Néstor Piedrafita, diputado del ARI

"Jaque quiere arbitrariedad para gobernar"

Una de las voces de la oposición. El presente político, y los temas que Mendoza necesita debatir.

Néstor Piedrafita es diputado provincial por la alianza ARI-Partido Socialista. Reivindica la libertad, pero también la soledad que en muchos momentos ha sentido respecto al debate público de ciertos temas, como recientemente fue la discusión por las tarifas de la energía eléctrica.

Habla de su pasado radical, de las expectativas de su partido y de su visión del gobierno nacional y provincial. Cree que el primero se quedó a mitad de camino, y que el segundo directamente, no funciona. Pese a haber abandonado la UCR, no deja pasar el recuerdo de Raúl Alfonsín y su capacidad visionaria.

Asimismo, dedica un párrafo al tema del momento: sus chances de cara al proceso electoral, junto a la senadora Alejandra Naman: “Hay una voluntad por parte de los compañeros del ARI, que también es aceptada por el socialismo de impulsar nuestras reelecciones”, dice. Aunque no descarta compartir su boleta con la de los senadores nacionales de la UCR-CONFe.

No esquiva ningún tema. Ni aún los más polémicos como el desdoblamiento de las elecciones municipales en la Capital, de la que alguna vez fue concejal. Asume que las próximas serán elecciones que se nacionalizarán y que por ello, la posibilidad de discutir los problemas de la provincia y de cada una de las comunas, quedará en un segundo plano.

- ¿Cuál es la experiencia de formar parte de un bloque unipersonal como el del ARI?
- Tiene dos caras. Por un lado es un sentimiento de libertad muy fuerte y muy vivificante…

- No tiene nadie con quien pelearse…
- Sí, pero yo siempre digo que en la banca tengo sentado un maestro, un puestero, un médico y un camionero. Siempre consulto con todos estos personajes si lo que estoy por votar es bueno o no.

- Pero el hecho de no tener un bloque con otros diputados para discutir tiene sus particularidades…
- El compromiso de un partido a veces obliga a votar por un mandato y determina tácitamente la acción de un legislador: eso no existe. Esa es la sensación de libertad, pero a su vez se le suma una sensación de soledad muy grande.

- Eso es más bravo.
- Sinceramente, no he encontrado muchas veces en el resto de la oposición el acompañamiento que uno esperaría. Creo que el caso de las tarifas es claro en este sentido.

- Tanto vos como tu colega del Senado, Alejandra Namam, ¿se sintieron muy solos?
- Creo que estos son los temas en los cuales el interés público debería estar por encima de los intereses políticos, pero sí, nos sentimos muy solos. El problema es que los bloques mayoritarios cuando no acompañan estas iniciativas, se debilitan ante la opinión pública.

- En los últimos tiempos asistimos a un escenario de atomización de la representación legislativa, con la multiplicidad de bloques unipersonales, subbloques y desprendimientos. ¿A qué lo atribuye?
- Estamos en un proceso de cambio político profundo en Argentina y quienes lo vivimos a diario nos cuesta más darnos cuenta. En Capital Federal, en la Legislatura porteña casi han desaparecido las dos fuerzas tradicionales, el PJ y la UCR como tal. No tienen representación porque unos están licuados bajo el sello Frente para la Victoria, y el otro porque creo que no tienen directamente representantes. Esto está hablando de un fin de ciclo.

- ¿En Mendoza cómo se da este fenómeno?
- Aquí, es un lugar más conservador y por ello mismo tarda, pero va a llegar también. En la última elección, la UCR obtuvo 1 legislador provincial y ninguno nacional… Falta ver cómo se cierra ese ciclo.

- Además  esta reconfiguración de los partidos que parecía cerrada, todavía continúa, y como ejemplo se puede citar la reagrupación del radicalismo. ¿Cómo un ex dirigente radical, cómo lo ve?
- Yo renuncié al radicalismo cuando De la Rúa designó a Cavallo como ministro de Economía. Muchos de nosotros habíamos combatido muy fuerte contra las recetas neoliberales, contra las privatizaciones, entonces cuando eso sucede, yo lo sentí como una traición y como una declinación de ese ideario. Además, me llamó la atención la falta de reacción ante ese hecho y consideré que en ese espacio yo no tenía más nada que hacer. Y sigo pensando lo mismo.

