Historias

A 23 años del Topo Gigio: el detrás del festejo que rompió todo entre Riquelme y Macri

Un 8 de abril de 2001 Juan Román Riquelme realizó su festejo más icónico. Las causas del conflicto con Mauricio Macri, las declaraciones y el trasfondo de una pelea que acabó con el 10 en el Barça.

Lucio Cappellini
Lucio Cappellini lunes, 8 de abril de 2024 · 18:12 hs
A 23 años del Topo Gigio: el detrás del festejo que rompió todo entre Riquelme y Macri
Riquelme anotó el 2-0 de Boca frente River y se lo dedicó a Macri Foto: archivo

Un día como hoy, pero hace 23 otoños, el fútbol argentino vivió una de sus noches más recordadas. Boca le ganó en la Bombonera a River por 3-0 con goles de Hugo Ibarra, Juan Román Riquelme y Guillermo Barros Schelotto por la fecha 10 del Torneo Clausura. De un lado, Carlos Bianchi; el técnico rival, Américo Rubén Gallego. Los Xeneizes venían de vencer al Real Madrid solo unos meses atrás y eran campeones intercontinentales. El Millonario estaba primero en aquel campeonato. Condimentos sobraban, como en cualquier superclásico. Pero este contó con un imprevisto que lo convirtió en uno de los más memorables: el festejo que Riquelme le dedicó a Mauricio Macri. O, en sus palabras, el día del "Topo Gigio".

Antecedentes

Es sabido que Riquelme y el por entonces presidente de la institución, Mauricio Macri, no tenían un vínculo fluido. Y que aquel festejo fue una queja manifiesta de parte del 10. Pero tal vez no son tan conocidos los motivos que llevaron a aquella escalada de tensiones. La historia se remonta a diciembre de 1995, cuando Macri se convirtió en presidente de Boca. Enseguida, el mandatario compró a un juvenil de Argentinos Juniors llamado Juan Román Riquelme. Al cabo de unos meses, el chico nacido en Don Torcuato debutó en la primera división del equipo azul y oro y comenzó a deleitar a su público: “¡Riquelme, Riquelme!”, le cantaban a un jugador de solo 18 años. Dos años después, cuando Román ya era la sensación del club de la Ribera, llegó una oferta del Parma, de Italia. Y en ese momento comenzó a fraguarse esa suerte de enemistad entre dos referentes de Boca Juniors.

Un festejo que trascendió: Messi, frente a los Países Bajos. (Foto: El Gráfico)

La venta de Riquelme al Parma parecía cerrada y, se decía, rondaba los 14 millones de dólares. Pero según la dirigencia del club la transferencia se cayó porque el padre del jugador no quería que Juan Román dejara el país. Por supuesto, el protagonista respondió: negó aquella versión y aclaró que solo quería que le subieran el sueldo; sostuvo que ganaba 1.500 pesos por mes. Comenzó, entonces, un “tira y afloje” entre el 10 y el presidente, que aseguró que en realidad ya se lo había elevado. “Es un mentiroso”, dijo luego Riquelme. Y con su frase provocó una respuesta del presidente que revolucionó los medios. Macri filtró el salario de Riquelme y los diarios mostraron el recibo donde quedaba en evidencia su retribución: 5.788 pesos. Y luego sería contundente: “Román cometió una equivocación de pibe y me trató así por la bronca del momento. No quiero hacer de esto una telenovela y darles de comer a los que viven de noticias polémicas, pero yo no miento”.

Luego de la escalada de tensión, la transferencia al Parma evidentemente se dinamitó. Y Riquelme permaneció como jugador de Boca algunos años más. Casualmente, fueron los años más exitosos en la historia del club, con el 10 como figura descollante y Carlos Bianchi como ideólogo de aquel equipo: 4 títulos locales, 3 Copas Libertadores y 2 Copas Intercontinentales. A mediados del 2000, luego de la obtención del primero de los tres trofeos a nivel continental, Juan Román Riquelme le solicitó a la dirigencia un aumento de sueldo; una retribución “adecuada” para quien era el mejor jugador de América. Macri y los suyos se lo negaron. En octubre de ese año, de labios de Román se oyó la frase: “Si Mauricio Macri pasa al lado mío, ni nos saludamos. Estoy cansado de que me digan algo en la cara y después no me lo cumplan”.

La tapa de Olé, cuando se filtró el salario de Riquelme. (Foto: Olé)

Pese al conflicto interno, Boca siguió ganando y en noviembre de ese año fue campeón del mundo luego de vencer al Real Madrid de Vicente del Bosque, que contaba con estrellas como Casillas, Hierro, Roberto Carlos, Figo, Guti, Raúl, entre otros. Pero eso no hizo más que acentuar la demanda de Riquelme. Mas la dirigencia le volvió a bajar el pulgar. Mientras en el entorno del jugador aseguraban que recibía 240.000 pesos, el 10 exigía dos millones como reconocimiento por todos los títulos obtenidos. Unos años más tarde, Macri daría detalles de aquella negociación: “Propusimos duplicarle el contrato. No alcanzaba. Entonces, lo triplicamos. No alcanzaba. Quería ganar más que nadie. Como consideré que no había argumentos futbolísticos ni comerciales para que ganara más que Barros Schelotto o que Palermo, rechacé su pedido. A partir de ese momento dejó de hablar conmigo y ni siquiera me saludaba. Y después de cada gol empezó a hacer el famoso gesto del Topo Gigio”.

Gol y festejo a lo "Topo Gigio"

En ese contexto de suma tirantez, llegó de Barcelona una oferta por 22 millones de dólares en busca de Riquelme. Pero el jugador quería seguir en el xeneize; eso sí, con otro salario. En plena disputa seguían cuando Boca recibió a River el 8 de abril del 2001, por la fecha 10 del Torneo Clausura, y todo explotó. El encuentro se destrabó con un zurdazo del Negro Ibarra, que puso el 1-0. En el segundo tiempo, el arquero de River Franco Constanzo cometió una infracción sobre Clemente Rodríguez que derivó en penal para el conjunto local. ¿El encargado de patearlo? Juan Román Riquelme. El 10 tomó el balón, lo apoyó sobre el círculo pintado con cal a doce metros del arco rival y tomó distancia. Suspiró, corrió y pateó. Lo atajó Constanzo, pero en el rebote el surgido en La Paternal convirtió de cabeza y firmó el 2-0 (que luego Guillermo Barros Schelotto transformaría en 3-0). Evitando que sus compañeros festejaran con él, Riquelme corrió decididamente al palco presidencial y allí hizo el emblemático gesto. Se paró frente a Macri, lo miró, y puso sus manos detrás de las orejas, como si deseara oír algo. Debajo de su bigote se ilustraba una sonrisa en el rostro del presidente, aunque algo incómoda y seguramente poco sincera.

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