Alejandro Sánchez Cadelago

"Tras 9 años, el festival es un fruto maduro"

Director Artístico del Festival Internacional de Música Clásica por los Caminos del Vino.

El domingo finalizó la novena edición del Festival Internacional de Música Clásica por los Caminos del Vino.

El ciclo, un clásico durante Semana Santa en Mendoza, nutre su programación de una delicada combinación de música académica, vinos y paisajes otoñales. Este año, y a diferencia de la edición 2008, esa tentadora fusión se prolongó durante 9 días y congregó cerca de 22 mil personas que donaron 2 toneladas de leche en polvo.

Es que se trata, sin duda, de una mega producción -basta con mirar su extensa programación para comprenderlo- que, con pro y contra, lleva el crédito de ser una iniciativa mendocina con alcance internacional.

Basta conocer, también, las cifras en las que se traduce esa gran maquinaria artística para imaginar su alcance. Según los datos aportados por la Secretaría de Cultura, el festival reunió a 400 artistas que brindaron conciertos en espacios escénicos de 13 departamentos, a ellos se sumaron los 200 estudiantes que tomaron clases en el Encuentro Juvenil Música para Todos, y 100 pequeños músicos que participaron del Encuentro Regional de Orquestas Juveniles.

Estos números, claro está, reflejan el trabajo de un equipo de producción que, varios meses atrás, comienzan a mover sus miles de engranajes. Alejandro Sánchez Cadelago, en el rol de Director Artístico, es quien encabeza este grupo de personas.

Con él dialogó MDZ, dos días después de celebrado el último concierto de la abultada grilla, para saber un poco más del detrás de la escena de este tradicional ciclo.

- ¿Cuál es tu balance, apenas terminado el festival?

- En algún momento pensamos que el festival tenía que cumplir un tiempo importante para que se anclara, para que la idea bajara y se convirtiera en algo concreto; esos fueron los tres primeros años. Los tres segundos, trabajamos en darle una personalidad propia, en hacerlo conocido en otros países de Latinoamérica –Chile, Brasil, Uruguay-, y en que el festival se transformara en un foco turístico cultural. Los tres últimos años, nos dedicamos a profesionalizarlo –pensando cómo hacer para que creciera, ajustando su propuesta artística, tratando de que llegue a muchos más lugares- y, también, nos concentramos en proyectarlo al mundo, ahí fue cuando se convirtió en internacional. Esta edición cierra el último ciclo y aunque hay cosas que siguen siendo difíciles -y continuamos pensando cómo mejorarlas-, otras han madurado.

- ¿Cuáles fueron esas “cosas difíciles”?

- El tema de las entradas, por ejemplo. Esta vez, se entregaron a cambio de una caja de leche, como ocurrió en Tango por los Caminos del Vino -un proyecto que se desprende de éste y con un formato artístico cultural similar-. Ahí se ve una veta nueva: esto que generamos, llega a más cantidad de gente; estamos en otoño, es tiempo de cosecha y ésta tiene que ser para todos.

- La idea, entonces, es seguir ampliando el horizonte…

- Llegar a músicos, mendocinos, turistas, bodegueros, niños, empresas privadas, a la mayor cantidad de gente posible. Esto hace a la idea central del festival, que es producir eventos para el placer del otro. Los conciertos no son tradicionales, se trata de vivir una experiencia, el público no sabe qué aventura va a vivir pero lo hace de la mano de un vino y en un paisaje, como por ejemplo, del Valle de Uco.

Cada concierto va acompañado de la degustación de vinos.

- Este año, una de esas aventuras fue inaugurar el festival, simultáneamente, en cuatro puntos de la provincia…

- Y es la primera vez que sucede. Hubo muchas cosas que sucedieron por primera vez y creo que se debe a que el festival, como te decía, es un fruto maduro. Estos nueve años se comparan con las nueve lunas de un bebé. El nombre del festival bien podría haber sido “9 años. 9 días. 9 lunas”. El décimo año implicará algo nuevo, un producto que ya escapa a la planificación y el crecimiento de un festival. Cuando algo ya está posicionado corre el mayor riesgo: quedarse en ese lugar y perder capacidad de sorpresa para el público que, en muchos casos, lo sigue desde hace años.

- Otra de las sorpresas fue sumar espacios patrimoniales, como el Hotel Villavicencio, ¿qué podés comentar de esta experiencia?