- Ya lo ha dicho públicamente, pero ¿ratifica que no va a volver al radicalismo?
- No está en mi consideración volver. Además porque creo que en Argentina no estamos discutiendo la agenda de los tiempos, sino que estamos atados a problemas cotidianos. El ejemplo del gobierno de Jaque es el caso típico de quien no logra salir del día a día para pensar con claridad algunas políticas de Estado. En la Nación tampoco pasa esto, y las campañas también van en ese sentido.

- ¿Qué evaluación hace específicamente de la experiencia del ARI que en poco tiempo incluso llegó a gobernar una provincia como Tierra del Fuego?
- Estas experiencias en cada provincia son un mundo... En Mendoza se sumó gente del radicalismo, del peronismo, del socialismo democrático y también muchos de aquellos que participaron de las asambleas del 2001.

- Son también un producto de la crisis.
- Sí, del “que se vayan todos” que además configuró de manera muy heterogénea al partido. Para mí ha sido una experiencia muy enriquecedora. Mucho más si se considera que Mendoza tiene un régimen jurídico muy difícil para las minorías. Roberto Iglesias disminuyó el número de los concejales con el argumento de bajar los gastos de los Concejos Deliberantes, pero que impactó de lleno en los bloques minoritarios. Sobre cinco concejales que se renuevan es muy difícil, por sistema D’ont, meter uno… a veces con porcentajes del 10% no se llega. Deberíamos tener un tope al gasto, pero no a la representación. En realidad, creo que la realidad jurídica está hecha a medida de la realidad política de Mendoza con tres partidos protagónicos: la UCR, el PJ y el PD.

- Más allá de todo, imagino que deben estar satisfechos…
- Del ’83 hasta acá somos el único partido, al margen de los tradicionales, que hemos participado de cinco elecciones consecutivas, presentando candidatos en toda la provincia, con representación (junto con el socialismo) en cinco departamentos y en ambas cámaras.

- Ahora, por las vueltas de la política, su agrupación como miembro de la Coalición Cívica está en una alianza nacional con la UCR y el Partido Socialista. ¿Cuál es su opinión de esta estrategia?
- Esto no implica el regreso al radicalismo, sino la construcción de un espacio mayor en el orden nacional que trata de reflejarse en las provincias. De hecho, en algunas se da más, en otras menos…

- ¿Y en Mendoza?
- La posibilidad real es que mediante una alianza pudiéramos encabezar nuestra lista con los senadores nacionales de la UCR-CONFe. Así, de alguna forma podríamos prefigurar en alguna proporción esos acuerdos nacionales. Pero esto está por verse: hay que analizarlo desde el punto de vista político y también legal. En diputados nacionales, pretendemos llevar candidatos propios.

- Mucho se ha hablado en estos últimos días, pero ¿qué significó para usted la muerte de Raúl Alfonsín?
- Para mí lo más interesante es su figura como un visionario. El caso del MERCOSUR es una experiencia política que todavía no dimensionamos en toda su profundidad. Se lo exalta más como demócrata, pero creo que es un tipo que intentó cosas interesantes. El caso del traslado de la capital, es uno de ellos, que apuntaban a otra cosa…

-A un cambio de paradigma cultural…
-Exactamente. En eso está mi mayor admiración. Creo que le tocó lidiar con un tiempo muy difícil, pero aún así, hay cosas que entendí pero no compartí como la obediencia debida y el punto final. Yo creo que lo hubiera llevado más al extremo y si eso tenía consecuencias para la República, deberíamos haberlas afrontado en ese momento.

-Es interesante esto que plantea, ¿por qué lo dice?
-Porque creo que el proceso posterior deja muchas huellas en el país… La impunidad es uno de los factores profundos que nos llevan a la inseguridad. La sensación de que en el país se podía hacer cualquier cosa sin tener castigo, es peligroso. Es una secuela que después se traslada como violencia a otros ámbitos. Pero más allá de eso, no podemos dejar de tener un buen recuerdo de Alfonsín.

- ¿ Y qué recuerdo cree que vamos a tener los argentinos de Cristina Fernández?
- El gobierno nacional a veces tiene iniciativas y posturas que valoro. Es como aquel que dice: “voy a hacer una torta para convidarles a todos mis amigos…”. Uno dice, qué buena iniciativa, y cuando se pone a hacer la torta, todo le sale mal. La ley de radiodifusión es un buen ejemplo.

