Análisis: Liga de emociones

Con la epopeya del Tottenham Hotspur en el Johan Cruyff Arena de Ámsterdam, la Liga de Campeones dejó atrás las semifinales más dramáticas de que se tenga memoria y perfila una definición en esa clave de adrenalina para el partido decisivo con Liverpool.

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Con la epopeya del Tottenham Hotspur en el Johan Cruyff Arena de Ámsterdam, la Liga de Campeones dejó atrás las semifinales más dramáticas de que se tenga memoria y perfila una definición en esa clave de adrenalina para el partido decisivo con Liverpool.

Pasaron once años desde que dos equipos ingleses dirimieron por la codiciada "Orejona": en la versión 2007/2008 resultó vencedor Manchester United por la vía de los penales después de un empate de 1-1 con Chelsea.

Pero ni dos de esos colosos, ni Arsenal ni el dominador de la Primer League, el Manchester City que dirige el catalán Pep Guardiola serán protagonistas de la final prevista para el sábado 1 de junio en el estadio Wanda Metropolitano de Madrid.

En realidad, si algo distingue la Champions en curso es la condición de inédita y sin la presencia de siquiera uno de los otros seis equipos que asomaban como favoritos.

En orden impreciso, el tricampeón Real Madrid, Barcelona, Manchester City, París Saint Germain, Juventus y Bayern Münich.

Liverpool ya había resultado finalista en 2017/2018 pero asomaba inferior a la media docena de poderosos referidos y prácticamente eliminado cuando se marchó del Camp Nou con un 3-0 en contra y con Lionel Messi en clave estelar.

Sin embargo, como ya es historia, pese a las sensibles bajas del egipcio Mohamed Salah y el brasileño Roberto Firmino el once que dirige el alemán Jürgen Klopp infligió al Barsa uno de los tropiezos más dolorosos de su historia.

Y para mejor, la gesta del Liverpool, con sendos dobletes de suplentes y por añadidura héroes accidentales: el belga Divock Origi y el surinamés Georginio Wijaldum.

Pero si lo del Liverpool parecía imposible qué decir lo del Tottenham, que a los 10 minutos del segundo tiempo perdía 1-0, 3-0 en el acumulado y con su mega estrella Harry Kane atribulado en un palco.

Con goles del notable defensor juvenil Matthijs de Ligt y del marroquí Hakim Ziyech el Ajax conducido por Erik ten Hag se encaminaban a un triunfo desahogado, pero Tottenham tenía reservada una carta igual de luminosa que fuera de catálogo: Lucas Moura.

El brasileño Moura selló el empate entre los 10 y 14 minutos del segundo tiempo y cuando se jugaba el quinto minuto adicional envió un zurdazo esquinado y rasante que sumió en una profunda tristeza al Ajax todo y desató el júbilo en los británicos, incluido su entrenador, el argentino Mauricio Pochettino, y sus legendarios compatriotas Osvaldo Ardiles y Julio Ricardo Villa, que jugaron en los Spurs hacia finales de los setenta.

En la vibrante semifinal jugada en el ex Ámsterdam Arena con una admirable precisión en los pases (cercana al 80 por ciento) y 40 remates a los arcos, hubo participación de tres futbolistas argentinos: Nicolás Tagliafico y Leandro Magallán en Ajax y Erik Lamela en Tottenham.

En Totenham, asimismo, que ha llegado a la final de la Champions por vez primera, juegan el arquero santafesino Pablo Gazzaniga y el defensor platense Juan Marcos Foyth.

La Liga de Campeones de Europa, inaugurada en la temporada 1955/56 bajo el nombre de "Copa de Clubes Campeones de Europa", tendrá un nuevo ganador en el anochecer madrileño del 1 de junio después del mano a mano de Liverpool y Tottenham en el Wanda Metropolitano, cuyo aforo es de 67.829.

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