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Legrotaglie: "Con Gimnasia tuvimos un amor a primera vista"

Víctor Legrotaglie es el gran emblema de Gimnasia y su apellido nunca podría despegarse de la historia grande del club, mucho menos en su siglo de vida. Es el ídolo y los hinchas se lo demuestran todos los días. Su debut, sus anécdotas, su familia. Un Víctor auténtico.
Foto: Nacho Gaffuri / Archivo
Foto: Nacho Gaffuri / Archivo

Gimnasia y Esgrima sopla cien velitas. Y a lo largo de ese siglo de vida se nutrió de grandes jugadores, de glorias, de estandartes, de caudillos, quienes alimentaron su historia con talento, fortaleza y un juego que siempre cautivó a sus hinchas, de los fanáticos y de los que no son tanto.

Existe una larga lista de estos referentes que le ofrecieron luz al club mensana. Sin embargo, cuando la entidad recorría sus 45 años de haber sido fundada, en 1953, una imaginaria cigüeña llegó de París con el que fue, es y será el hijo pródigo, el predilecto de los simpatizantes del Lobo: Víctor Antonio Legrotaglie.

Con apenas 16 años, un pibe flaquito, morocho y de baja estatura se dio una vuelta por el Parque para probar la habilidad de su zurda. Arribó de la mano del “Mono” García, su amigo, quien lo “descubrió” en unos campeonatos de barrio, en Las Heras, donde el Víctor ya entregaba su magia en el club 5 de octubre.

Desde ese momento comenzó un idilio inquebrantable (que persiste en la actualidad con más fuerza que nunca) entre el club, los hinchas y el Víctor. Su zurda deslumbró a todos y el romance no dejó de crecer. Su brillo dentro del campo y su personalidad fuera hicieron del Víctor un ícono.

Fueron 22 años de fútbol exquisito y cariño recíproco, pero en realidad el vínculo no se apagó cuando el Víctor se retiró del profesionalismo, en 1974. Todo lo contrario: se fortaleció cada vez más; a tal punto que el estadio de la calle Lencinas se llama Víctor Legrotaglie, en honor al máximo emblema que ha tenido el club.

“Desde que llegué a Gimnasia que estoy enamorado del club. Creo que fue amor a primera vista. Gimnasia es mi familia, mi pasión con todas las letras. Es mi vida”, le confesó, sin vueltas, el gran ídolo del Lobo a MDZ.

-¿Jugó en otro club aquí en Mendoza?
-Sí. Jugué en Independiente Rivadavia y en Atlético Argentino, pero nunca quise separarme de Gimnasia y volví rápidamente. A nivel nacional sólo estuve un año, en 1959, en la primera de Chacarita Juniors. Pero enseguida regresé a Mendoza. También me vinieron a buscar del Inter (Italia), del Real Madrid (España), del Cosmos (Estados Unidos), de Perú, de Chile. Nunca acepté.

-¿Por qué no aceptó, si habían millones dando vueltas en el exterior?
-Porque esos millones me los pagaron acá, con dinero y mucho afecto. El cariño de la gente de Gimnasia no lo cambio por nada. Me dieron todo, pero todo, durante los 22 años que jugué en primera. Yo era el niño mimado. Siento que gracias a Gimnasia he vivido como 180 años y no 71.

Con 11 goles olímpicos y 60 de tiro libre, entre otras conquistas que exhibe el palmarés de su carrera, Legrotaglie se convirtió para Gimnasia lo que es Maradona para Boca, Bochini para Independiente de Avellaneda o Norberto Alonso para River, por citar algunas de las grandes figuras del fútbol argentino.

Su estampa estuvo dos veces en la tapa de la conocida revista El Gráfico y fue el líder absoluto del Gimnasia de los 70, cuando el club del Parque se lucía como pocos en los antiguos torneos Nacionales. Sobresalió entre otras glorias mensanas como Alfredo “Bolita” Sosa, Alfredo “Polaco” Torres, Carlos Aceituno y Juan Carlos Documento Ibáñez, la columna vertebral del Lobo en esa época de alegrías repetidas.

