La profesionalización del rugby uruguayo que Chile no supo hacer

En 2013, los Teros decidieron dejar el amateurismo. Un proyecto serio, a largo plazo, enfocado en el alto rendimiento y que ahora encuentra su primer resultado. Los medios chilenos reflejan el buen momento de la Celeste.

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La cara del uruguayo Juan Gaminara en el túnel del Kamaishi Stadium lo decía todo. Se golpeaba las mejillas y miraba para atrás, para así evitar concentrar mucho su mirada ante los gigantes que tenía a la izquierda. Ante Fiji, rival durísimo por su poderío físico y amplia tradición en Mundiales, el capitán de Los Teros sabía que podrían dar la sorpresa, una que comenzó a gestarse hace casi una década. Esta madrugada, en el Mundial disputado con Japón, lograron consolidarla al imponerse por 27-30 a los oceánicos.

Con apenas dos victorias en Mundiales, una ante España (27-15), en 1999, y otra frente a Georgia (24-12), en 2003, el rugby uruguayo necesitó de varias experiencias para dar el salto. Porque fue después de Francia 2007 que todo comenzó. Tras su tercer Mundial y una pobre participación en él, los charrúas comenzaron a dibujar su plan para comenzar a profesionalizarse en la ovalada y aspirar a algo más que solo asistir a una cita del mundo.

Pablo Lemoine, el actual head coach de Los Cóndores, fue uno de los artífices de ello. El pilar estuvo presente como jugador en las dos ocasiones en que Uruguay celebró en un Mundial, y desde 2013, una vez instaurado definitivamente el sistema de alto rendimiento de la Unión de Rugby de Uruguay (URU), fue el head coach del quince celeste.

Y no esconde su alegría. “Uruguay está en constante desafío. Hay una ambición general, tanto de su staff como de sus directivos, aspirando ir a más. Muchas veces no tienen ni el dinero para pagarlo, pero van, se lo rebuscan, y lo consiguen”, dice el primera línea.

Fue en 2012 cuando la URU se hizo de la concesión del Estadio Charrúa. De un recinto que estaba prácticamente en ruinas, autoridades, privados y la propia World Rugby comenzaron a aportar para hacer de él la casa de Los Teros, su centro de operaciones. Ya han pasado siete años y el recinto ha vivido dos nuevas remodelaciones. Ahora, incluso, es el hogar de la selección femenina de fútbol.

Pero hay más. Otra decisión fuerte fue no incluir al seven a side, por ahora, dentro de las prioridades. “Uruguay, derechamente, sacrificó el seven por el rugby de quince. Se plantearon que el seven era solamente para sacar jugadores con mayor roce internacional y desarrollar aspectos técnico-tácticas”, dice Carlos Morandé, histórico pilar de los Cóndores y actual dirigente electo de Chile Rugby.

Lemoine también destaca lo hecho por su sucesor, Esteban Meneses. “El Mono (Meneses) le dio a sus jugadores una ambición enorme en el juego y en la búsqueda de correr y jugar. Los asesores externos también permitieron tener a un equipo físicamente excelente. Son todos detalles, pero que forman un todo muy grande”.

Los orientales comienzan a soñar en grande. Ahora enfrentarán a Georgia, un rival menor en su grupo. De ganar, clasificarán a la siguiente ronda del Mundial, lo que los clasificará inmediatamente al próximo Mundial, liberando así un cupo para sudamérica. Es decir, gracias a Uruguay, Chile puede volver a soñar con un Mundial.

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