Kolbe es la "dinamita" para impulsar a los Springboks

Los analistas del Rugby News Service analizan a los jugadores clave de los cuartos de final. El último es el wing de Sudáfrica.

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Kolbe

Cuando Cheslin Kolbe crecía en el suburbio de Kraafontein, en Ciudad del Cabo, tuvo que hacer oídos sordos numerosas veces a quienes decían que tenía que abandonar su sueño de convertirse en jugador de rugby profesional.

¿La razón? No su falta de talento, sino de tamaño, un obstáculo que hasta hace poco, era considerado determinante para labrarse una carrera en Sudáfrica. Con 171 centímetros y 74 kilos, se creía que, simplemente, era muy pequeño.

“Todo el mundo está obsesionado con el tamaño en casa, todo el mundo quiere ser más grande que los demás”, explicó el wing. “No creo que esa sea la fórmula. ¿Por qué tienes que pesar 90 o 100 kilos para logarlo?”, se preguntó.

Pero en vez de hacer caso a las voces que le decían que no llegaría, Kolbe usó sus limitaciones como motivación y siguió su propio camino. Primero se mostró exitoso en sevens, logrando una medalla de bronce para Sudáfrica en Río 2016, lo que le convierte en uno de los 18 olímpicos que compiten en la RWC 2019.

En 2017 fichó por Toulouse, en el Top 14 francés, pero fue la llegada de Rassie Erasmus al banco de los Springboks lo que le dio la oportunidad de mostrar su talento a nivel internacional.

El interés de Erasmus era entendible porque Kolbe es rápido, muy rápido. Primo de Wayde van Niekerk, recordman de los 400 metros y medalla de oro en Río, la velocidad y la resistencia vienen de familia.

En un sprint, Kolbe puede mantener una velocidad de 33,66 km/h, solo 3,92 km/h por debajo de la velocidad media de Usain Bolt cuando logró el récord del mundo de los 100 metros en Berlín en 2009.

Si se añade su habilidad para cambiar de dirección, Kolbe se convierte en una pesadilla para los jugadores más grandes que tratan de tarcklearlo. En la victoria de Sudáfrica ante Italia en la fase de grupos, atemorizó a los azzurri anotando dos tries.

En la RWC 2019, Kolbe ha logrado una media de 13 metros por cada avance con pelota, la más alta entre los wings que toman parte en los cuartos de final. En promedio, supera a un defensor cada vez que entra en juego, el único wing que lo ha logrado jugando más de 120 minutos.

El video siguiente muestra su capacidad para cambiar un partido en un instante. Tomando la pelota dentro de su campo contra los All Blacks, corre casi todo el campo y solo un tackle salvador evita el try.

Kolbe no solo es valioso en ataque, también se empeña a fondo en defensa. Sin miedo a los jugadores más poderosos que él, hace un tackle por cada 16 minutos de juego.

De igual modo, su faceta defensiva le coloca como el wing que más tacklea de todos los que toman parte en los cuartos de final. Por encima del japonés Kenki Fukuoka y el neozelandés George Bridge.

Kolbe y Fukuoka se medirán el domingo, en lo que debería ser un duelo intrigante entre dos de los jugadores más pequeños pero efectivos.

“Hay un dicho por ahí que afirma que la dinamita viene en paquetes pequeños”, afirmó el wing a comienzos de semana tras recuperarse de una leve lesión en el tobillo. “Todos tenemos algo especial con lo que contribuir en nuestros equipos. Para mi se trata de lograr todo el momentum posible para que los forwards sigan avanzando”, explicó.

Mientras los Springboks preparan el partido convencidos de que pueden borrar el recuerdo del “Milagro de Brighton", el partido que Japón les ganó en la RWC 2015, Kolbe ya sabe lo que es anotar a los Brave Blossoms. Lo hizo, por dos veces, en el partido de preparación para la RWC 2019 que Sudáfrica venció por 41-7.

“Sabemos lo que pasó en 2015, no quiero decir que esté siempre en nuestra mente pero sabemos que pasó. Sucedió hace cuatro años y es una nueva oportunidad para nosotros”.

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