Juan Faerman

"Estamos acostumbrados a resolver todo en 30 segundos"

Escritor y creativo publicitario.

Juan Faerman es escritor y creativo publicitario.  Pero la facha no lo vende. Está muy lejos de “los lentes negros de marco grueso y del morral al hombro” –el arquetipo de un publicista, según sus palabras-.

La impresión, sin embargo, cambia cuando habla.

Una vez que se presta a la charla, la verba le sale con desenfado y ligereza (no es, lo que se dice, “hombre de pocas palabras”) y sólo entonces sus dos facetas, como Pólux y Carter, los gemelos de Géminis, saltan a la vista.

Como publicista, Faerman incursionó en gráfica, televisión y radio. "Aunque empecé en marketing directo, siempre me gustó trabajar en ‘publicidad ATL’ o masiva", explica sobre las aristas que exploró mientras se dedicaba de lleno a su profesión. "La escritura vino después", reconoce.

Es que recién hace 2 años pasó de la cocina de las agencias al complejo mundo de las palabras. Y eligió el humor como canal expresivo. ¿Osado? Sí, claro. 

Pero no le fue tan mal. Una de esas aventuras es Sonata telefónica, obra ganadora del concurso de guión que Les Luthiers lanzó en su 4º aniversario y otras, los párrafos que actualmente traza como parte del staff de la revista Nah.

El ápice de este cambio, sin dudas, es su primer libro: 36 Edición… 200.000 Ejemplares vendidos!!!  Y otros cuentos, material con el que, luego de tres libros “aún no editados”, Faerman, el autor, sale al ruedo editorial. Adivirtiendo, eso sí, que "no es un libro que pueda ser contado por otro".

- Hablemos acerca del libro, ¿son cuentos?

- No lo son en el sentido estricto. El título lleva ese nombre en función de un chiste –la tapa juega con eso-.

- ¿Cómo los definirías entonces?

- Son textos. Cuando empecé a escribir este libro sentía que para ingresar en el mercado editorial como autor, no podía entrar con una novela.

- ¿Por qué?

- Porque para evaluarla, saber de qué viene el asunto, tenés que leer por lo menos unas 20 páginas. Como eso significaba que se me cerraran varias puertas, decidí hacer este libro de textos cortos. Tranquilamente, lo podés leer en cualquier página y enterarte de qué se trata.

- ¿Y de qué se trata?

- La idea era jugar, experimentar, con diferentes estilos narrativos de humor. Ningún texto es la continuación de otro -sólo uno y lo escribí a pedido del editor-. Sí se repiten algunos recursos, como los diálogos, por ejemplo, pero no tienen el mismo trasfondo, son usados de manera diferente.

- ¿Cómo lo presentás?

- Es un libro difícil de presentar. No fue escrito para que otro lo lea ni para ser contado oralmente. Juega mucho con los planos físicos del texto –con los colores de la tipografía, por ejemplo-. Sin embargo, de entre los que más me gustan, elijo los que se pueden contar; la idea no es que se aburran…

- ¿Qué llegó primero: la escritura o la publicidad?

- Primero vino la publicidad. Cuando estaba en segundo año de la secundaria ya sabía que me gustaba. De hecho, de chico recuerdo haber dibujado en mis cuadernos, personajes de publicidad como el negrito de Sugus o el león de Chocolandia. Como autor tengo un estilo determinado por que mi profesión me marcó.

- ¿En qué sentido?

- Como estamos acostumbrados a resolver todo en 30 segundos, los publicistas que escriben, escriben cuentos cortos. Como yo no quise hacer lo mismo, escribí primero una novela. Me propuse contar una historia en 200 páginas.

- Ese fue tu primer desafío…

- A nivel escritor, sí; y tardé varios años. Como soy muy disperso y desorganizado, iba por la página 79 y ya me había olvidado lo que había pasado tres páginas atrás (risas). Cuando me saqué el gusto y me demostré que podía, decidí probar con estos textos.

- ¿Cuáles fueron las primeras opiniones que recibiste?

- Algunos amigos me pedían que alargara los cuentos porque se quedaban con ganas de más. Pero para trabajar tengo un criterio básico: “decir lo que tenés que decir”. Hay que darle a cada historia el espacio que necesita para contarse: ya sean 4 páginas o una línea.

- Como sucede en la vida, ¿no?

- Es 100% así. Por eso me parece un error, algo injusto, condicionar algo por lo que debería ser y no por lo que realmente es. Si el cuento tiene que tener 3 páginas y la escribís en 7, seguramente va a ser un mal cuento. Lo mismo sucede con un aviso gráfico que puede contar una película o con un vía pública que resume en tres palabras, un spot publicitario de 30 segundos.

- En la carrera de resolver todo en 30 segundos, ¿alguna vez te pasó que las musas no llegaran a tiempo?

- No… soy un tipo metódico en algunas cosas. Quizá no siempre estoy inspirado pero sí, siempre, con capacidad para producir. El talento está en la disciplina, la creación no tiene nada de caótico; al contrario, ésa me parece una acepción falsa. La creación espontánea no existe. Como decía Picasso: “Cuando llegue la inspiración, que te encuentre trabajando”.

Un chico extremo

Juan deja impresas sus ocurrencias en Nah, “una revista que tiene el récord de puteadas por minuto”, y que amplió su estructura a productora de contenidos.

Pero, también, es quien ganó el concurso de guión de Les Luthiers, “un grupo que encontró el humor evitando a toda costa droga, sexo, chabacanería y escatología”.

- ¿En el libro conviven estos dos estilos?

- Creo que es una cosa a mitad de camino. Traté de combinar estos dos extremos, y eso hace que el público del libro sea bastante peculiar.

- ¿Cómo llegaste al concurso de Les Luthiers?

- Desde siempre soñé con que ese concurso existiera pero en ese momento todavía no escribía textos de humor. Un amigo me avisó que lanzaban un concurso en el marco de la Expo Les Luthiers, organizada por su 40º aniversario, y me alentó a anotarme.

- ¿Cuánto tiempo tardaste en escribir el guión?

- Fue difícil (risas). Estuve 4 meses escribiendo 6 páginas. Le dedicaba todos los días 3 o 4 horas. Por entonces había dejado la publicidad y tenía tres trabajos.

- ¿Seguís trabajando en publicidad?

- Sí, pero ya no dentro de estructuras súper gigantes. Desde que empecé estuve dentro de las cinco empresas más grandes; allí la creatividad ocupa un lugar secundario y hasta muchas veces, superficial.
 
- Deduzco, entonces, que ganó la escritura…

- Hoy por hoy dedico el 80% de mi tiempo a la escritura de humor. Ya sea para la revista o la televisión, desde Nah Contenidos. El año pasado hicimos para Sony un programa con Mike Amigorena, de 50 capítulos. Se emitieron 10 y después se levantó el ciclo. Ahora estamos preparando algo de lo que no puedo decir mucho (risas).

- También tenés un blog, ¿te queda tiempo para escribir?

- Muy poco. Lo abandoné bastante. El blog en un momento fue catártico; lo armé cuando mi puesto comenzó a ser más político que creativo. Ahora tendría que abrir un blog de publicidad o de humor.

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16 de agosto de 2018 | 03:44
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