Al respecto, Legrotaglie también coincidió con miles de hinchas de Gimnasia en que el equipo ideal, a lo largo de sus cien años de historia, fue el que deslumbró en los años 70, 71 y 72. Ese elenco que dejó en ridículo a Boca, River, San Lorenzo y a cuanto rival se pusiera enfrente.

“No quiero minimizar a otros equipos de Gimnasia, pero ese fue el ideal. Nos sentíamos invencibles. Entrábamos a la cancha y sabíamos que ganábamos. Teníamos una mentalidad muy fuerte y nos tenían mucho respeto”, agregó el popular Víctor, bandera de la recordada época del “Y toque, Lobo, toque” que coreaban los simpatizantes mensanas desde las tribunas.

-¿Cuáles fueron los mejores años de su carrera en Gimnasia?
-Todos. Siempre me sentí en un gran nivel y dejé todo en la cancha. Lo hice por el afecto de los hinchas. Ellos se lo merecían.

-¿Recuerda a algún presidente en especial?
-Hubo muchos y muy buenos a lo largo de la historia. Pero don Tito Guzzo fue lo máximo.

-¿Y a algún técnico que lo haya marcado como futbolista?
-No puedo nombrarlos porque no quiero olvidarme de ninguno. Todos me dejaron que hiciera lo que quisiera en la cancha, que jugara con total libertad. Pero me quedo con el “Mono” García, que fue el que me llevó a Gimnasia.

-¿Cómo le gustaría que lo recordaran los hinchas de Gimnasia?
-Como lo que soy: simplemente el Víctor, una persona común, que ama a su familia y tiene la inmensa fortuna de que la gente lo quiera.


Recuerdos imborrables

En más de cincuenta años junto a su querido Gimnasia, Legrotaglie vivió y disfrutó de un sinfín de anécdotas. Y aquí ofrece algunas de las más recordadas.

-“Recuerdo cuando fuimos a jugar con San Lorenzo (en octubre de 1971) en el Viejo Gasómetro. Ellos tenían un equipazo y venían primeros. La verdad es que les dimos un baile bárbaro y ganamos 5 a 2. A tal punto fue la superioridad que el árbitro (Roberto) Goicochea me apartó y me pidió que no siguiéramos tocando; que él no se hacía responsable de lo que podían hacer los hinchas de San Lorenzo. Al final no pasó nada malo. Cuando salimos de la cancha había como dos cuadras de hinchas de San Lorenzo aplaudiéndonos mientras salíamos con el micro”.

-“En otra oportunidad fuimos a jugar a Tucumán contra San Martín. También ganábamos y con baile. De repente los hinchas de San Martín comenzaron a tirar naranjazos desde la tribuna. Y a mí se me ocurrió levantar una y empezar a hacer jueguitos como si fuera una pelota. Se la devolví, se enojaron más todavía y arrojaron más. Fue inolvidable”.

-“Una vez me fue a buscar don Felipe Bellene (presidente del Deportivo Maipú) para llevarme a jugar a su club. Me ofreció de todo y fue hasta mi casa del barrio San Ignacio (de Godoy Cruz) con dos camiones llenos de electrodomésticos y muebles para el hogar, con la intención de convencerme. Además, Bellene ya había hablado con los directivos de Gimnasia. Pero como ya no quería irme del club, no acepté. El amor por Gimnasia no lo cambio por nada”.


“Sin mi familia nunca hubiese sido el Víctor”

Tiene dos grandes amores el Víctor: Gimnasia y, en especial, su familia. Lucha, su inseparable esposa, Olga, Carina y su adorado hijo Cocó (quien falleció) son la razón de su existir. “Esto es simple: sin mi familia nunca hubiese sido el Víctor. Ellos me dieron la fuerza necesaria para lograr lo que me propuse. Todo lo hice por ellos”, arranca diciendo Legrotaglie.

La devoción por sus afectos más íntimos es indisimulable en el rostro del Víctor. Se le iluminan los ojos cuando habla de los suyos. Y se le llenan de lágrimas cuando recuerda a su hijo Cocó, quien murió hace varios años. “El Cocó me ilumina siempre desde arriba. A Dios sólo le pido encontrarme con él cuando me muera. Ya no tengo otra ambición en la vida”, confesó.