Solo tendremos los trabajos que nos creemos

La amenaza de la robotización -un fantasma difícil de dimensionar- puede ser el empujón necesario para el salto no solo laboral sino, además, personal.
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Cristian Avanzini

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Solo tendremos los trabajos que nos creemos

Un mundo con picos inimaginables de desempleo por la robotización de la mano de obra es el escenario que desvela por estos tiempos a las organizaciones internacionales de desarrollo y cooperación. De hecho será un tema -si no "el" tema"- que el Gobierno nacional pondrá en agenda al asumir la presidencia del G20 el año próximo.

Pero antes de poner un pie en el futuro, veamos dónde estamos parados en el presente. Si pensamos que lo natural es tener un empleo registrado, con nuestra obra social, aportes jubilatorios y demás, aquí va un cachetazo de realidad: de los 20 millones que componen la Población Económicamente Activa (PEA) del país, es decir, aquellos que están en condiciones de trabajar más allá de que lo hagan o no, solo 6 millones tienen un trabajo en blanco en el sistema formal.

El dato lo da el propio Ministerio de Producción de la Nación con alarma, sí, pero también con la esperanza de encontrar una solución colectiva a un problema que es esencialmente colectivo.

El problema del desempleo requiere de años de políticas para su solución. Esto implica que, de mejorar el panorama, lo hará en el mediano plazo. Ahora bien, ¿cuál será el escenario económico-laboral en el mediano plazo? No hace falta la bola de cristal para saber que será distinto al de hoy, por lo que las soluciones hay que pensarlas desde mañana más que desde hoy. Aunque suene lógico, muchas de las partes implicadas (sean sindicatos o empresas) mantienen empantanada la discusión en las arenas movedizas de hoy.

Las soluciones a los problemas del empleo del futuro hay que pensarlas con una visión de futuro, no de presente.

Un informe del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) del BID recoge investigaciones estadounidenses con diverso grado de alarmismo, la peor de las cuales indica que en los próximos 20 años el 50% de los trabajos que hoy conocemos serán realizados por robots. Otras, en cambio, suavizan la tendencia a un 20%, lo cual no es menos preocupante tampoco.

Ahora bien, no hay que perder de vista que se trata de supuestos en base al mercado laboral actual, el cual se basa en una economía motorizada por la demanda. Esto es: una empresa no "da" trabajo, sino que produce bienes y servicios en base a necesidades de consumo. La necesidad de consumo de un robot es 0, entonces, ¿por qué una compañía invertiría en un robot para producir algo que nadie comprará y, por ende, no le reportará ganancias?

El emprendedurismo pone en valor la contracara del modelo-robot, con las ideas como motor para el desarrollo económico personal.

Pero supongamos que el modelo robotizador avanza imparable. En ese caso no habrá más trabajos que los que podamos crearnos. La carta de esperanza ante esta "cuarta revolución industrial" la tiene un movimiento que cada vez cobra más fuerza a nivel global: el de los emprendedores.

El emprendedurismo pone en valor la contracara del modelo-robot, con las ideas como motor para el desarrollo económico personal y con el plus de un enfoque cada vez más proclive a la sustentabilidad. En la era de la inteligencia artificial, la innovación de los emprendedores se presenta no solo como un modo de subsistencia, sino como un potencial liberador del tedio de trabajos rutinarios que poco aportan a una sensación de una vida con sentido. Y esto bien lo saben los millennials, quienes estarán al mando de la nave global durante las próximas décadas.