Por qué los gerentes se sienten frustrados

El grueso de los ejecutivos argentinos descubren quiénes son y cuáles son sus capacidades estando insertos en una posición que no eligieron, afirma una especialista.
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Mario Simonovich

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Felicidad es una meta que implícitamente cada persona desea cada día. Y el trabajo se consume un tercio del día o más. El otro tercio, la almohada y luego queda un tiempo repartido entre los trámites, limpiar y poner en orden la vivienda, ir al súper, compartir la mesa al mediodía y/o a la noche y si queda tiempo, el deporte, shopping, los amigos y la vuelta a la manzana con el perro, como también eventualidades como visitar a alguien al hospital o al geriátrico. La vida exigente hace cada vez más visible el rostro de los enemigos de la felicidad: desde el cansancio, salud, desgracias propias y ajenas, hasta el aumento del alquiler o las expensas, el auto que se rompió o la calle que cortaron cuando estaba llegando a casa. También mucho tiene que ver con la felicidad el sentido de la vida y sus agregados espirituales. Y lo concreto es que con una sonrisa los resultados en el trabajo y en la vida miran desde arriba a esos resultados cuando los enemigos de la felicidad imponen su agenda en el trabajo y en el resto de las actividades.

Ante ello, desde hace tiempo está bajo análisis ese plus que motiva el sistema operativo del ser humano para que le dé un sentido a lo que uno hace, para que esos programas (profesiones, trabajos, actividades) cargados en el disco duro del saber y reflejados en la memoria RAM del dïa a día se ejecuten con velocidad, eficacia y a la vez, satisfacción.

Hace poco en Madrid se dio a conocer la IV Encuesta Adecco La Felicidad en el trabajo: bomberos, maestros, farmacéuticos, ingenieros y periodistas son los profesionales más felices en su trabajo. Allí el 39,3% de los trabajadores encuestados conestó que el secreto de la felicidad laboral tiene que ver con disfrutar del trabajo que se realiza, seguido de contar con un buen ambiente de trabajo y compañerismo (17,6%) y percibir un buen salario (13,3%). Los desempleados coinciden en los dos primeros factores de felicidad, pero en tercer lugar indican la estabilidad laboral como lo más importante para ser feliz (17,4%).

Es bien sabido que las personas emocionalmente felices y que viven en comunidades positivas, son más productivas y están más sanas. Y quienes tienen la posibilidad de trabajar en una empresa se encuentran ante el mito de que los gerentes y los que están más arriba (y ganan más) son felices. Y la realidad no es así. Ahora veremos por qué.

La sorpresa de ser gerente vs la sorpresa de sentirse frustrados

“La realidad nos dice que la mayoría de los ejecutivos no tiene un plan de carrera y avanza a los tumbos”, señaló a MDZ Andrea Costa, gerente de Outplacement & Coaching de Hidalgo y Asociados.

Agrega que el grueso de los ejecutivos argentinos “descubren quiénes son y cuáles son sus capacidades estando insertos en una posición que no eligieron. Y eso los hace sentir frustrados, alejados del éxito”.

A la hora de encontrar un por qué, según ella la respuesta está en que “la mayoría de los profesionales (argentinos) no planifican su carrera” por lo que “avanzan a los tumbos en su trayectoria laboral”, ya que “se dejan llevar por las demandas de la organización en la se desempeñan y esta realidad genera frustración”.

En tanto destaca que “son minoría los que saben cuál es el objetivo que desean alcanzar profesionalmente y cuáles son los pasos a seguir para alcanzar el éxito”, por lo que sostiene que “todos deberíamos tener claro cuál es la meta que queremos alcanzar profesionalmente”.

Gerentes y trabajadores

Una de las metas de la comunicación corporativa es acercar a empleados con gerentes y crear mecanismos para que ambos sean más felices en el trabajo para obtener mejores rendimientos productivos.

“Arrastradas por la moda del momento, hay empresas que están instalando gerencias de la felicidad o sustituyendo por ellas los tradicionales y razonables departamentos de bienestar, en circunstancias de que lo que los trabajadores piden a sus empleadores es contrato, sueldos justos, vacaciones pagadas, pago de cotizaciones, no abusar con los horarios, y reconocimiento por las labores que desempeñan. Con eso bastaría, pero dale ahora con prometerles felicidad cuando muchas veces no cumplen con los mínimos antes señalados. Igualito que los gobiernos que ofrecen felicidad y no consiguen siquiera desarrollo ni bienestar”, escribió el abogado chileno Agustín Squella, en una columna publicada en el periódico chileno El Mercurio. Ante este paradigma de la felicidad del gerente considera que el mejor beneficio es que no sólo gerentes, sino trabajadores en general estén contentos con sus puestos porque “aseguran aumento de la productividad y de las ganancias de los empleadores, las mismas que se resisten a compartir con sus empleados”.

