Legado eterno

Murió Legrotaglie: el Víctor, Nicolino, el Cóndor y un abrazo inmortal en el edén de los dioses

Este sábado, falleció una de las tres leyendas del deporte mendocino. En el cielo lo recibieron Nicolino Locche y Ernesto Contreras para sellar un legado eterno.

Juan Ignacio Blanco
Juan Ignacio Blanco sábado, 30 de marzo de 2024 · 19:20 hs
Murió Legrotaglie: el Víctor, Nicolino, el Cóndor y un abrazo inmortal en el edén de los dioses
El Cóndor, Nicolino y el Víctor, juntos para una producción de El Gráfico Foto: El Gráfico

El deporte mendocino, y argentino, está de luto: falleció Víctor Antonio Legrotaglie. El Maestro, el que eligió a su Mendoza por sobre las ofertas que llegaban de los "grandes", el que se transformó en leyenda. El que era amado por los hinchas de su Gimnasia y Esgrima, y admirado por toda una provincia. Este sábado se fue una de las tres máximas glorias del deporte local. En el edén ya lo recibieron sus amigos: Nicolino y el Cóndor, quienes partieron antes que él y quienes le dieron un lugar de trascendencia a nuestra provincia en el libro de las máximas hazañas deportivas de Argentina.

Legrotaglie, Locche y Contreras compartían mucho más que hazañas en sus especialidades deportivas: eran amigos y se respetaban. Sabían que cada uno en lo suyo habían marcado hitos deportivos. No había envidia, podían convivir en la gloria de una provincia que no tuvo mayores ídolos que ellos, a pesar de que anteriormente Pascual Pérez había entrado en la historia grande; y luego con Pablo Chacón, quien en algún momento tomó el legado de los tres para poner a Mendoza en el pedestal deportivo.

El Víctor, el Nico y Ernesto fueron contemporáneos: Legrotaglie debutó en Gimnasia y Esgrima en 1953 y desde ese día comenzó a escribir su propia leyenda; al igual que Nicolino Locche quien, de la mano de don Paco Bermúdez, comenzó su andar profesional dentro del boxeo, un año después del debut del futbolista nacido en Las Heras. Contreras, en tanto, desde su Medrano natal, comenzó a escribir su historia en el '56 con bicicleta prestada.

Los tres son de la década del '30. La particularidad que une a Legrotaglie con Contreras es que ambos nacieron en 1937. Nicolino lo hizo dos años después, más precisamente en 1939. Los tres, nacieron para ser grandes, para tener nombre propio, para ser ídolos de una provincia entera que coreó sus nombres, que sintió sus proezas como propias.

En el caso del Víctor con sus goles y gambetas (y el argentino que más goles de tiro libre ha marcado en la historia), esas que lo llevaron a estar bajo la lupa del Real Madrid, el Inter de Milán y el Cosmos de Estados Unidos; en el caso de Nicolino con sus fintas y ese boxeo desprolijo que no solo hizo poner de pie al Luna Park, sino que quedó grabado a fuego en la retina de todos tras la paliza a Paul Fují en Japón; y en el caso del Negro con aquellos cruces de Los Andes arriba de su bicicleta, carreras que lo llevaron a ser ídolo en una provincia que hasta ese entonces no lo tenía en los planes de la idolatría más allá de haber sido olímpico y mundialista. 

Este sábado se apagó la luz del Víctor; como se apagó la de Nicolino el 7 de septiembre de 2005, como se apagó la del Cóndor de América el 25 de octubre de 2020. Hoy, los tres, se funden en un abrazo eterno, quedando grabado en el firmamento y el olimpo de los dioses mendocinos.  

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