- Fue una experiencia buenísima, que es parte de un proyecto artístico en el que lo musical se piensa a través de los espacios y viceversa. Muchas veces al ver un lugar, surgen ideas. Llegar a Villavicencio fue una oportunidad histórica para nosotros –por el halo de misterio que rodea esa locación- y decidimos que teníamos que hacer un recital allí. Lo imaginamos sin saber cómo iba a salir pero confiando en nuestra visión -como también confiaron los sponsors, otras de las patas de este mega evento-.

El concierto que se realizó en las terrazas del Hotel Villavicencio.


- Retomando el tema de las entradas, ¿cuáles fueron los inconvenientes de esta innovación?

- Se juntaron 2 toneladas de leche, sólo en gran Mendoza. Rotary Mendoza realmente se puso las pilas pero cometió miles de errores, como nosotros cuando manejamos las entradas. El tema es difícil porque los conciertos suceden en trece departamentos diferentes, algunos a 350 km entre sí.  Distribuir las entradas de un modo federal es un desafío que nunca habíamos logrado cristalizar, el Rotary se animó y lo hizo lo mejor que pudo, realmente merece felicitaciones. Entrar en la vorágine de la producción implica muchísimo esfuerzo que termina resonando en muchos seres: a lo largo de 20 días, además de los conciertos del festival, hubo dos encuentros. Uno fue el de orquestas infantiles y el otro, “Música para todos”, que convocó a 200 alumnos de diferentes lugares. Fue muy fuerte, hubo música en distintos lugares de la provincia a la vez; esto genera algo que le permite al festival seguir pese a las diferentes gestiones y a los diversos procesos de crisis provinciales, nacionales e internacionales.

- Lo que hay que saber, es que detrás de esa gran maquinaria hay muchas personas trabajando desde hace varios meses atrás. ¿Cuándo comienzan a pergeñar la décima edición?

- Básicamente las primeras ideas se cocinan el año anterior, que es cuando comienzan a hacerse los primeros contactos. Después, vía e-mail logramos la concreción de algunos de los proyectos. Muchas veces se caen ideas que se trabajaron muchísimo. Lo que se ve es obra nuestra, un producto artístico que hacemos todos los que estamos detrás, quienes además, trabajamos en conjunto con los músicos y con el jurado.

Este año, 20 bodegas se transformaron en escenarios del festival.

- Ya que lo mencionás, ¿cuántos artistas participaron este año?

- Un total de 400. Entre ellos, 80 fueron músicos invitados de 20 países y el resto, mendocinos. Que la mayoría de la programación esté integrada por artistas locales, es una política de estado y también artística. Si se hace crecer un festival, continuando con una programación 80% local, es porque los músicos que la componen también están creciendo.

- ¿Hacia dónde seguirá creciendo?

- Tenemos algunas ideas pero como recién terminamos, esperamos que todo decante; aún están removidas las aguas por el agite que implica llevar adelante una producción tan grande. Como dijiste, hay un equipo enorme trabajando en esto: 50 personas que fueron sumándose en diferentes momentos, y a los que se integra Favio Serensiky, el asistente de Dirección Artística. El festival es la destilación de 8 meses de trabajo.

- En tu caso, se trata de un trabajo de 9 años…

- Hay una idea que se va moviendo con el paso del tiempo, por eso el número diez es el comienzo de algo. Música Clásica por los Caminos del Vino fue creado por un grupo de personas y ha alcanzado un nivel de cierto refinamiento, en el que todas las cosas están ajustadas aunque haya mil errores -y siempre los van a haber-. En general, nada sale completamente mal porque en todo hay energía puesta. El festival está lleno detalles, si lo querés mirar desde ahí, los vas a descubrir.


- ¿Cuántas personas tuvieron la oportunidad de ver esos detalles?

- Se estima que alrededor de 22 mil personas visitaron bodegas. Cada concierto tiene un productor, quien es el encargado de comunicarle a la Secretaría de Cultura la cantidad de personas que asistieron.

- Una última: ¿cuál fue la inversión económica que hizo la Secretaría en esta novena edición?

- No manejo esos datos, sólo manejo la parte artística; ¡por suerte! (risas), de eso se ocupan los que saben.
Opiniones (2)
18 de agosto de 2018 | 17:42
3
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18 de agosto de 2018 | 17:42
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  1. Muy buen trabajo, agotador, se te ha visto multiplicado en todos los eventos. Sos un orgullo para los mendocinos, para los músicos que deben tratar con vos, para todos. Con cada vez menos recursos lográs mejores resultados.
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  2. la verdad que el festival fué un éxito. participé en varios conciertos y en todos primó la buena organización y calidad en la selección. felicitaciones a este muchacho, se nota esfuerzo y dedicación en lo hecho
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