La soberbia nos carcome y la realidad "nos duerme"

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El argentino es un ser particular. Eso está claro. También es verdad que se ha creído en diferentes ocaciones más que el resto y más aún en cuestiones ligadas a lo deportivo. Siempre somos candidatos, aunque no conozcamos internamente las limitaciones de nuestros representantes en las diferentes competencias.

La realidad del fútbol marca, y la globalización con todo lo que la televisión trae a cuestas, que aquellas diferencias categóricas desde los inicios del fútbol hasta los años 2000 no existe más. Ni por asomo existe más.

La historia no deja de ser historia y no hay manera de alimentar aquel mito si no es con conocimiento, trabajo y talento. De estas tres aristas, un par no se estarían cumpliendo de la mejor manera por estas tierras. Y la falta de logros lo reflejan con creces.

Antes, cuando hablamos de grandes glorias de nuestro fútbol, prácticamente les alcanzaba con “el potrero”. Pero hoy, todos aquellos conocimientos intrínsecos del futbolista fueron revelados hacia todos. La integración hizo que se difundieran y los secretos del deporte son cada vez más efímeros y escasos. La puesta física está en un momento en el que ya no se puede exigir más. Los equipos del mundo son cada vez más parejos. Las selecciones también.

Nos cuesta entender como el Al Ain de los Emiratos Árabes puede dejar fuera de competencia en un Mundial de Clubes a River Plate, el mejor equipo de América. O que la Selección argentina no pueda ganarle en una Copa del Mundo a un debutante Islandia. Esto hace 4 o 5 mundiales hubiese parecido irrisorio.

Ahora se da una vez más una de estas “incongruencias” de las que los argentinos no podemos o no deseamos entender. Mali, con una jugada de la que antes nosotros hubiésemos dicho “que piola somos”, “nos duerme” en el minuto 120 de juego y posteriormente nos elimina en la tanda de penales del Mundial Sub’20 de Polonia. Hace 20 años, Carlos Bilardo decía: “El día que los africanos aprendan a jugar al fútbol, nos van a pasar por arriba”. El campeón del mundo en México 1986 y un evolucionado en materia futbolística ya avizoraba lo que ocurriría por estos tiempos dos décadas más tarde.

La Argentina es el país con más obtenciones en mundiales juveniles, con 6 conquistas, desde aquella de la mano de Diego Maradona y Ramón Díaz en Japón en 1979 hasta la conseguida en Canadá 2007 con el Kun Agüero como abanderado. Casi 30 años de coronaciones sostenidos en el tiempo y fundadas desde un trabajo fuera de serie, arrancado por César Luis Menotti y siguiendo por el gran José Néstor Pekerman, Francisco Ferraro y terminando con Hugo Tocalli. Todo realizado y con metas alcanzadas desde un trabajo a largo aliento. Ya son 12 años sin ni siquiera ser parte de las mejores 4 selecciones de un Mundial en materia juveniles.

El fútbol cambió, los demás evolucionaron. Nosotros no trabajamos y la televisión masificada terminó con los secretos de potrero. Hoy no se gana más con la camiseta, triunfan los que se preparan. Claro que si hay talento es mucho más fácil, pero con eso solo no alcanza. No nos alcanza. El escudo glorioso, de la AFA, con sus dos estrellas en el pecho, tampoco alcanza. Está demostrado y debemos arrancar de 0.

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