Que se vayan todos....¿los rugbiers?

La denuncia por abuso, para mi sorpresa, ha despertado una ira social inusitada contra el rugby en general.
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Miguel Ruiz

Que se vayan todos....¿los rugbiers?(Pachy Reynoso/MDZ)

Que se vayan todos....¿los rugbiers? | Pachy Reynoso/MDZ

Desde que la noticia sobre la denuncia por abuso sexual por parte de jugadores de rugby copó la escena pública mendocina y se convirtió en la "vedette" de los medios de comunicación para explotar en cada rincón de las redes sociales, no paro de hacerme cuestionamientos.

El tema en sí, permite un sinnúmero de aristas por las que puede ser abordado, y muchas veces esas miradas que parten desde diferentes enfoques lo convierten en un laberinto que confunde defensores y detractores en una polémica inútil, que más tarde o más temprano cae en generalizaciones que muy poco ayudan a resolver el conflicto. Justamente porque no es un conflicto, sino varios mezclados.

Se lo puede mirar desde lo estrictamente judicial; desde la postura de machistas contra feministas, se puede evaluar la participación de los medios de comunicación o las redes sociales, e incluso abrir un debate sobre la juventud y sus nuevas maneras de sociabilizar.

Sin dudas habrá más enfoques para el mismo tema, pero no tengo los elementos ni los conocimientos para opinar al respecto. Prefiero emitir una reflexión acerca de algo que creo conocer y que entiendo que también ha caído en el descrédito: el rugby.

De caballeros y no tanto

La denuncia por abuso, para mi sorpresa, ha despertado una ira social inusitada contra el rugby en general. Tengo la sensación (y así lo reflejan las redes sociales) que más allá de los hechos, posturas, pruebas o testimonios, esta denuncia desató un fuerte rechazo hacia un deporte, que más allá de ser el que personalmente marcó mi carácter y formación, parece ser dueño de un repudio social que desconocía y me asombra tanto como preocupa.

Mi observación no apunta rescatar los valores del deporte, o ponderar célebres historias de solidaridad o superación, donde el rugby sea el eje rector. Yo no quiero erradicar este rencor hacia el rugby, hablando de Nelson Mandela o de los uruguayos del Milagro de Los Andes. Humildemente quiero entender el por qué, y tratar de cambiarlo.

Algo hicimos mal, muy mal, todos los actores de este deporte. Jugadores, entrenadores, dirigentes, padres, o simples simpatizantes, para que el mendocino promedio tenga un concepto tan negativo sobre un deporte.

Creo que los problemas, para solucionarlos, hay que reconocerlos, en primer lugar. Y mientras la justicia se encarga de resolver su parte (sin lugar a dudas la más importante) el rugby y sus dirigentes deberían estar abocados a trabajar para cambiar ese estigma que pone a este deporte tan en descrédito en nuestra sociedad.

Hay personas que usan el rugby para reinsertar presos enseñando este deporte en las cárceles; otros que realizan acciones solidarias a través del rugby en campañas de donación de sangre, de órganos; hay una gran tarea inclusiva del rugby con niños con capacidades diferentes; de igual modo un enorme trabajo con los lesionados jugando al rugby. Sin embargo, ante la posibilidad aún sin sentencia de un hecho aberrante para cualquier deporte que se vea involucrado, siento que el rugby ya tiene una condena social.

Reconociendo mis orígenes y la importancia del rugby en absolutamente todos lo que hago en mi vida, tengo la necesidad de asegurar que este deporte no es merecedor del concepto que hoy se difunde sobre él.

Jamás entraría en la comparación con otros deportes de mayor o menor popularidad, de mayor o menor estrato socioeconómico, porque caería en el error que hoy sufre el rugby cuando se lo generaliza y se lo encasilla tan injustamente. Solo creo pertinente encender una luz de alerta para quienes tienen la responsabilidad y obligación de conducir los destinos de esta actividad, porque tienen mucho por hacer y por trabajar para cambiar una mirada, que nos guste o no, es muy mala.

Siento que todos hemos sido cómplices, mirando para otro lado cuando presenciamos actos que mancillan el honor y el espíritu que tanto nos jactamos tener. No decimos nada si vemos una deslealtad en la cancha; nada cuando en las tribunas, en los terceros tiempos, en lo entrenamientos, en la vida, un jugador/hombre de rugby no se comporta adecuadamente.

Creo que tenemos una gran tarea por delante, porque el mensaje que hemos querido trasmitir no es el que está llegando y lejos de todos esos pensamientos el mundo rugby quiere hacer su aporte a formar una sociedad más amable y solidaria es urgente y que debe insumir todos nuestros esfuerzos. Ojala todos tomemos la decisión de ponerla en práctica.

Miguel Ruiz.