Gracias Mr. Trump, fiscalización del monopolio y el mercado más atractivo del mundo

Lo que pasó, lo que pasa y lo que pasará. Una especial sobre la cumbre Macri-Trump de la columna de cada domingo de Carlos Burgueño, para MDZ.
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Carlos Burgueño

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Gracias Mr. Trump, fiscalización del monopolio y el mercado más atractivo del mundo(Telam)

Gracias Mr. Trump, fiscalización del monopolio y el mercado más atractivo del mundo | Telam

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Lo que pasó. Gracias Mr Trump.

El 21 de marzo de 1985 Raúl Alfonsín y Ronald Reagan se encontraron en la Casa Blanca para una cumbre bilateral de Estado. Como es tradicional en estos casos, primero hubo un encuentro ante los reporteros gráficos con fotos de ocasión, luego una conversación privada de entre 15 y 20 minutos (nunca más, salvo que se trate de un tema central para los Estados Unidos), y finalmente una conferencia de prensa. Primero habló el anfitrión, que deslizó su política contra "el Imperio del Mal". A su turno, Alfonsín defendió la independencia de Nicaragua, condenó la intervención norteamericana en Centroamérica y protestó por la abultada deuda externa en el continente considerándola una nueva forma de dominación. Desde América Latina se consideró la intervención del entonces presidente argentino como un acto de justicia y una reivindicación contra las odiadas políticas reaganianas. Más teniendo en cuenta que hasta ese momento ningún colega jefe de Estado de los tiempos de Alfonsín se le había animado a tanto a Reagan en su propio jardín. Para los Estados Unidos no hubo mayores contratiempos por el discurso del argentino. Terminado el acto el dueño de casa le dio un apretón de manos, lo despidió, y pasó a los temas de su administración, sin mayores reparos ni comentarios ante lo que había dicho el visitante. Las crónicas quedaron plasmadas como el día en que Alfonsín se le plantó a Reagan. Pero nunca como el día en que la Argentina, país poco importante para los Estados Unidos, perdió la oportunidad de negociar el ingreso de sus productos al mercado más importante del mundo. Más allá de la justicia reivindicativa del discurso de Alfonsín en la propia Casa Blanca, no se logró lo más importante que la economía argentina necesitaba: más exportaciones, subir el superávit comercial, conseguir apoyo financiero y tratar de salir de una crisis que en 1989 se llevaría puesto al padre de la democracia. Mauricio Macri optó el 27 de abril de 2017, en su primera cumbre cara a cara con Donald Trump como jefe de Estado, todo lo contrario. Era tentador tener al norteamericano delante y usar la reunión para reivindicar los derechos de los inmigrantes en EEUU para llevar una vida plena, para condenar la construcción del muro contra México y de criticar la belicosa política internacional del magnate. Sin embargo se optó por algo más directo: hablar sólo de negocios contantes y sonantes. Sin eufemismos y de manera directa. Como si fuera una reunión de empresarios más que de políticos dirigiendo los destinos de dos países que siempre se miraron con desconfianza. Así se destrabaron tres cuestiones clave: el ingreso de limones al mercado norteamericano, el acuerdo de intercambio de información entre la AFIP y la IRS y el visado rápido para los ciudadanos argentinos. Se prometió comenzar a discutir la apertura de los mercados de carne para las exportaciones argentinas y la mejora en las relaciones comerciales para las empresas que inviertan en el mercado petrolero argentino. Para el país representará un alza de las exportaciones y el ingreso de divisas. A cambio, probablemente, Trump exija algún tipo de condena ante Corea del Norte (o algún estado en situación similar), cuando llegue el momento del "Alerta Rojo".

Lo que pasa. Fiscalización del monopolio.

El principal beneficiado de la cumbre Macri-Trump fue Tucumán. El acuerdo comercialmente más beneficioso fue la apertura del mercado norteamericano a las exportaciones de limones argentinos, que provienen en su gran mayoría de esa provincia. Es más, Tucumán es la mayor productora mundial de limones tipo "Sicilia". Hasta aquí los mercados para las ventas eran fundamentalmente la Unión Europea, Hong Kong y los algunos países asiáticos, con una salvedad: el 85% de esas exportaciones las compra Coca Cola para embotellar en esos mercados. Se trata de ventas al exterior casi sin riesgos ni necesidad de búsqueda de compradores por unos U$S 1000 millones anuales. Se estima que abriendo el mercado norteamericano y sosteniendo como principal comprador a Coca Cola, las posibilidades de crecimiento de las exportaciones de limones tucumanos (hacia un mercado que ahora se puede convertir en interminable) subirían unos U$S 800 millones. Para la provincia, que como todas tiene siempre una economía complicada, puede representar un cambio radical en su situación fiscal, con ingresos anuales extras pro unos 150 millones de dólares, como piso. Sin embargo hay un problema: las exportaciones de limones tucumanos son monopólicas y tienen a la compañía San Miguel como casi único beneficiario. En otras palabras, el meganegocio que se abre, hoy por hoy, serviría a una única empresa que multiplicaría sus ganancias. Será obligación de la Nación y la provincia "abrir el juego" a pequeños y medianos productores y cooperativas, además de evitar que San Miguel deje de cumplir con las obligaciones de siempre. No vaya a ser que dentro de unos años se hable del "escándalo de los limones" y se pierda una oportunidad única.

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Lo que pasará. El mercado más atractivo del mundo.

Hacia delante, al país se le abre un abanico de oportunidades de mejorar las exportaciones a los Estados Unidos, en una política que no será rápida pero, si se sostiene en el tiempo, más que rentable. Hoy por hoy se trata del tercer mercado para las exportaciones argentinas, luego de China y Europa, y, se estima, podría haber un incremento en las ventas del país a EEUU de no menos de 1000 o 2000 millones anuales, comenzando por este mismo año. Precisamente lo que la Argentina necesita. Divisas genuinas. Dólares generados por la producción. Los mercados de la carne y de otros productos primarios serían los primeros beneficiados. Sólo se necesitará ahora sostener la voluntad de apertura del mercado norteamericano como una política de Estado. Para esto no se necesitan "relaciones carnales", sino serias. No es algo nuevo en el continente. Países "más sofisticados" ya lo logran. Uruguay y Chile son ejemplos de esto.