Empresas chinas de energía se establecen cada vez más en América Latina

Empresas chinas de energía se establecen cada vez más en América Latina

Compañías estatales de China se han convertido en propietarias y operadoras de servicios eléctricos en países de América Latina durante la última década.

Inversor Global

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Por Gonzalo Andrés Castillo

En una nota publicada en Diálogo Chino, Cecilia Joy-Pérez, socia de Pointe Bello, explica cómo las compañías chinas pertenecientes al Estado fueron invirtiendo en empresas energéticas de Latinoamérica hasta el punto de tomar posesión de ellas adquiriendo redes de energía.

“Hoy en día, las empresas públicas son propietarias de casi 24.400 millones de dólares en redes de energía en América del Sur, con 8.900 millones de dólares en operaciones que se cerrarán o llegarán a un acuerdo de venta solo en 2021”, afirma la especialista.

“China está asumiendo un nuevo papel en la región como proveedor de servicios a través de sus recientes inversiones en redes de energía. Históricamente, el compromiso económico en Sudamérica encaja con la larga búsqueda de China de materias primas y mercados de exportación a nivel mundial”, agrega.

A pesar de que se trate de inversiones extranjeras, lo cierto es que el incremento de participaciones chinas puede traer una serie de riesgos.

“A medida que las empresas estatales evolucionan de ser constructoras a inversionistas en grandes activos energéticos, los responsables políticos de Sudamérica y Washington deberían considerar las implicaciones de tener a estas empresas al frente de dichos servicios”, comenta Joy-Pérez.

Entre los principales inconvenientes se encuentra el riesgo de que China utilice su nuevo poder energético como palanca en caso de tener un conflicto diplomático. “En estas circunstancias, las empresas públicas podrían aumentar el costo de la energía y llegar a interrumpir los servicios”.

Además, la posible filtración de información a través de las redes también es un factor a tener en cuenta, tal como indica la experta en asuntos internacionales: “Además, las redes energéticas están cada vez más entrelazadas con la infraestructura digital de las ciudades, lo que supone una apertura para que China introduzca puertas traseras o puertos de filtración de datos, en infraestructuras críticas”.

“Si los servicios básicos penden de un hilo, los líderes sudamericanos pueden estar menos dispuestos a denunciar ante los organismos internacionales una multitud de cuestiones, que van desde los orígenes del Covid-19 hasta los derechos humanos”, añade.

Para finalizar, Cecilia Joy-Pérez comenta: “Es posible que los países sudamericanos acojan ahora la inversión de China, pero harían bien en comprender mejor los riesgos específicos que esto conlleva”.

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