"La Vuelta a Boedo acaba con la delincuencia de los 'milicos'"

Mario Rizzi, último capitán y goleador del Ciclón en el Viejo Gasómetro, celebró con emoción la recuperación de los terrenos de Avenida La Plata, que "acaba con la delincuencia de los 'milicos'" responsables de su expropiación.

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Mario Rizzi, último capitán y goleador de San Lorenzo en el Viejo Gasómetro, celebró con emoción la recuperación de los terrenos de Avenida La Plata, que "acaba con la delincuencia de los 'milicos'" responsables de su expropiación.

La "Vuelta a Boedo" se concretará el lunes 1 de julio a la medianoche cuando el club tome posesión del predio tras una vigilia que promete ser multitudinaria, y un festejo del que también participarán dirigentes y glorias de la historia "azulgrana".

La gesta, comenzada en los primeros años del nuevo milenio por miembros de la Subcomisión del Hincha (SCH), representa para el mundo sanlorencista la recuperación del vínculo con el barrio, un aspecto clave en su identidad.

"Va a ser muy fuerte, se mezclarán muchas emociones, especialmente para los que sentimos a San Lorenzo parte de nuestras vidas. En mi caso, porque llegué del interior, viví cerca del estadio y pasé gran parte de mi vida abajo de sus tribunas", explica Rizzi en una entrevista con Télam.

Nacido en Junín hace 65 años, el ex delantero recuerda que el estadio en Avenida La Plata al 1700 "era mucho más que una cancha de fútbol" porque tuvo una vida social que lo caracterizó como un escenario icónico de la porteñidad hasta el momento de su cierre en 1979.

"Muchos de los jóvenes que hoy son hinchas y seguramente vayan el domingo a la fiesta tienen a sus padres que se conocieron ahí, en los populares bailes de Carnaval que se hicieron durante las década previas", relacionó

El Gasómetro, un monumento de hierro y madera inaugurado en 1916, fue un estadio vida propia, independizado del fútbol, pese a ser considerado como el "Wembley porteño".

"Fue mi facultad. Ahí me formé como hombre y como deportistas. Debajo de sus tribunas se desarrollaban por lo menos 40 actividades y en todas las disciplina había campeones argentinos y hasta campeones olímpicos", apunta Rizzi en relación a Delfo Cabrera, ganador del oro en la maratón de los Juegos de Londres 1948.

Rizzi recordó al Gasómetro como un estadio "distinto a todas las canchas", distinción que también hacían "los muchachos de otros clubes que iban a jugar".

"Era como el Teatro Colón o un templo, tenía algo mágico que se sentía al entrar. Quizás por el hierro o la madera, todos se escuchaba distinto: los goles y el grito de la hinchada".

Y justamente fue Rizzi, capitán "azulgrana" de la época, el encargado en desatar el último grito de gol en Boedo ante Cipolletti de Río Negro (4-2), previo al último partido: el clásico con Boca (0-0) del 2 de diciembre de 1979.

"Ese partido se jugó a cancha llena, era el Boca del 'Toto' Juan Carlos Lorenzo contra nuestro equipo que era dirigido por (Carlos) Bilardo. El 'Loco' (Hugo) Gatti me hizo un penal pero Hugo Coscia lo erró y empatamos", evocó.

Consultado por el clima vivido ante el inminente cierre, Rizzi explicó que "nadie sabía que sería definitivo" porque en San Lorenzo reinaba "un estado de mucha confusión".

"Sabíamos que había una intención de la Municipalidad para abrir una calle (Avelino Díaz) pero terminó siendo todo un cuento, un robo, una delincuencia de los 'milicos'", lamentó.

Por entonces, el club estaba sumergido en deudas y fue presionado por el intendente de la ciudad, el brigadier Osvaldo Cacciatore, para deshacerse de las tierras con la promesa de construir un estadio más moderno en los terrenos de la actual Ciudad Deportiva del Bajo Flores, que fueron cedidos al club.

El proyecto urbano nunca se concretó, el estadio fue finalmente demolido, sus piezas rematadas en noviembre de 1980 y la tierra vendida a la empresa francesa Carrefour, que allí instaló su primer hipermercado en el país.

"Fue todo muy confuso, nosotros seguimos entrenando en el Gasómetro casi un año más tarde después del cierre. Los dirigentes de entonces no nos decían nada, no sabía ni de qué color era la camiseta de San Lorenzo", graficó.

"El presidente (Moisés) Annan me preguntaba a mí, que era el capitán, de qué jugaba el 4. No tenía ni idea. Yo le decía: 'Turco, un día te van a matar, no hables con nadie esto'".

Y concluyó: "Ese fue el gran problema de San Lorenzo en aquellos tiempos, tener dirigentes que no tenían nada que ver con la historia del club. Había otros muy buenos, que dejaban la vida, pero no eran lo que tomaban decisiones".

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