Dinero Entre el superávit de la incertidumbre y el déficit laboral

La batalla de una empresa para no sucumbir

Bajó el consumo de la carne y la esperanza de los pequeños frigoríficos pende de los "asaditos” al aire libre. Cerrar, parece la opción más rentable, y el empleo tambalea entre el privado rehusado a perder capital y el Estado que malgestiona sus herramientas. El Frigorífico San Javier, en una recorrida de MDZ.
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Jimena Catalá

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La crisis que se palpita en Frigorífico San Javier, en Maipú, Mendoza.(Pachy Reynoso/MDZ)

La crisis que se palpita en Frigorífico San Javier, en Maipú, Mendoza. | Pachy Reynoso/MDZ

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La batalla de una empresa para no sucumbir(Pachy Reynoso/MDZ)

La batalla de una empresa para no sucumbir | Pachy Reynoso/MDZ

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 “No recuerdo una época con este nivel de incertidumbre”; la cita del encargado de uno de los frigoríficos tradicionales de Mendoza, San Javier, resume una sensación compartida por muchos trabajadores en el último tiempo y se completa con ciertos datos alarmantes:

-hace seis meses un cliente compraba una media res por día; hoy se compran dos medias reses por semana.

-hace seis meses se faenaban por semana 1.200 animales; hoy se completa la faena semanal con 700 vacunos.

Personal trabajando desde temprano en San Javier. 

-desde hace seis meses, la caída de 500 animales para faenar significó una reducción en los ingresos de la empresa cercana a los 270 mil pesos mensuales, número no menor si se considera que, para el sostenimiento de la firma, se necesitan entre 500 y 600 mil pesos por mes.

-para no despedir personal, están reduciendo horas de faena de modo tal que se consuma menos energía eléctrica y agua (por hora se gastan 10 mil litros de agua).

-la última crisis similar se registró en 2006 en donde estuvieron a punto de cerrar y perdieron entre 5 y 6 millones de pesos.

El trabajo que, hace medio año, se completaba en 8 horas hoy se resuelve en la mitad de ese tiempo.  

-la empresa no está dispuesta a continuar perdiendo dinero y lo que realmente preocupa son las más de 80 familias que dependen de esta fuente laboral para vivir. Además, son cerca de 120 los empleados de forma indirecta.

-el Gobierno, según advierten, ayuda a las empresas “amigas o influyentes” como Pescarmona y está más preocupado por la minería que por la industria tradicional. En ese sentido, evalúan que los Repro son “pan para hoy, hambre para mañana”.

Panorama

Hace dos meses el Gobierno se reunió con distintos sectores (vitivinícola, cárnico, gastronómico, hotelero) para conocer sus reclamos y vehiculizar algún tipo de ayuda en medio de la crisis socio-económica.

Carlos Álvarez, representante de Frigorífico San Javier, fue uno de los que participó de esa jornada y a la fecha aseguró: “Hasta ahora no tenemos ninguna solución por parte del Gobierno, al Gobierno lo único que le interesaba es que firmáramos algún acuerdo para no despedir a la gente, cosa que hasta ahora la hemos cumplido”.

Carlos Álvarez, jefe de sección de Frigorífico San Javier, mostrando la carne envasada al vacío, luego del proceso de faena. 

Aunque aclaró: “Si esto sigue así estoy seguro que vamos a tener que empezar con suspensiones y/o despidos. Por ejemplo, Frigorífico Vildoza ya ha suspendido dos días de faena. Nosotros todavía estamos faenando los cinco días con un poquito de voluntad porque podríamos reagrupar la faena pero eso significaría menos jornal para la gente”.

Otro 2006

El frigorífico tiene más de 40 años y le vende a más de un centenar de clientes. Según recordó Álvarez, que trabaja desde hace más de 20 años en este lugar, la última “agonía” parecida se registró en 2006.

“Por cerrar hemos estado una vez, en 2006; en ese año fue mucho más larga la agonía porque las ventas bajaron una enormidad y se mantuvo en el tiempo. Eso nos llevó a tener cada vez menos faena y los sueldos se pagaban en tres veces. Estamos viendo que vamos hacia el mismo camino", apuntó Álvarez.

La incertidumbre y la falta de trabajo se respira en la empresa, según comentó el encargado de la planta del Frigorífico San Javier, Fabián Mansilla.

“La patronal perdió entre 5 y 6 millones de pesos en aquél momento y no están dispuestos a hacerlo nuevamente. Hay que tener en cuenta que a ningún empresario que haya trabajado bien durante toda su vida, cerrando el frigorífico, se va a morir de hambre; el tema es que el hilo se corta siempre por lo más fino, a ellos, los empresarios, no les hace nada, pero tenemos 85 empleados que, de modo directo, viven de esto”, se lamentó.

Ajustes

Por el momento, la firma ha optado por reducir los gastos en cuanto a luz y agua acelerando el tiempo de faenado (lo que antes se hacía en seis horas, hoy se completa con la mitad de tiempo). Por supuesto, ello termina generando cierta presión para el trabajador que, en menos horas, tiene que concluir el trabajo.

