Dólar: ¿la crisis también llegó a los “atesoradores”?

Dólar: ¿la crisis también llegó a los “atesoradores”?

La anemia de reservas agudiza el ingenio del BCRA. Quedan pocas clavijas por apretar en el cepo sin dañar el abastecimiento de insumos críticos. Pese a la reciente fiebre cambiaria, el número de personas que compran dólares oficiales sigue cayendo.

Jorge Herrera

Jorge Herrera

La cantidad de personas físicas que mensualmente compran dólares billetes en el MULC, o sea, en el mercado oficial, se ha reducido en un 25%. Desde  hace ya largo tiempo alrededor de un millón de personas adquirían aproximadamente el cupo mensual permitido por el BCRA. Llegaron a ser unos 4 millones a mediados del 2020, y en la previa del cambio de gobierno en 2019 a 2,5 millones. Pero en general, salvo hechos puntuales, mensualmente en promedio 1 millón de personas compraban dólares oficiales.

Sin embargo, en mayo pasado solo fueron 750.000. Se trata de lo que se conoce en la jerga financiera como el “atesoramiento”, o sea, las personas que compran dólares para atesorar. Ya en abril el número de personas que compraban dólares en el MULC había registrado una caída a niveles de 800.000 casos. De modo que este segundo registro consecutivo refleja que, amén de la pasión por los billetes verdes, este segmento poblacional también se está achicando.

No se trata de que haya más o menos confianza, porque en los mejores momentos de los últimos años el atesoramiento era imparable. Por lo tanto, esto estaría más vinculado al deterioro general de la situación económica-financiera de las familias que a otra cosa, por ejemplo, si se percibe atraso cambiario o no, o alguna restricción normativa.

Estas 750.000 personas compraron u$s139 millones en mayo. El número no debería escandalizar. Pero ese monto mensual si se mantiene a lo largo de todo el año implica un total de casi u$s1.700 millones. Que tampoco debería escandalizar para una economía que tiene un PBI de casi medio billón de dólares.

Sin embargo, dado el contexto de anemia de reservas internacionales que tiene el BCRA es todo un número. Cabe recordar que este flujo de reservas que se va, vía atesoramiento, es con cepo y todo. Además, el promedio de los primeros cinco meses del año arroja una compra mensual de u$s166 millones, de modo que proyectado a año serían u$s2.000 millones. Ocurre que en abril no solo cayó el número de compradores sino el monto, u$s143 millones, cuando en los meses previos la compra mensual total orillaba casi los u$s190 millones.

Así por ejemplo, en diciembre pasado la compra promedio por persona fue de u$s192, luego en enero de este año u$s186 al igual que en febrero, para luego a bajar a u$s184 en marzo, u$s179 en abril hasta los u$s185 de mayo. Pero claro como hay gente que compra, hay otros que venden.

Pero, obviamente, son muchos menos. Aproximadamente unos 25.000 casos por mes, que aportan un flujo de divisas de no más de u$s5 millones. Sin embargo, lo que se observa es que la venta promedio por persona viene aumentando. En enero pasado fue de u$s181, un mes después u$s208, u$s197 en marzo, u$s201 en abril para escalar a u$s330 en mayo (arrojando el mayor monto del año, u$s8 millones).

El problema es que la gente no solo demanda dólares para atesorar sino también con otros destinos o fines. El mes pasado las personas físicas, es decir, excluyendo a las empresas, compraron de forma neta u$s492 millones. Según detalla el BCRA estas compras fueron, básicamente, para gastos efectuados con tarjetas por consumos con proveedores no residentes, con un neto de u$s320 millones (+6% mensual) y para atesoramiento con un neto de u$s130 millones por compras de billetes (-6%). 

Aquí entra a tallar el sector servicios del comercio exterior que viene haciendo agua y explica gran parte del drenaje de reservas desde mediados del año pasado pero que ahora se profundizó. Ocurre que el intercambio de servicios, turismo, fletes, seguros, etc. es deficitario. En mayo fue de u$s 867 millones, ese monto anualizado significa más de u$s10.000 millones. De ahí la preocupación oficial, y del mercado, porque se ha vuelto a niveles de comienzos de 2018.

Según los datos del BCRA, el déficit de la cuenta “Servicios” de mayo es explicado, principalmente, por los egresos netos por “Viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta” (u$s579 millones), “Fletes y Seguros” (u$s450 millones) y “Otros servicios” (u$s31 millones). Estos movimientos fueron compensados parcialmente por ingresos netos por “Servicios empresariales, profesionales y técnicos” por u$s194 millones.

Sin duda la recuperación gradual del turismo internacional tras la pandemia impacta en el déficit neto de la cuenta de “Viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta” que ya está en los niveles pre-pandemia, sin llegar a los récords de 2017/2018. Hay que tener en cuenta que los giros que se hacen al exterior para cancelar los saldos con las empresas emisoras de tarjetas internacionales, incluyen tanto los consumos que se realizan por viajes al exterior como las compras no presenciales a proveedores del exterior. 

Los costos logísticos internacionales están creciendo en todo el mundo, ya no solo por efecto pandemia sino por las esquirlas de la guerra en Ucrania. De modo que el gasto en fletes y seguros continuará presionando. Pero a la vez el gasto en turismo parece seguir sostenido. Por eso, ante la falta de reservas, siempre que se rumorean nuevas restricciones cambiarias los apuntados son en primer lugar el atesoramiento y el turismo.

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