir, por lo menos metaforicamente hablando. Y como todo pensador con fundamentos, tiene razón al decir que vivimos la cultura del pochoclo, o la de los fuegos artificiales, fugaces y mediáticos que nos encandilan y que luego de un minuto nos devuelven a la oscuridad. Como corresponde y es tradición en nuestra Provincia, no se le ha reconocido a Luís su valioso aporte al desarrollo artístico-cultural, claro que el no ganó ningún ciclo televisivo, aún cuando pudiera ser el autor del ciclo. Y digo ésto con todo el respeto por los cantantes mendocinos que ganaron o fueron finalistas en el ciclo de TV., pero el reconocimiento a un artista debe ser a través de su trayectoria y no de su comienzo. Mientras sigamos aplaudiendo a los pochoclos.
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  3. demuestra claramente la impotencia de un leproso que no va a la cancha hace añares porque el equipo de sus desamores no le transmite pasión (aunque tiene spot circulando por la radio que habla de la pasión) es decir necesitan spots publicitarios que habloen de la pasión. En sintesis mi hermano y vecino ulises. somos de primera y nos verás siempre desde abajo. tu amigo marmat que nunca descansa.
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