Veinte años después, aún no superamos a Maradona

Se cumplen dos décadas del último partido oficial de Diego Armando Maradona y aún seguimos buscando a su heredero.
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Lucas Burgoa

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Veinte años después, aún no superamos a Maradona(publicada en El Gráfico)

Veinte años después, aún no superamos a Maradona | publicada en El Gráfico

Veinte años después, aún no superamos a Maradona(Foto publicada en La Nación)

Veinte años después, aún no superamos a Maradona | Foto publicada en La Nación

Veinte años después, aún no superamos a Maradona(publicada en El Gráfico)

Veinte años después, aún no superamos a Maradona | publicada en El Gráfico

Veinte años después, aún no superamos a Maradona(publicada en El Gráfico)

Veinte años después, aún no superamos a Maradona | publicada en El Gráfico

Fue un 25 de octubre de 1997 y nadie, ni el propio Maradona, imaginaba que ese sería el último partido oficial de su carrera, aunque no venía jugando con regularidad. Boca visitaba a River en el estadio Monumental con el 10 desde el arranque.

Apenas pisó el césped, se fue al banco de suplentes de River a saludar a Ramón Díaz, DT Millonario. Fue un apretón de manos frío, pues estaban distanciados por asuntos personales, pero el Diego no quiso dejar pasar la oportunidad de saludar a uno de sus mejores socios dentro de la cancha, con quien ganó el Mundial Sub 20 Japón 1979.

Maradona sólo jugó 45 minutos, en los que mantuvo un duelo futbolístico con Leonardo Astrada y algunos cruces verbales con Hernán Díaz. La exigencia física del partido lo superó y en el entretiempo se fue reemplazado por Juan Román Riquelme. Boca terminó ganando ese partido por 2 a 1 y los hinchas regresaron felices a La Boca luego de un nuevo triunfo ante el rival de toda la vida, sin saber que jamás volverían a ver al Diego en un partido oficial.

Hace exactamente 20 años se cerraba un capítulo en la historia del fútbol argentino que quedaría marcado a fuego en los más futboleros, y en el resto también. Maradona le ponía fin a una carrera llena de altibajos, pero signada por su amor a la camiseta de la Selección, con la que nos dio la alegría deportiva más grande a mediados de 1986.

A partir de su retiro, su mito se fue agigantando y por nuestra idiosincracia nos sentimos obligados a buscar un heredero.

Haciendo un breve repaso: le pasó a Ariel Ortega, quien tomó la 10 de la Selección inmediatamente después de la salida de Maradona. Le pasó a Juan Román Riquelme, quien ganó todo en Boca pero no logró trasladarlo a la Selección. Lo señalamos también a Carlos Tevez, apenas apareció, por su fútbol de potrero y sus orígenes humildes como los de Maradona.

Y, obviamente, le pasa a Lionel Messi. El mejor futbolista del planeta carga con el peso de no haber ganado, aún, títulos con la Selección mayor. La Pulga lleva en sus hombros una pesada cruz por haber cometido un único pecado, imperdonable por cierto: no ser Diego Armando Maradona.

Veinte años después de su retiro, cuando ya juegan en Primera varios futbolistas que nacieron ese año e incluso después, no logramos superar al mítico 10. Ojo, eso no significa que debamos olvidarlo. Entre todas sus hazañas futboleras, y en palabras de Eduardo Galeano, no hay que olvidar que Maradona no sólo llegó a ser el mejor de todos los tiempos, sino que también durante muchos años cometió "el delito de denunciar a viva voz las cosas que el poder manda callar y el crimen de jugar con la zurda, lo cual, según el Pequeño Larousse Ilustrado, significa 'con la izquierda' y también significa 'al contrario de como se debe hacer'". Olvidar a Maradona no sólo sería imposible sino también injusto, tan injusto como exigir que alguien más repita sus proezas y condenarlo si no lo consigue.

Bastante le costó ya al mismísimo Maradona cargar en sus espaldas con el peso de ser Maradona...