Tarea para la nueva dirigencia de la Lepra

Un club que deambula hace 20 años entre las malas. Es tiempo de ser humilde y resurgir.
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Ariel Fernández

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Tarea para la nueva dirigencia de la Lepra(Alf Ponce / MDZ)

Tarea para la nueva dirigencia de la Lepra | Alf Ponce / MDZ

Tarea para la nueva dirigencia de la Lepra(Alf Ponce / MDZ)

Tarea para la nueva dirigencia de la Lepra | Alf Ponce / MDZ

La mediocridad para algunos es normal
la locura es poder ver más allá.... (Charly García)

El presente de Independiente Rivadavia no llama la atención, casi un acostumbramiento de lo que le ha tocado vivir al club en los últimos 20 años. Es que desde 1999, cuando se produjo el primer ascenso al antiguo Nacional B, hasta ahora, con un descenso al Torneo Argentino y un ascenso posterior de por medio, la Lepra ha vivido casi siempre en la mediocridad deportiva, con algunos puntos más altos que otros.

Y no hace falta acudir a la historia para saber que Independiente es un grande del fútbol mendocino y del interior del país. Es por esto que duele y hasta parece por momentos injusta la situación constante por la que transita el equipo, pero también la institución.

Independiente pasó por las manos del empresario Daniel Vila y con mucha corriente a favor no pudo dar el salto de calidad necesario para alcanzar la elite del fútbol argentino. Será porque no solo se trata de una situación económica.

Hoy el estado deportivo es crítico, con un equipo al borde del descenso en la B Nacional y con pocos argumentos futbolísticos que den a ilusionarse con una salvación; aunque ojala ocurra. Hace poco Independiente eligió sus nuevos representantes y el club oficializó la lista con Ignacio Berrios a la cabeza y Raúl Corvalán como vicepresidente.

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Los nuevos tienen trabajo y mucho, aunque lo que puedan llegar a hacer seguramente no se reflejará en el corto plazo. El laburo debe ser arduo, a conciencia, pensando en el futuro y no tanto en el hoy, con un programa que arranque en las divisiones inferiores, el único modo de mantener la economía de un club y recurrir al funcionamiento colectivo del equipo de forma genuina, con la posibilidad en el crecimiento de las arcas a futuro. No hay otra que pensar en un proyecto que se inicie desde abajo, aunque pueda resultar engorroso y hasta molesto saber que los resultados, con suerte, se podrán observar en ocho o diez años. Pero es la forma.

Lo cierto es que hablar sobre lo que hace falta o no parece sencillo y hasta lo es. Pero la idea de la nota no solo era dejar un pensamiento crítico de cómo se debe proceder en un futuro reciente, sino en una tarea poco habitual que el dirigente de Independiente Rivadavia debiera afrontar. Y acá tenemos que ir más allá, por el bien del club, de los colores y la rivalidad y pensar en el crecimiento de la institución y del fútbol mendocino. Es que el hincha ya se cansó de la vulgaridad, de tener que deambular siempre por los suburbios y no ver la luz de los resultados que lo acerquen dónde están los más grandes, donde realmente se merece estar Independiente. Berrios y compañía, y esto a modo de opinión personal, deberían, y más allá de las facultades de la nueva dirigencia, acudir a sus colegas, a algunos dirigentes que han sabido hacer resurgir a una institución en los últimos años.

¿Es descabellado pensar que Berrios pueda acudir a distintas opiniones de dirigentes del fútbol, como José Mansur de Godoy Cruz, el ex mandatario del Tomba Mario Contreras o porque no también Fernando Porreta, de buenos años en Gimnasia? Yo personalmente creo que no. Sería un acto de humildad en post del resurgimiento de una institución que parece dormida salvo por su gente.

Independiente necesita de decisiones correctas, de proyectos a largo plazo, de opiniones argumentadas, de hombres de experiencia. Independiente necesita, de una vez por todas, volver a ser Independiente.