Qué precio le vas a poner a tu trabajo si te lanzás como independiente: 13 consejos

Qué precio le vas a poner a tu trabajo si te lanzás como independiente: 13 consejos

Fijar un honorario es una de las mayores dificultades para quienes trabajan en forma independiente. Trece alternativas para arrancar bien.

MDZ Sociedad

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La pandemia dejó sin trabajo a miles de personas. Y más allá del reinventarse o de encontrar una alternativa de ingreso para afrontar mejor este escenario, para muchos -en especial, para quienes trabajaron como empleados con relación de dependencia durante años- se trata de una primera vez: el lanzarse como independiente y el tener que salir a "vender" lo que uno hace, ya sea la fabricación de un producto o hacer un servicio determinado, lo que implica meterse en un terreno en el que existe el miedo de equivocarse al momento de ponerle un precio al trabajo, porque el dinero hace falta, pero tampoco es cuestión de "regalar" lo que se hace y lo que va a pasar es que nunca faltará el trabajo, pero siempre faltará el dinero, lo cual es injusto y desgastante. ¿Cómo encarar este asunto?

Daniel Colombo, master coach especializado en CEOS, en la publicación entrepreneur.com brinda un conjunto de pautas para definir el "adn" del honorario y 13 alternativas para concretarlas:

El "ADN" del honorario: cuánto vale lo que hago
Eso se fija según

  • Años de trayectoria en el mercado laboral.
  • Complejidad de la tarea a realizar
  • La competencia
  • La experiencia concreta en el tema que te especializas o que vas a trabajar
  • Tiempo (en horas y días) que le dedicarás a tu trabajo
  • Todos los costos de mano de obra y materiales.
  • El tipo de cliente (distinguiendo si es una pequeña, mediana o gran empresa)
  • El presupuesto disponible por los que te quieren contratar para ese trabajo independiente.
  • La forma de pago
  • Plazos de entrega ( si es urgente, si requiere varias revisiones, si lo que se paga es creatividad e innovación, etc)


Las 13 alternativas para fijar el precio de un trabajo

  1. Por monto cerrado: evaluar todos los detalles, como horas, materiales, impuestos, deducciones, forma de pago, y fijar un honorario por todos esos conceptos, más un porcentaje de rentabilidad. 
  2. Por etapas: un proyecto puede concretarse por en etapas. Por ejemplo, en el armado de una página web hay una etapa inicial que requiere de más trabajo, y luego, una vez encontrado el estilo y patrón de diseño, se realiza el trabajo en sí; para entrar en una tercera etapa de ajustes hasta el cierre del proyecto. Estas etapas pueden determinar a su vez, tres pagos con cierta frecuencia temporal, y que variarán según los indicadores que acuerden ambas partes.
  3. Pago fijo mensual más impuestos para proyecto a largo plazo. Es clave firmar un contrato y una orden de compra por parte del contratante, que te certifica la conformidad del trabajo que realizarás. 
  4. Fee mensual ajustable: en entornos inflacionarios o con productos que varían de precio según la estacionalidad (ejemplo:  helados = mayor venta en verano) se puede establecer un índice o variable de ajuste. Puede ser el indicador oficial de evolución de precios; el índice de aumentos salariales de determinado sector; el índice de variación del costo de ciertos productos “testigo” de tu cliente, que pueden ser tomados como base y que, si aumentan en ciertos puntos de venta (por ejemplo, supermercados) tus honorarios se ajustarán en la misma proporción.
  5. Por hora: Establecer un costo por hora de consultoría o de trabajo. Lo importante aquí es certificar al cliente la cantidad de horas aplicadas en base al acuerdo suscripto y los extras no incluidos en el paquete horario.
  6. Por paquete de horas. Consiste en fijar un limite de horas al cliente, como por ejemplo, si se trata de una consultoría, “hasta 20 horas mensuales”. Aquí  se requiere que especifiques muy bien los alcances (por ejemplo, fines de semana, viajes, llamadas telefónicas, respuestas a e-mails, redacción de materiales, etc.) ya que como son aspectos muchas veces intangibles te pueden generar algún dolor de cabeza frente a tu cliente si no está consensuado de antemano.
  7. Básico más porcentaje de ganancia:  Se trata de cobrar un básico garantizado y acordado entre ambas partes, y luego, un variable dependiendo de determinados aspectos igualmente fijados por contrato (por ejemplo, volumen de venta; cantidad de productos para los que desarrollarás tu trabajo, plus por éxito de ventas, etc.). En este caso, la sugerencia es que tu básico cubra tus costos totales y un poco más, como para que, en el peor de los escenarios, sea igualmente satisfactorio.
  8. Acuerdo de continuidad.  Si aparece un nuevo cliente que quiera probar tus servicios podrás acordar un valor base inicial, con un compromiso de generar al menos otra instancia de proyecto conjunto en los siguientes seis meses consecutivos. Este principio de buena voluntad te permitirá esforzarte aún más, y a tu cliente saber que debe portarse bien contigo en los pagos y la metodología de trabajo.
  9. Un pago extra. Basado en el éxito del producto o la acción o el servicio que has desarrollado. Es fundamental en este caso tener en claro y siempre por escrito cuáles son los parámetros que determinarán dicho resultado exitoso.
  10. Honorarios bonificados. Se trata de realizar un trabajo por un monto inicial en la primera etapa que cubra apenas tus costos y un poco más, e indicarás en este caso que, en caso de continuidad habrá una bonificación de un determinado porcentaje por seguir contando con tus servicios a valores regulares.
  11. Fijar moneda de pago.  Si la moneda de tu país no es demasiado estable o se presta a confusiones, o debes pagar honorarios tercerizados en otras divisas (por ejemplo, traducciones, importaciones, exportaciones, etc.), es conveniente que fijes en esa moneda testigo el valor de tus honorarios; los cuales percibirás al valor de moneda de tu país, que te permita en el mercado libre de cambios comprar la misma cantidad indicada de moneda extranjera.
  12. Fijar claramente honorarios puros + los extras. Un ejemplo de este caso es cuando todo lo que son horas de trabajo, creatividad y tu cabeza puesta en el proyecto del cliente, son honorarios. La producción de esas ideas, maquetaciones, videos, muestras, relevamientos, estudios de mercado, desarrollo de marcas y de planteos estratégicos, pueden ser considerados extras, y, por lo tanto, cotizados aparte. Por ejemplo, explicitarás claramente los honorarios completos por el trabajo a realizar, y, como extras, un breve descriptivo de lo que se trate, y un monto máximo que estimas deberá disponer el cliente por esos conceptos más relacionados usualmente con la producción. 
  13. Canjes. No es la opción recomendable, aunque en ocasiones es bueno para poder tomar algún beneficio cuando el cliente solicita rebajas en los honorarios. Por ejemplo, tu figuración con tu marca, nombre y web en materiales promocionales, eventos, anuncios en periódicos, para que, de alguna manera, puedas capitalizar esa brecha de honorarios en algo que luego puedas traducir en ganancia a mediano y largo plazo. Sobre todo en épocas iniciales, viene bien para reforzar tu posicionamiento. También, si hay insumos que fabrica o maneja el cliente, y que a ti te hacen falta o que puedas trasladar como cortesía a otros clientes o contactos de tu profesión.  Fuente: entrepreneur.com
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