Ante un 2014 en el que varios analistas pronostican que la creación de puestos de trabajo en el Estado se reducirá a la mitad (hoy ese sector representa el 22% de la ocupación total en el país, según datos de FIEL) y el empleo total (público y privado) caerá más de 1%, la gerente de Outplacement, Coaching y Capacitación de Hidalgo y Asociados propuso una serie de metas para que.cualquier individuos pueda concretar el primer paso hacia la felicidad, al menos, en el trabajo, que es nada más y nada menos que planificar la carrera profesional.

Observar.  Mirar hacia adentro y hacia afuera.  Realizar un trabajo de introspección que permita a conocer en profundidad quién sos y qué querés. ¿Qué te motiva? (dinero; la autonomía; desarrollo profesional; la posibilidad de divertirte; trabajar en el exterior;  trabajar en equipos; etc). Conocer tus propias  fortalezas y  debilidades profesionales también ayudará a saber quién sos, cómo te ven,  y quién podés llegar a ser. Mientras más honesto y objetivo sea el trabajo de introspección se obtendrán mejores resultados. Por último, se recomienda observar qué demanda el mercado laboral, para poder ajustar el diseño de la carrera a lo que necesitarán las empresas en el futuro.

Visualizar.  Tener  claro adónde se quiere llegar; Visualizar la meta profesional es importante para diseñar la ruta que hay  que recorrer para alcanzar el objetivo final. Una de las cuestiones que surgirán en ésta instancia es la definición de qué tipo de organizaciones son las que me permitirán avanzar en la carrera.  Es decir, qué modelo de empresa se adecúa a mi perfil. ¿Industrias? ¿Comercios? ¿Pymes o grandes? ¿Nacionales o multinacionales? ¿Productos o servicios?

Capacitarse. En base al objetivo, definir si se necesita algún tipo de capacitación específica para alcanzar la meta  profesional visualizada. En caso afirmativo, definir qué formación resulta adecuada y cuándo. En este sentido, Costa destaca que a cada objetivo profesional le corresponderá una capacitación diferente. “En algunos casos las competencias adecuadas se pueden adquirir con cursos y talleres. En otros casos, se requiere un título de grado. Y en algunos otros, luego del título de grado, un posgrado o maestría,  que puede ser un MBA”.

Planificar. Diseñar la carrera profesional es una tarea personal, que no se enseña ni en la escuela ni en la universidad. Es recomendable buscar un tutor, elegido en función de su experiencia y trayectoria, para que nos ayude a establecer con claridad el objetivo-meta profesional, y cuál es la ruta que se debe recorrer para lograr alcanzarlo con éxito. Existe la figura del “gestor de carrera” en algunos MBA de la Argentina. Pero lo recomendable es acceder a una figura similar antes de dar los primeros pasos en el mercado laboral. “De la misma manera que un futbolista tiene manager, un ejecutivo debería tener un gestor de carrera”, destaca Costa. El plan de carrera se puede ir modificando sobre la marcha en función de cambios en las motivaciones y en las demandas del mercado.

No confundir. El plan de carrera profesional es personal, y sus objetivos y metas no dependen de los objetivos de la organización en la que se desempeña la persona. Del mismo modo, el éxito personal no debería depender del éxito de la organización. “Un profesional  puede sentir que es  exitoso en una organización sin éxito;  De igual modo, hay profesionales frustrados en organizaciones exitosas”, destaca Costa. La experta señala que hay tantos diseños de carreras como profesionales. “Hay pequeños y grandes cambios de carrera. El plan puede incluir variables en el rol, las funciones o la industria en la que se desempeña el profesional”.

Tentación de ganar dinero. La experiencia demuestra que la necesidad de ganar dinero muchas veces atenta contra el diseño de la carrera.  “Muchos profesionales destinan los primeros años de su vida laboral a trabajar “donde sea” con tal de ganar dinero. Esa realidad atenta contra el diseño de la carrera profesional y se cometen errores irreversibles”, explica Costa, quien agrega que a la hora de diseñar el plan de carrera se debe contemplar la necesidad de ganar dinero para solventar gastos personales. “El peligro radica en que muchos profesionales no logran salir de la zona de confort y se quedan en posiciones en las que ganen dinero pero no están haciendo carrera profesional. Como resultado, se frustran y se alejan de las posibilidades del éxito, porque no están cumpliendo sus objetivos sino los de la empresa en la que trabajan”.