Medalla de oro para la inauguración
La presentación de China al mundo no pudo ser mejor. La majestuosa y memorable ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Beijing representaron para esta potencia mundial una oportunidad única, que aprovechó de manera impecable, para mostrarse ante 4 mil millones de personas que siguieron el evento en directo por TV e Internet en todo el globo.
El impactante encendido del pebetero y el show de fuegos artificiales cerraron una ceremonia majestuosa.
Sin embargo, y más allá de su belleza y grandiosidad, la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos pareció destinada a enviar un mensaje hacia el mundo: el que China no es, como dicen muchos, un país cerrado, intolerante y contaminador del medio ambiente.
La fiesta trató de enfatizar las contribuciones chinas al desarrollo de la humanidad, como la invención del papel y de los tipos móviles, que fueron los precursores de la prensa.
El rechazo a la fama de intolerantes con las diferencias estuvo expresado por la presencia frecuente, sobre el escenario, de actores que representaban a las 56 etnias que conviven en China. En cuanto a las acusaciónes de contaminadores ambientales, los organizadores de Beijing 2008 dedicaron todo un "capítulo" de la ceremonia de apertura a la naturaleza.
Si bien el medallero deportivo todavía está vacío, China ya ganó una presea dorada, con una inauguración que quedará en la historia como la mejor de todas.

