El Atlético Madrid se recupera y descuenta puntos

El Atlético Madrid se recupera y descuenta puntos

Los colchoneros volvieron a la victoria tras la derrota con el Barcelona y achicaron la brecha con los catalanes. Derrotaron por 2 a 0 al Celta y quedaron a nueve del líder.

Oblak saca tres y Griezmann la pone en la escuadra. Un día en la oficina para el Atlético. El esloveno enseña manos a la de Maxi y, en la continuación de la jugada, a la de Boudebouz. Un rato después, aún a la de Boufal. Hecha esa parte del trabajo, en el otro lado el francés aprovecha una falta cerca del área para presumir de puntería. Un portero, un delantero. El presente... ¿y el futuro? Cualquier proyecto mínimamente serio, ya que dispone de ellos, debería pasar por los dos muchachos. Los demás, que se apañen. Y al que no le guste, ya sabe dónde está Múnich. Morata sentenciará a la contra, por cierto. Asistido por Griezmann.

Antes del partido, Diego Costa se había convertido en una excelente maniobra de distracción. Con el de Lagarto y su árbitro justiciero ocupando el centro del escenario durante toda la semana, nadie en el teatro del Atlético parecía preocuparse especialmente por lo que sucedía entre bambalinas, donde los dos centrales sanos del lunes, una contractura por aquí, un edema por allá, habían desaparecido el viernes. Piensa mal y acertarás, apunta el refranero. Cuestión de mala suerte y de no haberse pasado por San Rafael hace nueve meses, apunta el dogma.

A partir de ahí, lo de Nehuén. El argentino se ha convertido en el primer futbolista defenestrado por su técnico... antes siquiera de estrenarse. Después de ensayar con él toda la semana, Simeone decidió que no estaba para formar parte del elenco. Y terminó tirando de dos canteranos en el eje de la zaga sin atender al pequeño detalle de que uno de ellos suele desempeñarse en el filial como volante... ofensivo. Toni Moya anduvo más cómodo con pelota que sin ella. Montero anduvo más cómodo sin pelota que con ella. Total: que se complementaron bien. Adelantados en el primer acto, al borde del área en el segundo. Y detrás, siempre Oblak. Puerta a cero.

Nada de eso iba con el Celta, que bastante tiene con lo suyo. De hecho la escuadra olívica no se había dado por aludida ante las carencias rojiblancas y apareció con Maxi como única referencia arriba. Las ausencias de Aspas y Brais dibujaban una línea de tres por detrás del uruguayo, el renacido Emre Mor por la derecha, Boufal a la izquierda, Boudebouz en el enganche, pero la sensación, con independencia de las ocasiones relatadas, siempre resultó un tanto timorata. La clasificación aprieta, pero los partidos hay que buscarlos. Es lo que hace Iago. Sin él, morriña. Eso también lo agradecieron Moya y Montero.

Más allá de centrales, al Atlético de salida le faltaba un 9. Morata y Kalinic aguardaban acontecimientos en el banquillo, Costa sabe Dios dónde andará, así que las recuperaciones de Rodrigo, el buen gusto de Vitolo, las incursiones de Juanfran o la omnipresencia de Griezmann, en resumen el más que potable partido local, apenas daban para disparos lejanos o llegadas sin rematador hasta la falta que derivó en el gol. Forzada por el canario, Antoine la puso donde Rubén quizás debió pero en todo caso no pudo llegar.

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