El kirchnerismo ya tiene preparada la próxima embestida contra Guzmán

El kirchnerismo ya tiene preparada la próxima embestida contra Guzmán

El gobierno y el kirchnerismo en particular están muy preocupados por la inflación, las elecciones y el voto de la clase media. Toman al ministro de Economía, Martín Guzmán, como responsable de la falta de solución. Él defiende su previsión y también se "espanta" con las propuestas K.

Carlos Burgueño

Carlos Burgueño

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en particular y el kirchnerismo en general ya tienen preparada la próxima embestida contra Martín Guzmán. Y, como si fuera una segunda ola de un virus aún más problemática y complicada de enfrentar, el problema que le endilgarán al Ministro de Economía es mucho más difícil y estructural que el capítulo de la deuda externa; donde el ministro tiene argumentos para defenderse. Guzmán será señalado ahora por el kirchnerismo puro y duro por los pocos resultados oficiales en la batalla contra la inflación, donde la actual gestión (y la anterior, la anterior y la anterior) no tiene resultados para mostrar. Y para peor, cada mes que pasa los resultados se complican más.

La fecha clave para determinar la dimensión de la embestida política que sufrirá el ministro será el próximo 15 de abril, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) presentará en sociedad el resultado del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo. Con esa cifra estará completo el dato de todo el primer trimestre. Si se cumpliera lo que adelantan las consultoras privadas (que pocas veces fallan), la inflación de marzo fue de aproximadamente 4%.  El resultado sería inevitable: en los primeros tres meses del año el acumulado se acerque más al 12 que al 11%.

Al lacerante dato habrá que sumarle que tampoco se espera que la presión se desacelere en abril y mayo, meses en los que se aplicarán aumentos en algunos los servicios públicos. El incremento de los combustibles también hará lo suyo, dejando para cada mes un piso de 1% estructural.  Si se tomara el primer cuatrimestre y se ejecutara una proyección anual para el resto del año, el incremento anual superaría el 40% y arañaría el 50%. Ninguna sorpresa. Es lo que hoy adelantan la mayoría de los analistas privados cuando ejercen su rol profesional y deben asesorar a las empresas más importantes del país para que estas tomen decisiones de inversión y costos.

Guzmán se defiende y ratifica la proyección de 29% del presupuesto que diseñó para este año. O al menos un dato levemente superior. En los últimos días, el Ministro se tomó el trabajo de dar señales dentro del oficialismo para mostrar que la estrategia antiinflacionaria actual es la adecuada. Y que se debe mantener la calma. Pide, además, mayor poder de ejecución de sus políticas monetarias y fiscales para poder encarar la cruzada de reducción de la presión. Reconocen en el Gobierno la obviedad que marzo no será un buen mes, y que probablemente se supere el 3,6% de febrero. Surge así el primer desafío del Ministro. Que el segundo trimestre del 2021 (abril- junio), complete un alza menor que demuestre que el ritmo de incremento comienza a desacelerarse; llevando a un nivel no mucho mayor a 2%.

Saben en el oficialismo que es un período complicado para que las proyecciones se cumplan, dado que son los tiempos en los que la mayoría de los trabajadores en relación de dependencia negocian sus paritarias. El Gobierno defiende a rajatabla el porcentaje de entre el 30 y el 32 por ciento de alza para los salarios este año. Pero consideran, además, imprescindible que el ritmo inflacionario baje para que los principales sindicatos del país acepten esa frontera. Como contrapartida, desde Economía se afirma que sería una gran señal para que la política antiinflacionaria sea creíble, que las paritarias coincidan con la meta anual que defiende Guzmán.

El Ministro suma al resto del ala económica del Ejecutivo en su cruzada. Desde el Banco Central de la República Argentina (BCRA) se augura una período de “pax cambiaria” hasta, mínimo, las elecciones legislativas de octubre. La entidad que maneja Miguel Pesce trabaja en estos tiempos en sintonía con Economía, incluyendo la misión difícil de manejar la emisión monetaria y los “rulos” financieros para controlar la velocidad de circulación de los pesos. Desde el Ministerio de Producción de Matías Kulfas aseguran que dos factores expansivos de los precios, comenzarán a estar bajo control. Según la cartera, los alimentos tendrán un periodo de mayor tranquilidad y los acuerdos con las grandes empresas empezarán a dar mejores resultados.

Sin embargo, aún quedan capítulos sueltos para que la proyección que defiende Guzmán se cumpla. El capítulo tarifas aún es una incógnita dentro del Ejecutivo. El ministro no pudo todavía convencer al “ala política legislativa” (como se llama, respetuosamente, desde el kirchnerismo a los  despachos ministeriales económicos), sobre la necesidad de reducir la presión de los subsidios a los servicios públicos sobre el costo fiscal. Guzmán ya tuvo al menos dos reuniones personales con Cristina Fernández de Kirchner destinadas exclusivamente para debatir el tema, por ahora sin éxito. Desde las oficinas desde donde asesoran a la vicepresidenta defienden el tope de 9% promedio para todo el año en cuanto al incremento de las tarifas de servicios públicos, con el compromiso de volver a hablar el tema para noviembre con proyección al 2022. Economía considera la alternativa más que peligrosa. Proyectan los políticos del gobierno que esto implicaría un incontrolable aumento en los gastos de subsidios, que podría desequilibrar la meta presupuestaria.

Problemas de herramientas

Guzmán tiene un problema estructural y primario para convencer al kirchnerismo. El ala política dura del gobierno confía en los controles y los planes de aplanamientos de precios. Para los analistas oficiales del Congreso de la Nación, Precios Cuidados, Precios Máximos y, fundamentalmente, el temerario Sistema de Información para la Política de Reactivación Económica (SIPRE), son el arma y no las circunstancias. El kirchnerismo cree profundamente que la culpa del alza de los precios se debe a la falta de solidaridad, a la ambición y sed de ganancias irrefrenables de los empresarios argentinos y las multinacionales radicadas en el país. Por eso creen que el primer paso para bajar el IPC es el control directo, duro e implacable a los privados.

Guzmán y su gente se espantan ante esta visión. Criado en teoría económica en Columbia, una casa de estudios de Nueva York donde precisamente no reina la ortodoxia, basó parte de sus años de formación en la manera de estudiar la forma en que los desbordes monetarios provocan desajustes en los equilibrios macroeconómicos. Y en la responsabilidad directa de sumar a uno de esos equilibrios necesarios el fiscal. En consecuencia, trabajó siempre en las aulas de Columbia sobre la manera de demostrar cómo la heterodoxia puede lograr los mismos resultados de equilibrios macro, y sin ajustes. Pero siempre considerando que el superávit entre ingresos y gastos del sector público, son inevitables.

Si algo hay que reconocerle al kirchnerismo, es capacidad de intuición política. Más en años electorales. Es una de las explicaciones de su capacidad de supervivencia. Y el 2021 no es la excepción. Sabe esta línea política que pensar en una victoria electoral este año con una inflación anualizada en un 50%, es casi una utopía. Sobre todo teniendo en cuenta que las legislativas de octubre se ganarán o perderán por lo que decida en el cuarto oscuro la clase media.

Siempre debe haber un culpable si las cosas salen más. Para el kirchnerismo, el señalado es Guzmán.

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