“Hemos reducido la cantidad de horas faena. En lugar de hacer las 8 horas, hacemos 6 horas. Lo que se hace es poner la noria (mecanismo por donde circula la media res) más rápida para que las horas de trabajo se reduzcan; es decir, no reducimos hora personal pero sí horas energía”, contó.

No se descartan despidos ni suspensiones; por el momento, han ajustado el gasto en servicios como el agua y la luz.

Álvarez se refirió también a los subsidios energéticos con los que, en algún momento, contó la firma y hoy han ido desapareciendo.

Y siguió: “Consumimos muchísima agua, 10 mil litros por hora, tenemos pozos pero si se corta la luz tenemos un equipo inmenso que funciona a gasoil. Antes, por ejemplo, había un subsidio para el gas producción y eso desapareció”.

El Estado que emparcha

A propósito de la ayuda del Estado, consideró que el Repro (Programa de Recuperación Productiva, que implica una asistencia por empleado de 2 mil pesos para el sector primario productivo) es un parche que no atiende el problema de fondo y sugirió que debería menguarse la presión impositiva, de manera tal que se favorezca a la industria local.

“Estamos apuntando a que la tasa de Ingresos Brutos sea, para los que producimos acá, cero, esto nos significaría 170 mil pesos mensuales que no es poco considerando el déficit que tenemos”, explicó Álvarez a propósito de la presión impositiva.

El empleo directo son cerca de 85 puestos; en tanto, el empleo indirecto alcanza a más de 100 trabajadores. 

“La industria se caracteriza porque nadie pierde plata, cuando el industrial empieza a perder plata cierra porque no se arriesga a perder el capital que ha logrado durante tantos años. Eso el Gobierno no lo advierte o mira para otro lado”, señaló Álvarez.

En ese orden, consideró que el caso de Impsa es paradigmático. “Los recursos están y el caso de Pescarmona es un caso testigo; se prioriza a la empresa amiga del Gobierno o a las más influyente”.

Apuntó, seguidamente, que existe cierta competencia desleal y que el Estado es el ente que, por función intrínseca, debiera regular y controlar la disparidad. “Si quiero llevar la media res que ustedes ven colgada ahí a Córdoba tengo que pagar 5 pesos de introducción por kilo; si la quiero llevar a Tucumán, 7 pesos; acá, en Mendoza, en cambio, todo el mundo faena afuera y el ingreso de carne le cuesta 0,35 centavos”, especificó Álvarez.

"Si el dueño decide cerrar, no se va a morir de hambre; el problema es la cantidad de gente que vive de esto", reflexionó Álvarez.

Propuso, en efecto, que si otras provincias cobran 5 pesos la introducción del kilo de carne, Mendoza debería cobrar lo mismo a quienes ingresan carne de afuera. “Ello nos posibilitaría que las faenas sean locales y que la industria provincial sea la que trabaje. Esto del país muy federal, es una mentira y una falacia”, opinó.

Fundamentó que “nosotros vemos salir a nuestros empleados con la bolsita del VEA pero VEA no faena nada acá o el caso de Jumbo, Carrefour, acá venden pero no faenan nada. Pretendemos, por lo menos, que faenen acá o si no que se le cobre la introducción de carne. Eso nos va a posibilitar a nosotros vender más en las carnicerías chicas porque ellos se quedarían sin ventas. Hasta ahora es una competencia desleal”.

Superávit, pero de incertidumbre

Fabián Mansilla, encargado de la planta del Frigorífico San Javier, quien guió al equipo de MDZ en la recorrida por el proceso de faena (ver producción fotográfica), dejó entrever que lo único que sube es la incertidumbre en detrimento de las expectativas laborales. 

“Uno no sabe cómo va a seguir todo esto, si se faenan 500 animales por semana el personal obviamente está preparado para hacer más. Esto puede empezar a generar algún problema, quizá a futuro pueda haber alguna suspensión o despido o reducir días de trabajo como ya están haciendo algunos frigoríficos”, analizó.

Apuntan contra el Estado por no regular y evitar la competencia desleal.

Mansilla pasó del mundo de la mecánica al sector cárnico y desde hace más de diez años trabaja en San Javier junto a su hijo: “El frigorífico nos ha dado un bienestar económico y se lo debemos; si cerrara sería un problema tremendo porque en esta zona hay muy poca fuente de trabajo”.

Coincidió con Álvarez al comentar que hace más de medio año se faenaban cerca de 240 animales por día mientras que hoy se faenan, con suerte, 100. “La jornada es de 8 horas pero no alcanzamos a cubrirlas. Arrancamos a las 6 pero, desde hace un tiempo a esta parte, a las 8.30 terminamos el trabajo”, aseguró.

Foco final

Conocer y mostrar por dentro esta fuente laboral no tiene pretensiones de exhaustividad. Pero, sin dudas, permite asomarse a la realidad de muchos trabajadores, cuya suerte depende de: un empresario que no necesita más dinero pero que tampoco arriesgaría el que tiene y un Estado que, con frecuencia, falla en su rol inherente de regulador, favoreciendo a la histórica concentración de la riqueza. Bajo este escenario: lo único seguro es el superávit de la incertidumbre.

*Producción fotoperiodística: Luis "Pachy" Reynoso.

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