El entrenador que puso orden en los Springboks

Rassie Erasmus ha llevado a Sudáfrica a la final poco más de dos años después de que el combinado sufriese la derrota más dura de su historia

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Poco más de dos años después de haber sufrido la derrota más dura de su historia, Sudáfrica disputará el sábado contra Inglaterra la final del Mundial de rugby. Esta espectacular recuperación fue obra de Rassie Erasmus, quien reajustó el juego y estrechó las filas de los Springboks.

Derrotados 57-0 en septiembre en Nueva Zelanda y luego 38-3 en noviembre en Irlanda, el 2017 fue fatal con Allister Coetzee, luego de un catastrófico año precedente, cerrado con ocho derrotas en doce partidos -el peor balance de la historia de la Selección-, incluida una primera en Italia.

Para corregir el rumbo, los dirigentes repatriaron del Munster (Irlanda) a Johan 'Rassie' Erasmus y le dieron pleno poder, con el doble cargo de seleccionador y director de rugby de la Federación Sudafricana.

Sudáfrica, otra vez finalista.

Antes de pensar en producir un juego ambicioso atrás, aseguró la parte delantera. Entonces volvió a la quintaesencia del rugby springbok: la conquista, defensa y ocupación a través del juego con los pies, un tríptico sostenido por un grupo de forwards dominadores, que destrozaron a Japón (26-3) en los cuartos de final y luego abordaron a los galeses el domingo (19-16) en la semifinal.

"Rassie llegó con un plan de juego preciso: apoyarse en las fuerzas sudafricanas", explica Matt Proudfoot, entrenador de los forwards. La hoja de ruta estaba clara y el grupo tenía que adherirse. "Puso a todo el mundo al mismo nivel y trató de siguieran el mismo plan de juego", señala el pilar suplente Thomas Du Toit.

"El cambio más grande es el estado de ánimo que produjo al intentar que cada uno se implicara en su papel y jugara 'a la sudafricana'. Es lo que nos conviene. Todos los equipos tienen su identidad", añade Proudfoot.

Erasmus, de 46 años, hizo a Siya Kolisi el primer capitán negro en la historia de la Selección, en un país donde la cuestión racial es un tema muy sensible.

Ayudado por su condición de director de rugby de la federación, suprimió la regla de Selección de los jugadores expatriados y convocó o volvió a llamar a los "extranjeros" Cheslin Kolbe, Faf De Klerk, Willie Le Roux o Vincent Koch.

"Rassie escogerá al que trabaja duro, mientras que los entrenadores anteriores elegían a los que estaban ahí desde hacía años. Ahora lo que prima es el trabajo", asegura el hooker Bongi Mbonambi.

Eso es lo que se espera de alguien cuya profesión es el rugby. "Estos dos últimos años los jugadores se han dado cuenta de lo que quería decir ser un jugador de rugby profesional", declaró Erasmus.

"Llegó un momento, en Sudáfrica, en que ser jugador de rugby profesional significaba sólo cobrar un buen cheque. Pero los jugadores tuvieron que entender que si querían ser jugadores de rugby profesionales en Sudáfrica, debían trabajar muy duro y no podían contentarse con moverse de provincia en provincia para recibir un buen salario", añadió.

Esta exigencia "poco a poco se propaga por las provincias y las franquicias. El nivel general de meritocracia se está evaporando de nuestro rugby lentamente. Los jugadores están teniendo una enfoque más profesional del rugby", apuntó.

Los Springboks, según Kolisi, "están por encima de todo" para Erasmus, ex tercera línea internacional, que disputó 36 partidos con la Selección entre 1997 y 2001.

Se acabaron las jóvenes estrellas, siempre según Kolisi. "Antes, la mayoría de nosotros nos dábamos importancia en redes sociales; él nos puso los pies en la tierra. Y dijo que había que empezar a jugar bien, el resto vendría después", agregó.

Rassie Erasmus les dice sus verdades a los jugadores, que aprecian su sinceridad, según Mbonambi: "Te dice lo que piensa de ti a la cara y no a tus espaldas. Y todo el mundo está al corriente".

El planeta ovalado también lo sabe: los Springboks están de vuelta.

AFP.

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