El verdadero clásico de los clásicos

Mucho más allá de su costado dilemático, de sus desmesuras y sus forzamientos, el mano a mano entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo es el más duradero y por lo tanto el más extraordinario en la elite de la historia del fútbol profesional.

REDACCIÓN MDZ ONLINE

El verdadero clásico de los clásicos

Mucho más allá de su costado dilemático, de sus desmesuras y sus forzamientos, el mano a mano entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo es el más duradero y por lo tanto el más extraordinario en la elite de la historia del fútbol profesional.

No necesariamente el más luminoso, por supuesto, desde el momento que vastas franjas de amantes del fútbol de aquí y allá, privilegian el versus Pelé/Maradona, o Pelé/Di Stéfano e incluso Di Stéfano/Maradona, cuando no sientan a la mesa al fabuloso holandés Johan Cruyff.

Pero en todo caso son pares construidos en clave de mero juego especulativo (lo cual nada tiene de malo, conste), desde el momento que carecen de una sincronicidad real o en su momento carecieron de espesor polémico.

cristiano_messi.jpg

Cuando Di Stéfano era considerado el mejor jugador del planeta, por su lado el Pelé adolescente estaba pronto a asombrar en el Mundial de Suecia y cuando Pelé se erigió en O Rei a lo más se perfiló una pulseada con La Perla Negra, Eusebio, pero tampoco dieron para tanto los esplendores del originario de Mozambique, la gran estrella del Mundial de Inglaterra.

Después brilló Cruyff, aunque en sentido estricto no recogió nada parecido a una unanimidad que impulsara su reinado, del mismo modo que el Maradona estelar en México 86 y santificado en Nápoli estuvo un par de peldaños por encima de otros cracks de su tiempo, como por ejemplo el francés Michel Platini, el brasileño Zico y el alemán Karl-Heinz Rummenigge.

Tampoco Ronaldo, el brasileño, el Gordo, gozó del beneficio del bastón de mando, por lo menos de forma explícita y extendida; y tampoco, por cierto, Zinedine Zidane, de manera que recién cuando Messi hizo sentir el rigor de su talento descomunal el universo futbolero se rindió a sus pies, salvo, vaya ironía cuya evaluación detallada no viene al caso, el de su propio país de origen.

A la par de un Messi en pleno ejercicio del rango de mejor jugador del planeta se recortó entonces la figura de Cristiano Ronaldo, respaldado por su sed goleadora, por su enorme influencia en la conquista de una montaña de títulos y también en grado sumo por el espaldarazo mediático y por su consabido y célebre ego desbocado.

Claro que lo menos interesante del tema es la vertiente de ángel que despunta en Messi y lo cómoda que le sienta a CR7 la piel del villano, provocador y odioso.

Tampoco asoma demasiado interesante congelar la mirada en una diferencia crucial: pese a sus tropiezos en los mundiales, a Messi se lo compara con el mismísimo Maradona y, en cambio, las veces que Cristiano Ronaldo ha logrado trepar al cielo de su cielo, como máxima concesión se lo compara con Messi.

En realidad, la verdadera sustancia de lo incomparable consiste en el hecho de que hablamos de dos jugadores que han subvertido el orden de la regla y sus excepciones; que han naturalizado si no lo imposible, por lo menos lo infrecuente.

Hace diez años que Messi es el mejor jugador del mundo y que al tiempo se constituye en la apetitosa zanahoria que persigue Cristiano Ronaldo.

Y los dos regalaron, regalan y quién sabe hasta cuándo regalarán una pulseada estelar, que en materia de año calendario o año "natural", tal lo designan en España, se expresa en números de Guinness: Messi ha prevalecido en 2010 (60 a 48), 2012 (90 a 63), 2016 (58 a 55), 2017 (54 a 53) y 2018 (51 a 49); en tanto CR7 lo hizo en 2011 (60 a 59), 2013 (69 a 45), 2014 (61 a 58) y 2015 (57 a 52).

Puesto que contra el Padre Tiempo no hay quien la talle, la pulseada entre Messi y Cristiano Ronaldo un buen día decaerá, pero lo que no debería decaer, lo que no debería faltar, es la indispensable valoración, el indispensable reconocimiento, por qué no la sincera gratitud.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?