El día que Chiqui Tapia se quedó viendo Netflix y se olvidó de llamar a Gareca

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Ariel Fernandez

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En el mundo del revés, la Asociación del Fútbol Argentino encaja como anillo al dedo. Se eligen los entrenadores y luego al manager o director de selecciones nacionales, por ejemplo. Cargo ocupado por César Luis Menotti, aunque sin saber verdaderamente cuál es su trabajo específico. Y en ese desorden sideral camina desde hace un tiempo a esta parte el organismo liderado por Claudio Chiqui Tapia.

La salida de Jorge Sampaoli luego de Rusia 2018 terminó causando un daño sustancial, no solo desde lo económico, ya que el DT había firmado un contrato hasta la finalización del Mundial de Qatar 2022, sino por los pasos acéfalos con los que caminaría la Selección argentina de ahí en más.

La tortuosa partida del hombre de Casilda dejaría un panorama complicado en cuanto al sucesor. Si bien existe una gran cantidad de entrenadores, con enormes pergaminos en busca de la posibilidad más importante de sus carreras, esa chance nunca les llegaría.

Todos pensamos que la Selección argentina se la habían ofrecido a Marcelo Gallardo, Diego Simeone o Mauricio Pochettino y que estos, inmersos en sus carreras consagradas, le habían dicho que no a la Selección argentina. Luego todo caería de maduro y aquella presunción quedaría sin efecto cuando los propios entrenadores comunicaron por distintos medios que nunca les ofrecieron el cargo.

En ese periodo de incertidumbre, termina quedando bien parado Lionel Scaloni, único sobreviviente del cuerpo técnico de Sampaoli. Aunque sin experiencia, el santafesino agarró un equipo en llamas, colaboró en su recambio natural y disputa una Copa América que termina siendo decorosa.

En todos estos años, Ricardo Gareca comenzaba a construir uno de los momentos más gloriosos del fútbol peruano. El Tigre se hacía cargo de la selección blanquirroja en 2015 y disputaba las Eliminatorias que lo terminarían dejando tras 36 años en una Copa del Mundo. Tras Rusia 2018, el argentino, con incontables logros en su haber, esperó durante unos meses el llamado del presidente de la AFA. Puso en stand by su continuidad en Perú con el objetivo de que ese llamado, el más importante de su vida, sonara en su teléfono celular. Pero Chiqui Tapia estaba viendo una serie en Netflix o a lo mejor perdió su número. Vaya uno a saber. Ese llamado nunca llegaría y Gareca volvería a decirle que sí a la selección que confió en él. Y nuevamente no defraudaría. Ricardo Gareca, de 61 años, metería al conjunto Inca en una nueva final de Copa América, nada menos que ante Brasil, y luego de 44 años de sequía.

Lo cierto es que la argentina seguirá transitando su camino sin un proceso a largo plazo, con un entrenador sin experiencia y con otro compatriota haciendo historia muy cerquita de nosotros. Cuando analizamos los resultados de la Selección argentina en los últimos años necesitamos evaluar todos estos aspectos que, en definitiva, nos hacen entender porque estamos como estamos.

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