Un premio consuelo, pero necesario

Un premio consuelo, pero necesario

Con una herida que no cierra, el Xeneize se sacó de encima la mufa en las finales y volvió a ganar una después de casi cuatro años. No es la más importante, pero era un estímulo necesario para dejar atrás los momentos amargos y empezar a forjar un futuro acorde con su historia.

El 4 de noviembre de 2015 Boca Juniors se consagró campeón de la Copa Argentina al vencer en la final a Rosario Central, y nadie imaginó aquella noche que deberían pasar casi cuatro años para que el Xeneize, de una riquísima tradición copera, volviera a ganar una final.

Después de esa consagración en Córdoba, Boca disputaría tres finales más y en todas se quedaría con las manos vacías. Para colmo de males, la trascendencia de esas finales fue creciendo hasta llegar a un nivel de importancia histórica, por lo que las derrotas calaron mucho más hondo que cualquier otra.

La primera final perdida fue ante San Lorenzo, con goleada incluida, por la Supercopa 2015, trofeo que ya se le había escapado en la edición 2012 ante Arsenal. A principios del año pasado disputaría nuevamente dicho torneo, nada menos que ante River, y volvió a caer. Y la tercera fue la más dolorosa. El golpe de nocaut. En Madrid, nuevamente ante River, por la final de la Copa Libertadores.

Con esos antecedentes llegó Boca a Mendoza, sintiéndose obligado a consagrarse campeón de un torneo que en los papeles no resiste importancia, pero que en lo anímico y psicológico puede ser fundamental de cara al futuro.

El plantel necesitaba cortar con la mufa y lo logró. Ante un rival devaluado, sí, pero había que desahogarse, como lo dijo el capitán luego de levantar la copa. "Ganar esta copa fue un desahogo porque veníamos de dos finales perdidas", dijo Carlos Tevez reconociendo que la importancia deportiva de esta Copa radicaba más en las espinas del pasado que en las flores del futuro. "Esto será un apoyo para seguir creciendo como equipo", agregó Carlitos sabiendo que ahora sólo hay que mirar para adelante.

En la misma línea se manifestó Carlos Izquierdoz, autor del penal decisivo que le dio la Supercopa a su equipo. "Boca recuperó la alegría, se necesitaba un logro como éste", consideró el Cali.

Otro que expresó su desahogo fue Darío Benedetto, quien también reconoció que "necesitábamos festejar, estábamos esperando este encuentro para dejar atrás cosas que vivimos antes".

Boca Juniors se quedó con el premio consuelo. Una copa que difícilmente quede entre las más recordadas por los hinchas cuando se repase la historia del club. Pero que, desde lo anímico, puede marcar un punto de partida para volver a acariciar la gloria que no hace mucho supo conseguir.

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