-¿Por qué?
- Como ciudadano común yo aspiro a tener una nueva ley, y la iniciativa del gobierno a través de los 21 puntos es buena en general. Ya cuando vamos al proyecto de ley, buena parte de los 21 puntos se caen. Entonces, uno empieza a pensar si la nueva ley de radiodifusión no es un fantasma que se agita contra algunos medios que tienen una línea editorial contra el gobierno…, y ahí se le viene abajo toda la ilusión que uno tenía en acompañar esa iniciativa.

- ¿Y más allá de esta ley en particular?
- América está teniendo un tiempo de transformaciones más profundas de las que se dan en Argentina. Este país fue desmantelado en los ’90, no sólo las empresas públicas de servicios,  también se desmanteló el Estado en otras áreas muy críticas como la defensa, las comunicaciones, la siderurgia, la petroquímica, la energía. De ese proceso no volvemos o volvemos a cuentagotas, como el caso de Aerolíneas o Aguas Argentinas, cuando la situación ya es insostenible.

- Encima con una crisis internacional en ciernes.
- Se han roto todos los paradigmas del pensamiento universal único. Es una oportunidad extraordinaria…

-¿Usted cree que Cristina se ha quedado a mitad de camino?
- Me parece que se podría haber avanzado más. La transversalidad del kirchnerismo me pareció interesante, pero el retorno del gobierno a las estructuras más prosaicas del PJ es un freno extraordinario para llevar adelante esas transformaciones. El peronismo no es intérprete de esas transformaciones… tampoco sé quién podría hacerlo en Argentina.

- ¿Y Jaque?
- Yo soy crítico de su gobierno: tiene problemas muy graves de gestión y de equipo, que en algunos casos está causando mucho daño a Mendoza. La producción, en esta campaña, ha sufrido como nunca (el no funcionamiento de la lucha antigranizo, el seguro agrícola, los precios-basura, la falta de respuestas, todavía hay lugares en donde no han llegado ni los créditos para cosecha…). No funciona el gobierno de Jaque, pero con el agravante que cada vez quiere más atribuciones; quiere arbitrariedad para gobernar.

-¿En qué casos?
- Las leyes de emergencia, la posibilidad de achicar los plazos para las licitaciones, la falta de cumplimiento de las normas para la publicidad oficial, son algunos claros ejemplos de esto. Y además, no solo se piden excepciones, sino que ni siquiera se cumple con las leyes, como por ejemplo informar de manera periódica cuánto y cómo se gasta en publicidad oficial. Mucho menos, saber cuáles son los criterios de distribución, ya sea por audiencia o por la función social que cumplen. ¿No sería razonable que el gobierno provincial destinara una parte de la publicidad oficial para subsanar la crítica situación de los trabajadores de radio Libertador que hace meses que no cobran o cobran en cuotas?

- Estamos en pleno proceso preelectoral. ¿No cree que hay ciertas conductas como las denominadas "candidaturas testimoniales", o el ánimo plesbicitario (generalmente asociado a alguien que ejerce un cargo ejecutivo) que no hace más que vaciar de sentido la elección legislativa?
-Sí, comparto. Además, en vez de discutir los problemas de la región, de la provincia, y si fuera separada, la situación del municipio, vamos a discutir temas que no digo que no son importantes, pero sí lejanos. Acá van debatir los temas nacionales los candidatos a senadores nacionales, y los temas provinciales, ni siquiera los van a tratar, y si los tratan, los diputados nacionales casi nunca están acá y va a ser al cuete. Si a eso le sumamos que los partidos son círculos cerrados, y sólo se vinculan con la sociedad para las elecciones, resulta muy difícil abrir las puertas de la política.

-¿Está de acuerdo con la decisión del intendente Fayad de separar la elección de la Capital de la provincial y nacional?
-Sí. La propia Legislatura dictó una ley que dice que la obligación del intendente es convocar a elecciones treinta días antes. Además los argumentos creo que son razonables porque lo que se adujo para el adelantamiento nacional (la crisis internacional, lo electoral como escollo para la gobernabilidad, etcétera) no son muy aplicables para un municipio. Además creo que si el desdoblamiento se realizara para todas las categorías sería mucho más sano para la democracia. ¿Alguien está pensando cómo van a quedar las cámaras en Mendoza? Parecería que lo único que preocupa es el Congreso Nacional.

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18 de agosto de 2018 | 18:14
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